« Rayuela »: de la Tierra al Cielo

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Se cumplen 50 años de la « bomba atómica » con la que Julio Cortázar conmocionó la literatura iberoamericana.

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En 1951, poco antes de embarcarse en la escritura de Rayuela, Julio Cortázar envió una carta a Fredi Guthmann : « No quiero escribir, no quiero estudiar ; quiero, simplemente, ser de verdad ; aunque ello me lleve a descubrir que no soy nada. »

En 1962, cuando ya vislumbraba el final de la tarea, Cortázar firmó otra misiva, esta para el poeta estadounidense Paul Blackburn, traductor de alguno de sus cuentos : « Si te interesa saber lo que pienso de este libro, te diré con mi habitual modestia que será una especie de bomba atómica en el escenario de la literatura latinoamericana. » 

La explosión se produjo el 28 de junio de 1963, día en el que la novela salió de la imprenta. « Si no hay una voluntad de lenguaje en una novela en América Latina, para mí esa novela no existe –diría años más tarde Carlos Fuentes. Yo creo que la hay en Cortázar, que para mí es casi un Bolívar de la literatura latinoamericana. Es un hombre que nos ha liberado, que nos ha dicho que se puede hacer todo. »

Este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros

« ¿ Encontraría a la Maga ? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico. »