Coronavirus: el transporte aéreo se prepara para hacer frente a las secuelas de la pandemia

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El transporte aéreo, un auténtico sector fetiche del neoliberalismo desde Ronald Reagan, vive una situación límite: las compañías aéreas gritan socorro y los gobiernos de la UE aseguran estar dispuestos a nacionalizarlas. ¿Es el sector aéreo el símbolo de lo que nos espera?

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No se cree lo que ve o, más bien, lo que oye. Desde los años 80, este actor de la aeronáutica, que prefiere permanecer en el anonimato, ha vivido todas las sacudidas del mundo del transporte aéreo: la gran huelga de controladores aéreos en Estados Unidos en 1980, considerada como una gran victoria de los neoliberales; la desregulación total del sector en el mundo occidental que vino a continuación; las privatizaciones de las compañías aéreas nacionales; las eternas batallas entre Europa y EEUU contra las subvenciones estatales a los constructores aeronáuticos; y el crecimiento desenfrenado del sector en favor de la globalización.

Y ahora, todas las ideas que habían dominado el sector durante más de cuarenta años se hunden de golpe. Los gobiernos hablan de nacionalización y de ayudas masivas a sus compañías nacionales. Boeing reclama al Estado estadounidense 60 millones de dólares de ayuda. « Todo lo que hace tres semanas era inconcebible, ahora es la norma », nos dice.

Avión estacionado en el aeropuerto de Düsseldorf. © Federico Gambarini/DPA Avión estacionado en el aeropuerto de Düsseldorf. © Federico Gambarini/DPA

Para el transporte aéreo, lo que hoy está pasando era también inconcebible. Desde que China declaró oficialmente la crisis de Covid-19 en su territorio, las compañías aéreas están en primera línea de las tensiones provocadas por la epidemia. Primero vino la reducción de vuelos a Asia, luego la supresión de la mayor parte de ellos. Después, a medida que la epidemia se ha ido extendiendo, llegó la supresión de vuelos a Irán y a Oriente Medio. Cuando el coronavirus llegó a Italia el mundo se encogió aún más. Estados Unidos y algunos países de América del Sur y de África han prohibido el acceso a sus territorios a muchos países europeos, dejando tirados en la pista a numerosos viajeros.

Desde hace una semana la situación del espacio aéreo es alarmante. En Estados Unidos parece que van a ser reducidos los enlaces interiores entre Estados y han sido suprimidos vuelos a Washington y California, donde el virus está muy extendido. En Europa, muchos países, sin orden alguno, han ido cerrando sus fronteras con otros países europeos. Es el caso de Dinamarca, Alemania, Finlandia, Suiza y España. El espacio Schengen, diga lo que diga la presidencia francesa, no es más que una abstracción: cada país se atrinchera detrás de sus fronteras. Aún constatando que muchos aviones vuelan vacíos, la Comisión Europea ha elevado la obligación a las compañías aéreas de asegurar el 80% de sus vuelos con el fin de conservar sus franjas horarias.

« Hoy ya no hay más que un tráfico de regalía en los aeropuertos de París. Algunos aviones de carga, enlaces interiores, algunos vuelos transatlánticos, algunos enlaces dentro de Europa donde todavía es posible, y poco más. El jueves pasado, el tráfico aéreo en los aeropuertos parisinos había caído ya al 40%. Creo que hoy hemos caído aún más, entre un 70 y un 80% », explica Daniel Bertone, responsable del sindicato CGT en Aeropuertos de París (ADP). Lo nunca visto en la historia de ADP.

ADP ha previsto ya cerrar varias terminales y recurrir al paro parcial para hacer frente al hundimiento del tráfico. Desde el pasado lunes, numerosas compañías aéreas han implantado planes de urgencia para enfrentarse a la catástrofe. Reducción de servicios, vuelos, personal, medidas puestas en marcha a una velocidad apocalíptica en todas partes. También Air France ha anunciado que suprimirá el 90% de sus vuelos. La compañía SAS ha decidido llevar al paro al 90% de sus efectivos. British Airways está en la misma situación. Según nuestra información, los aviones fuera de servicio están empezando a amontonarse en algunos aeródromos militares por falta de espacio en otros lugares.

Hay pocos antecedentes económicos comparables a lo que está provocando hoy el coronavirus en el transporte aéreo, y tal vez mañana en sectores enteros de la economía: de un día para otro la actividad cae a cero. En el sector aéreo, la caída es especialmente brutal porque vive desde hace años en una burbuja. « La industria aeronáutica es un sector cíclico. Tradicionalmente entraba en crisis cada diez años, pero desde el año 2000 ha perdurado sin ralentizar jamás. Ni el 11S, que sólo provocó rupturas temporales, ni la crisis de 2008 detuvieron su crecimiento. Cada año se ha acentuado la diferencia respecto al crecimiento mundial », estima un exresponsable de Airbus que también prefiere permanecer en el anonimato.

La diferencia es especialmente llamativa, según él, en los vuelos de larga distancia, que se han disparado estos últimos años favoreciendo la globalización y los desplazamientos desenfrenados que parecía que no iban a detenerse nunca. Cuando el crecimiento mundial estaba entre el 2 y el 3% anual, los vuelos de larga distancia progresaban a razón de más del 10% por año. Pero la burbuja afecta también y sobre todo a los pedidos de aviones. Las compañías aéreas han estado comprando nuevos aviones supuestamente más eficaces, de menos consumo en carburantes y más rentables. Como el dinero es casi gratuito desde hace años, muchos inversores se han dedicado también a la compra de aviones en la creencia de que eran activos seguros y rentables. Los arrendadores de aviones han adquirido cantidades importantes de aviones e inmediatamente los han realquilado a compañías aéreas. Ahora se encuentran con impresionantes flotas sin utilizar.

Hoy están todos asfixiados: « En esta situación ya no se trata de volumen de negocios, de beneficios y todo lo demás. Ahora, lo que es prioritario es la liquidez. Miran lo que tienen en el banco, no pagan todo lo que pueden evitar, impuestos, tasas –lo que permite el Gobierno–, tampoco a los proveedores, tratando en lo posible de conservarles para el futuro, e intentan proteger a los trabajadores, que son el principal activo de una empresa », dice el experto.

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