Patrice Claude se inmoló por su jubilación

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Coraline trocea melón en un plato, que lleva a la mesa de la terraza. Las palmeras, los rododendros, el mar azul a lo lejos, el ambiente está tranquilo. Al otro lado de la cristalera, la cama de hospital de su padre, Patrice. El hombre viste, bajo la camiseta, un mono que le cubre y comprime todo el torso y los brazos; tiene cubiertas las piernas con medias elásticas y en el cuello lleva un collarín de plástico. Patrice Claude se inmoló el pasado 27 de abril, delante del organismo Caisse de retraite du Sud-Est y hace un mes que ingresó en un centro de rehabilitación de Hyères, especializado en el tratamiento de grandes quemaduras. Tras permanecer 15 días en coma inducido para minimizar los dolores, los médicos le hicieron múltiples injertos. En la actualidad, ya puede caminar por los pasillos, saluda a los pacientes de las habitaciones vecinas, charla distendidamente con el enfermero. « Lo que todavía no puedo hacer es levantar los brazos o agacharme. Si me agacho, me caigo ». Resulta difícil de creer que este hombre jovial y bromista, una tarde de abril, pudiese rociarse con alcohol y prenderse fuego.