JO 2024: ganador por defecto, París puede pagarlo caro

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El acuerdo financiero establecido entre Los Ángeles y el Comité Internacional Olímpico (CIO) facilita el camino a París para acoger los Juegos Olímpicos en 2024. Mientras que todos sus competidores han abandonado por razones presupuestarias, el equipo francés asegura que mantendrá su presupuesto de 6.600 millones de euros. Sin embargo, los riesgos de derrape son reales, especialmente en lo que concierne a la seguridad.

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Imaginábamos que el anuncio tendría lugar frente a las cámaras de televisión del mundo entero, con toda la delegación francesa celebrándolo entre júbilos. Sin embargo, casi a hurtadillas, el alcalde de Los Ángeles ha puesto fin sobriamente a cualquier tipo de suspense sobre la designación de la ciudad que acogerá los Juegos Olímpicos en 2024. El lunes 31 de agosto, tras conseguir un acuerdo financiero con el Comité Internacional Olímpico (CIO), el edil demócrata Eric Garcetti confirmaba, en las columnas del diario du Los Angeles Times, que su ciudad acogerá los JO en 2028, abriendo las puertas a la designación de París como anfitrión durante la próxima sesión del CIO en Lima, el 13 de septiembre.

A este fracaso de comunicación, se añade una constante que dice mucho del atractivo de los Juegos: París no acogerá los JO por haber aplastado a sus competidores, sino porque nadie más quería hacerlo. Bajo la presión de la opinión pública, todas las ciudades (Roma, Budapest, Boston o Hamburgo) habiendo presentado su candidatura, se han retirado una a una después de ver los sinsabores de Atenas en 2004 o de Río en 2016, obligando al CIO a poner en marcha una doble atribución inédita para garantizar su modelo hasta 2028.

La delegación de París 2024 en Lausanne el 11 de julio. © Reuters La delegación de París 2024 en Lausanne el 11 de julio. © Reuters
Para cortar de raíz cualquier controversia, el comité de candidatura francés ha multiplicado los anuncios tranquilizadores. París 2024 contará con un presupuesto razonable y perfectamente equilibrado. El montante total es de 6.600 millones de euros, la mitad estará destinado a las infraestructuras, el resto a las cargas operacionales. Es decir, el presupuesto ha aumentado en 2.000 millones en comparación con la desafortunada candidatura parisina de los JO de 2012. Cierto, pero esta vez, nos aseguran que en París 2024, los gastos estarán controlados.

En detalle, sin embargo, el presupuesto parece ya insostenible. Los últimos JO se tradujeron en un exceso de gastos cercano al 200-300%. La candidatura de Londres pasó de 4.600 millones de euros durante el examen de su dosier en 2015 a 15.000 millones al final. Si los errores de gestión pueden ser atribuidos a los diferentes organizadores, hay también constantes que se repiten. En 2004, en Atenas, ochos años antes que en Londres, el aumento de los gastos en seguridad también hizo estallar el balance de las costas.

Claramente, París no parece al amparo de un tal resbalón: más allá de la seguridad de los estadios y de la ciudad olímpica, estimada en 200 millones de euros, el resto de los gastos de seguridad no aparece integrado en el presupuesto. Pongamos un ejemplo, solamente proteger las “fan zones”, que permitieron a los seguidores de la Eurocopa 2016 ver los partidos a través de una pantalla gigante, supuso un coste de 12 millones de euros, el 66% al cargo del Estado.

La financiación de la ciudad olímpica alimenta también los interrogantes. En Saint-Denis, el centro de la construcción de los JO, donde serán alojados cerca de 11.000 atletas, costará « solo » 1.900 millones de euros, antes de su reconversión en programas inmobiliarios. Una operación que será financiada a través de un PPP (una asociación entre lo público y lo privado) cuyos contornos permanecen todavía borrosos, pero que acelerará sin ninguna duda la cesión de las propiedades a promotores privados, a la estela de Londres, donde una parte de las nuevas construcciones está, a partir de ahora, en manos de un fondo soberano de Qatar.

Beneficios económicos inciertos

Queda aún la cuestión de los beneficios, cuyo cálculo es, por el momento, incierto. Competencia del comité de candidatura, el Centro de Derecho y de Economía del Deporte (CDES) ha estimado la recaudación, según los posibles escenarios, en una cifra de entre 5.300 y 10.700 millones de euros, una gran parte para el sector del turismo (entre un 27% y un 35% de impacto) y la construcción (cerca de un 18%). Más allá de estas cifras, el público no dispone de ningún referente para hacerse una idea: el único estudio sobre los beneficios efectivos de la Eurocopa 2016 –ampliamente repetido por el gobierno- parece caduco, dado que fue realizado por uno de los beneficiarios del evento (leer nuestra investigación aquí).

El estudio del CDES pone de relieve –con razón- la ausencia de « elefantes blancos » (grandes infraestructuras deportivas construidas sin reflexionar sobre su utilización a largo plazo) en el proyecto parisino. Más allá de la ciudad olímpica y del centro de medios que se convertirán en alojamientos, sólo una piscina olímpica verá la luz. Estas instalaciones serán construidas en Saint-Denis, a dos pasos del Estadio de Francia, y representan una oportunidad para los diputados locales de llevar hasta el final un proyecto que constituye un viejo rompecabezas en el departamento. El presidente de la comunidad de la aglomeración de Plaine Commune, Patrick Braouzec, no se equivocó al declarar, el pasado mes de junio al diario Libération, que si París acogiese los JO existiría la « seguridad de que el metro Grand Paris Express sería construido de acuerdo al calendario, se enterrarían las líneas de alta tensión, y los muros anti-ruidos serían construidos a lo largo de la A86 ». « Las infraestructuras se crearían mucho más rápido », confirmaba la ecologista Hélène Lipietz, ex secretaria de la comisión Política de la Ciudad en la región de Île-de-France, en una crítica de “Paris 2012” republicada en el momento en el que el Ejecutivo apoyaba la candidatura de 2024. Haciendo especialmente referencia a las infraestructuras de transporte, Lipietz deploraba que el evento deportivo incitase a la política a trabajar más rápido, en lugar de ocurrir justamente lo inverso: « O tenemos el dinero para hacer (estos gastos en infraestructuras) y debemos hacer, de todas maneras, como muy pronto, antes de que la región de Île-de-France muera como consecuencia de la polución, o no tenemos el dinero para hacer estas infraestructuras y lo tomamos prestado de otros presupuestos para hacerlas a tiempo por los JO, dejando de lado otros muchos problemas. » Un interrogante que toma hoy todavía más fuerza dado que Emmanuel Macron prevé recortar los créditos de la política de la ciudad para equilibrar su presupuesto.

El último elemento subrayado por los defensores de la candidatura francesa: le herencia « inmaterial » del evento, que pasa por su impacto en términos de imagen a nivel internacional tras años marcados por los atentados, hasta por las consecuencias sobre el desarrollo de los deportes de ocio y de alto nivel en el país. En definitiva, beneficios incuantificables frente a gastos bien determinados.

Versión y edición española : Irene Casado Sánchez.

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