De los César a las violencias policiales, el viejo mundo se resiste a la revolución feminista en Francia

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El pasado sábado 7 de marzo, la última etapa de la marcha nocturna contra la violencia machista fue violentamente reprimida en París. Una ilustración del enfrentamiento entre las militantes de la revolución feminista y los defensores del orden establecido. Entre dos mundos.

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Hubo la noche de los premios César. Hubo la noche del 7 de marzo. Hubo la violencia de la Academia de los César premiando a Roman Polanski. Hubo las violencias policiales contra manifestantes por los derechos de las mujeres en la Plaza de la République, en París. Hubo el gesto de Adèle Haenel, el discurso de Aïssa Maïga, de Swann Arlaud. Manaron la rabia y las lágrimas de ira de una nueva generación feminista que aspira a abrir todos los horizontes posibles. Hay dos mundos enfrentados.

Las imágenes de las cargas policiales, el pasado sábado, al final de la marcha nocturna « feminista y antirracista », organizada (como todos los años) la víspera del 8 de marzo, día internacional del derecho de las mujeres, son edificantes.

A partir de las 23h, vemos a varios policías cargando contra una multitud reunida al final de la manifestación, sin ningún enfrentamiento o provocación visible, y arrastrando seguidamente a varias participantes hasta el metro.

Según la prefectura, nueve personas fueron detenidas. A lo que las manifestantes (la marcha era no mixta) respondieron: « Policías, violadores, asesinos ».

La prefectura de policía se justificó evocando dificultades a la hora de dispersar a las manifestantes llegadas a la Plaza de la République. Los testimonios, sin embargo, hablan de un despliegue « desproporcionado » de las fuerzas del orden a la llegada del desfile, y de un « confinamiento » policial.

Algunas horas antes, Mediapart había revelado las instrucciones « ilegales » dadas durante los últimos meses por el prefecto de París, Didier Lallement, según las notas de la gendarmería y de los CRS (Compañías Republicanas de Seguridad). El paralelismo es insólito.

Así pues, aquí están las feministas, protegidas en estos últimos años (la manifestación « histórica » del 23 de noviembre transcurrió sin ningún incidente), tratadas como los opositores a la reforma de las pensiones o los « chalecos amarillos », con los mismos métodos que los jóvenes de los barrios populares conocen desde hace mucho tiempo.

El sindicato Synergie-Officiers utilizó la misma retórica a su encuentro, tratando a las manifestantes de « activistas antiglobalización de extrema izquierda que odian a la policía ». « Ellas desfilaron el 10 de noviembre [en la marcha contra la islamofobia] con los islamistas considerados fichas S y con aquellos que llamaban a maltratar a las mujeres », concluyó el sindicato, muy poderoso en la policía.

En cuanto a Didier Lallement, está lejos de ser un novicio en el asunto: como remarcó el periodista David Dufresne en Twitter, el prefecto, que anteriormente ejerció en Gironde, fue cuestionado por su acción durante el 8 de marzo de 2019. Un informe del Observatorio de Libertades Públicas del departamento de Gironda denunció una « escalada en la represión » contra (¡ya entonces!) la marcha nocturna organizada en Burdeos:

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Incómodo, el gobierno ordenó un « informe » sobre la acción de las fuerzas del orden -Marlène Schiappa, secretaria de Estado encargada de la Igualdad entre Mujeres y Hombres, publicó un mensaje en Twitter-. « Esperamos los resultados de este análisis », explicó Muriel Pénicaud, la ministra de Trabajo, precisando, como una evidencia, respecto a la marcha: « Yo no estaba allí ».

Pero, ¿qué esperar de este informe? ¿Un cuestionamiento del cambio de doctrina del mantenimiento del orden? ¿Un cuestionamiento profundo sobre el papel de la policía y gendarmes en nuestro país? ¿Quién puede realmente creer en ello? Habrá quizás sanciones, pero Emmanuel Macron y Édouard Philippe asumen estas violencias. Ellas forman parte incluso de su política.

Las imágenes de la noche parisina del 7 de marzo revelan también la incuria de sus promesas de luchar contra las desigualdades entre hombres y mujeres, y contra las violencias sexuales, cometidas contra menores o adultos.

Del presupuesto del ministerio dedicado a la falta de formación de estas mismas fuerzas del orden, pasando por las demoras de la justicia, o por la deleznable ayuda a las asociaciones especializadas: las militantes feministas denuncian regularmente la hipocresía de los discursos oficiales.

Durante la manifestación del 8 de marzo de 2020 en París. © Lola Loubet Hans Lucas Durante la manifestación del 8 de marzo de 2020 en París. © Lola Loubet Hans Lucas

Y por no hablar solamente de violencias, ¿cómo podemos imaginar que la policía puede acoger mejor a las mujeres que atraviesan la puerta de las comisarías cuando las manifestantes son tratadas de esta manera en las calles de París?

¿Cómo podemos creer al gobierno, del que Gérald Darmanin sigue siendo miembro, a pesar de que es objeto de una denuncia por violación (primero archivada, el procedimiento judicial sigue en curso, mientras que una segunda denuncia ha sido cerrada), y que fue aclamado por la mayoría de los miembros de la Asamblea?

¿Cómo desligar la política del gobierno sobre las mujeres de la reforma de las pensiones, que sufrirán especialmente, de la reforma del seguro de desempleo, de aquellas medidas que multiplicarán los contratos temporales y de corta duración, o del Código Laboral, cuando son mayoritarias en los sectores poco protegidos como el de la limpieza?

Las imágenes de mujeres de Attac contra la reforma de las pensiones son a este justo título reveladoras.

Las intervenciones de los investigadores e investigadoras contra la reforma de la enseñanza superior, son igualmente justas, como lo es también el llamamiento de la escritora francesa Virginie Despentes: « Hoy nos levantamos y nos vamos », antes de que la procesión entone el himno popularizado por los chalecos amarillos y los opositores al nuevo sistema de pensiones: « Aunque Macron no quiera, nosotros estamos aquí ».

Esta circulación de cóleras, este movimiento de la sociedad, también se puede apreciar en las pancartas feministas: el pasado sábado, una vez más, los manifestantes lo demostraron, retomando tanto los desgarros del cine francés, como la actualidad política y social.

« Estoy de acuerdo con Jean. Apesta a violadores en este país », se podía leer en una pancarta en referencia al mensaje publicado por Jean Dujardin, actor de la última película de Roman Polanski, que había comentado una foto en el aeropuerto –comentario que borró después- con estas palabras: « Me voy, apesta en este país ».

« Vergüenza », « Nos levantamos. Nos sublevamos», « + de Aissa Maïga [que denuncia la falta de diversidad en el cine francés y defiende los derechos de las mujeres], - de 49-3 [artículo de la Constitución francesa que permite cerrar el debate parlamentario de un proyecto de ley y proceder a su aprobación inmediata sin someterlo a votación, utilizado recientemente para imponer la reforma de las pensiones] », son algunos de los mensajes feministas que se escucharon el pasado sábado, en referencia, esta vez, a las actrices que resisten (leer el artículo de Marine Turchi y Camille Polloni sobre la noche de los César, en francés).

La revolución feminista que ha sorprendido al mundo, no ha terminado de sacudir a nuestras sociedades. No sabemos hasta dónde llegará, ni hasta qué punto contribuirá a definir lo que somos, cada uno y cada una, y todos/as juntos. No sabemos cuál será su éxito. Ni aquello que dejará, en nuestros cuerpos, en nuestras mentes.

En revancha, ya sabemos que es poderosa, que es alegre, que es inclusiva. La manifestación del domingo 8 de marzo se tituló « la marcha de las grandes ganadoras ». « Somos fuertes, estamos orgullosas. Somos las grandes ganadoras », proclamaba la convocatoria del desfile.

También sabemos que las resistencias son inmensas, a la altura de la dominación masculina milenaria y de un sistema económico que ha hecho de ella uno de sus engranajes.

Las reacciones de los últimos días a la ceremonia de los César, este cenáculo burgués parisino, conforman una perfecta ilustración. Desde las palabras desdeñosas de Lambert Wilson hasta los insultos dirigidos a Adèle Haenel y Florence Foresti por parte de un ex director de casting, pasando por las crónicas machistasde Cyril Hanouna y el abogado Emmanuel Pierrat, que contestaron la negativa del grupo Hachette a publicar las Memorias de Woody Allen, o defendiendo a Gabriel Matzneff y Denis Baupin.

Es un continuo. El continuo de la violencia contra las mujeres. De aquellos que la cometen, de los que la apoyan, de los que no dicen nada. Hay dos mundos enfrentados. No podemos seguir siendo neutrales.

Versión y edición española : Irene Casado Sánchez.

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