Croquis: Marine Le Pen en plena crisis identitaria

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Marine Le Pen tiene un problema de identidad, un asunto que perturba su campaña. Europa, economía, escándalos, la líder del Frente Nacional improvisa entre la ruptura y la tradición… Con el affaire Vél’ d’Hiv’, la candidata de extrema derecha se ha visto obligada a corregir sus propósitos, sin embargo, no ha podido evitar que su famosa estrategia de “desdemonización” se ponga en entredicho. 

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Estas elecciones presidenciales de 2017 debían consagrar la victoria de un nombre y el destierro de un apellido. Marine en lugar de Le Pen. La “desdemonización”. Adiós al Frente Nacional, bye-bye Jean-Marie. Como prueba véase la web de campaña bautizada como marine2017, donde no aparece ni figura el nombre del partido, con tonos rosas y azulados. Un fracaso.

Sin prejuzgar el resultado final, nada sucede como estaba previsto para la candidata de extrema derecha. « Marine » se ve entorpecida por un conflicto entre sus orígenes y su discurso oficial. Hija de su padre y adalid de la empresa familiar, pretendía romper con el pasado, hasta el punto de excluir a su fundador y dejar de lado la corriente racista y antisemita, que este último encarna de forma emblemática.

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A fuerza de defender todo y su contrario, no ha conseguido acabar con nada, y divaga en la campaña, en lugar de tomar partido por una verdadera propuesta central. Le Pen improvisa, con acercamientos estratégicos en callejones económicos sin salida, para que sólo un mensaje pase claro y nítido: la lucha contra la inmigración y contra los extranjeros en general. Navega entre la ortodoxia de su sobrina y el « pragmatismo » de Florian Philippot, vicepresidente del FN, o de David Rachline, director de campaña de Le Pen, y no únicamente por razones ideológicas.

Como lo narra Marine Turchi, periodista de Mediapart, en su libro de investigación escrito con Mathias Destal, Marine est au courant de tout (Marine está al corriente de todo), Marine Le Pen cuenta con un equipo oficial, más o menos estable, y con un equipo “bis”, compuesto por antiguos miembros del Grupo Unión Defensa (GUD), organización estudiantil de extrema derecha, muy activo en los años 1970 antes de entregarse a las delicias de la deriva nazi y a las celebraciones del aniversario de Hitler. El tesorero de Marine Le Pen había prometido acabar con « los grupúsculos radicales, caricaturales, anacrónicos », compuestos por « integristas, pétainistes –seguidores del mariscal Pétain-, y obsesos de la Shoah », y, sin embargo, son estos los que manejan los hilos.

Bonito resultado. No solo los antiguos miembros del GUD y los identitarios siguen presentes, además « Marine » acaba de hacer una « Jean-Marinada », desligando al Estado francés de su responsabilidad en la redada de Vél’ d’Hiv’ contra los judíos en París. Esta declaración ha provocado una oleada de indignación, obligando a la líder de extrema derecha a corregir sus propósitos, pero también ha conseguido poner en entredicho, de una forma espectacular, su famosa estrategia de “desdemonización”.

Parece que esta especie de cortocircuito no es un incidente aislado. Es una especie de lapsus que revela las discordancias de una campaña que promete la conquista y que se contenta con gestionar el instante, es decir, con mantener el statu quo de un partido poderoso pero minoritario e incapaz de aspirar al poder. A lo largo de toda su campaña, Marine Le Pen, con un lenguaje de caudillo de guerra, no parece haber estudiado con atención su propio programa. Con un equipo oficial y un motor disimulado, la líder de extrema derecha recita un credo contradictorio que trata de afilar limando las asperezas.

En el plano económico, promete una bajada de impuestos, una reducción de las cargas para las medianas y pequeñas empresas (PME), la jubilación a 60 años, un aumento de los ingresos familiares y una pensión mínima, la bajada del precio del gas y de la electricidad, la desfiscalización de las horas extras…

¿Cómo financiar tal maná? Obligando a pagar a los extranjeros una tasa en las fronteras y, sobretodo, limitando la inmigración, lo que afectaría a las ayudas sociales, siendo éstas destinadas únicamente a los nacionales…

¿Cómo proceder? Cerrando las fronteras.

¿Cómo cerrar las fronteras? Saliendo de Europa…

Más allá de los forcejeos ideológicos sobre los temas sociales como el matrimonio universal o la interrupción voluntaria del embarazo, es ahí donde Marine Le Pen trata de apañar sus aproximaciones. Un castillo de cartas tan frágil que le ha costado recibir una lección de un « pequeño » candidato, François Asselineau, durante el debate del 4 de abril en el plató de BFM.

Le Pen quiere dejar la Unión Europea y salir del euro, pero no verdaderamente. Atrapada entre dos fuegos en el interior de su partido, promete acabar con todo, y al mismo tiempo no. Se concede un periodo de seis meses para renegociar los tratados y promete, después de este plazo, convocar un referéndum sobre la cuestión del regreso al franco. Un escrutinio más que arriesgado, en torno al cual se compromete a dimitir si los franceses responden negativamente. Así, Marine le Pen es candidata a una elección que desataría un voto suplementario que podría sacarla del Palacio del Elíseo, si por azar llegase a entrar.

¿Cuando las contradicciones comienzan a acumularse, por qué no continuar removiendo la excéntrica mezcla? ¿Por qué no aplaudir la lengua corsa cuando, al mismo tiempo, se opone a las clases bilingües en nombre de la identidad nacional? ¿Por qué no denunciar la corrupción de la clase política y rechazar responder a las preguntas de la justicia? ¿Por qué no proclamar su amor por los judíos de Francia y encubrir el peor de los crímenes antisemitas ocurridos en nuestro país?

El Frente Nacional dispone, sin duda, de un electorado incomprensible e importante, que puede permitirle acceder a la segunda vuelta de estas elecciones presidenciales, pero la preservación de este capital no era el proyecto de su candidata. Ella imagina algo más grande. Se imagina en el Elíseo, recogiendo los frutos de su estrategia de “desdemonización”. Salvo que ocurra un seísmo imprevisible, deberá conformarse con recolectar los huesos de esos frutos. 

Versión y edición española : Irene Casado Sánchez.

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