Croquis: Hamon-Mélenchon, el reencuentro imposible

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A diez semanas de la celebración de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Benoît Hamon ha presentado su equipo. Un equipo que tiende a la izquierda pero que no excluye a amigos de François Hollande o de Manuel Valls. Si el candidato del Partido Socialista (PS) se dirige también hacia los ecologistas, ningún acuerdo con Jean-Luc Mélenchon se deja entrever en el horizonte. Los acercamientos políticos entre las dos personalidades parecen ser incompatibles. 

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El economista Thomas Piketty, autor del best-seller mundial El Capital en el siglo XXI y consejero de Jeremy Corbyn, el líder del partido laborista británico. Julia Cagé, también economista y compañera de vida… Nicolas Hazard, especialista en empresariado social… Dominique Meda, reconocido experto en cuestiones de igualdad entre hombre y mujeres… Elisa Lewis y Romain Slitine defensores de la democracia participativa… Salah Amokrane, una figura del militarismo asociativo en Toulouse.

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La lista no es exhaustiva, pero es homogénea. Del lado de la sociedad civil, Hamon se ha rodeado de expertos considerados claramente de izquierdas. Pero no sucede lo mismo si observamos su consejo político, mucho más próximo de la « síntesis » clásica de un PS, que de un puro y duro « contestatario ». Es cierto, encontramos un buen número de amigos del vencedor de las primarias o de Arnaud Montebourg: Anne Hidalgo, Michel Pouzol, Jérôme Guedj, Aurélie Filippetti, Jean-Marc Germain, Mathieu Hanotin… Pero también nos topamos con amigos cercanos de Vincent Peillon (David Assouline), de François Hollande (Frédérique Espagnac), de Manuel Valls (Luc Carvounas), o incluso de personalidades como Jean-Christophe Cambadélis o de los secretarios de Estado Axelle Lemaire y Mathias Fekl…

Esta diversidad « solferina », como dirían los Insumisos, es considerada como la marca de una unidad recuperada por el candidato del PS. Sería la prueba que demuestra que la hemorragia del ala derecha del Partido Socialista hacia Emmanuel Macron habría sido cauterizada y confirmaría que Hamon « enriquece su programa manteniendo su objetivo », según uno de sus lugartenientes.

El candidato ecologista Yannik Jadot, apoyado en este planteamiento por la diputada-alcaldesa de Bègles Noêl Mamère, no parece perturbado por este acercamiento entre « incompatibles » y podría retirar su candidatura tras hacer pasar un acuerdo, especialmente sobre la salida de lo nuclear o la instauración de la proporcionalidad en las elecciones legislativas. 

El ambiente es muy diferente con Jean-Luc Mélenchon. Preguntado por el diario La Provence sobre una petición firmada por sesenta mil personas reclamando un acuerdo desde la primera vuelta entre Hamon, Jadot y él, el candidato de los Insumisos responde sin ningún tipo de ambigüedad: « Yo no cambiaré fragmentos de mi programa a cambio de escaños en las elecciones legislativas… ¿Creen ustedes, un solo segundo, que si Benoît hamon y yo nos abrazamos, cientos de miles de personas saltarán de entusiasmo y olvidarán todo? Al contrario, sería la decepción masiva para aquellos que no están preparados para firmar la amnistía del PS. No volveremos a repetir el golpe del discurso en Bourget.»

Una declaración sin sorpresas. El 5 de febrero, Jean-Luc Mélenchon aseguraba estar dispuesto a trabajar con Benoît Hamon, bajo la condición de que éste garantizase « la claridad », es decir que Hamon renunciase a trabajar con el ala derecha del PS y retirase la investidura a los amigos de Manuel Valls en las elecciones legislativas. 

El histórico punto de ruptura esta ahí. Mélenchon representa una línea de rechazo de todo aquello que representa el Partido Socialista, mientras que Hamon se presenta como su heredero, ciertamente enraizado a la izquierda, pero heredero al 100%. Una confrontación fundamental, en el sentido etimológico del término, que se remonta a 40 años de historia.

El PS es, por definición, una aleación deseada por François Mitterand, una aleación desvencijada pero eficaz en el plano electoral. La formación ha asociado a Chevènement y Rocard, después a Defferre y Bandinter; sin olvidar a Martine Aubry y sus 35 horas ni a Dominique Strauss-Kahn, quien fuera el futuro patrón del FMI; en la época de Jospin. En ese gobierno trabajaría Jean-Luc Mélenchon, ministro delegado de la formación profesional, y Pierre Moscovici, ministro delegado de asuntos europeos.

El referéndum de 2005 fracturó esta alianza heteróclita provocando una revuelta cargada de contradicción, pues Jean-Luc Mélenchon y Laurent Fabius militaron a favor del « No », oponiéndose ambos a François Hollande.

Desde entonces, el candidato de los Insumisos ha impuesto su distancia y ha apostado por una fuerza de izquierdas pura, mientras que el PS, desgarrado por fuerzas antagónicas, ha seguido su camino ganando las elecciones presidenciales de 2012.

A su manera, Hollande y Valls, una vez en el poder, han respondido a la intuición de Mélenchon, pero en sentido inverso. Ellos también decidieron « depurar » la socialdemocracia a la francesa, hasta aquel momento la más « socialista » de las socialdemoracias europeas, rechazando a su ala izquierda. Una fractura que no ha dado lugar a un nuevo PS, sino que ha concebido a un nuevo avatar, personificado por Emmanuel Macron.

Hoy, en el desbarajuste de las presidenciales, lo que Hamon ambiciona es dar marcha atrás en el tiempo, recreando el PS de una manera diferente, este partido contradictorio pero eficaz en las urnas, nacido en el congreso de Épinay. Pero Mélenchon le pide exactamente lo contrario: poner fin a la idea de una izquierda plural y unirse a sus filas.

Hamon quiere salvar al PS y Mélenchon ambiciona disolverlo. Salvo sorpresa colosal (y estas elecciones guardan tantas sorpresas que nada es imposible), ninguno de los dos renunciará a su candidatura.

A fin de cuentas, lo que podría jugarse de aquí a la primera vuelta, no sería únicamente el famoso congreso socialista evocado por la prensa, sino claramente un congreso de toda la izquierda.

Situando a Mélenchon delante de Hamon, o a Hamon delante de Mélenchon, los electores arrojarán luz sobre quién se encuentra en el lugar adecuado frente a las aspiraciones de los electores de izquierdas. Una línea inflexible, cualquiera que sea el precio electoral, o una línea « mixta », incluyendo ciertas concesiones.

Cita el 23 de abril. 

Versión y edición española : Irene Casado Sánchez.

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