Las guerras perdidas de Hollande y Sarkozy

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Francia está en guerra desde hace más de cuatro años, sin una estrategia, con pocos recursos y pobres resultados. Tener que hacer frente a fanáticos listos para inmolarse en París con la idea de matar al mayor número de personas posible no les absuelve de sus propias contradicciones.

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Desde 2012, hay un mapa que resurge a intervalos regulares en las redes sociales: el de los países que Gran Bretaña no ha invadido nunca. Son sólo 22 de un total de más de 200 naciones... Por tanto, nueve de cada diez países fueron, en un momento u otro de los últimos dos mil años, invadidos por los británicos. El primero fue la Galia, a finales del siglo II, lo que marcó el comienzo de una larga hostilidad salpicada de numerosas batallas. Desde la disolución del imperio, los ingleses tendieron más bien a recuperar sus fronteras interiores, prefiriendo servirse del poder de la City en lugar del de las armas, excepto cuando acompañaron a los norteamericanos en Afganistán en 2001 y, posteriormente, en Irak en 2003. Y sufrieron un atentado, el 7 de julio de 2005, en el metro londinense que causó 52 víctimas.

Por supuesto, sería bastante absurdo trazar una línea directa entre las intervenciones militares en el extranjero y los atentados terroristas. Pero, si sumamos la lista de los ataques más mortíferos de los últimos 30 años, claro está que con pocas excepciones, la mayoría de los atentados puede vincularse con la injerencia extranjera y, en la inmensa mayoría de los casos, con los conflictos en el mundo musulmán, internos o externos. Independientemente de que se aprueben o desaprueben las intervenciones militares en el exterior y, en general, la política exterior de Francia, toda acción provoca una reacción. Como en la física.

Sobre todo cuando estas acciones están desconectadas de las líneas estratégicas a largo plazo, de los recursos económicos y van henchidas de una retórica guerrera donde no tienen cabida ni la pedagogía ni la contradicción. La época en que Francia podía invadir las potencias africanas o de Oriente Medio corriendo el riesgo, en el peor de los casos, de sufrir una reprimenda internacional (Suez, 1956), es agua pasada, desde hace mucho tiempo. La globalización (de la información, del transporte, de las ideologías), ha aproximado la reacción violenta a la acción violenta. 

Desde 2011, París ha lanzado cuatro operaciones exteriores (Opex en el lenguaje político-militar): Libia, Mali, República Centroafricana e Irak, extendida posteriormente a Siria. Al mismo tiempo, ponía punto y final a otra (Afganistán), de la que difícilmente se puede decir que fue un éxito, y transformaba la de Mali en operación regional de gran amplitud (operación Barkhane). Cada una de ellas tenías sus propias especificidades y sus propias justificaciones. Y se puede decir que algunas eran necesarias y otras, no. Pero el hecho es que Francia está en guerra desde hace cuatro años, de forma continua.

Francois Hollande en Malí el 2 de febrero de 2013 celebrando la "victoria" de la operación Serval. © Reuters Francois Hollande en Malí el 2 de febrero de 2013 celebrando la "victoria" de la operación Serval. © Reuters

El problema es que son guerras que no dicen su nombre y que permanecen rodeadas de una bruma opaca. ¿Dónde están las comunicaciones diarias por parte de generales relativas al número de salidas de la aviación, el balance de los ataques? ¿Dónde está la mención regular del número de soldados muertos? (aparece en Wikipedia, para quien esté interesado, pero es imposible encontrar una recapitulación en la página web del Ministerio de Defensa). ¿Dónde están las reflexiones estratégicas de los think tanks militares relativas a las salidas del conflicto? ¿Y, quizás más importante, dónde están los debates parlamentarios que no son puramente formales, la información regular de los diputados, las comisiones de investigación sobre los bombardeos de civiles en Libia o las violaciones de niños en la República Centroafricana?

El mundo entero, los franceses en particular, se burlaron de George W. Bush en su portaaviones al declarar « misión cumplida » en el mes de mayo de 2003, a propósito de la intervención en Irak. Pero, ¿Nicolas Sarkozy no hizo lo mismo en Bengasi, en septiembre de 2011, y François Hollande en Mali el 2 de febrero de 2013, llegando este último a convertirlo en « la jornada más importante de (su) vida política ». Nótese que, después, Libia se ha involucrado en conflictos sectarios y políticos después de haber exportado su arsenal en toda África. Y que Mali es la operación más mortífera de la historia de la organización internacional.

En verdad, no hay una « misión cumplida » a pesar de la satisfacción de los gobernantes franceses. En cuanto a la República Centroafricana es actualmente un lodazal de la que París se desentiende, y de Siria...  mejor no hablar.

Estas cuatro Opex fueron concebidas como misiones militares a la antigua usanza (se lanzan, se ataca, retirada, veni, vidi,vici). Si no fuese por que los ejemplos de Somalia y de la exYugoslavia en los años 90, Irak y Afganistán, en el 2000, han demostrado que el mundo ya no funciona así. Todos los expertos lo dicen desde hace más de 20 años: las intervenciones armadas en estados frágiles, es decir, más de medio planeta actualmente, no hacen más que agravar su situación, a menos que vayan acompañadas de un sólido y caro aparataje de « nation building » (reconstrucción del Estado).

¿Alguien ha visto los miniplanes Marshall para Libia, Mali o la República Centroafricana? No. ¿Alguien ha visto un cambio radical en el Gobierno de Bamako? No, Hollande incluso eligió apoyar a un viejo presidente sospechoso de corrupción. ¿Alguien le ha explicado a los franceses que, después de intervenir en nombre de la seguridad nacional e internacional, había que ayudar al máximo a los libaneses, a los malienses o a los sirios, no sólo económicamente sino también humanitariamente acogiendo a los refugiados y a la gente que ha perdido tanto durante estas guerras? No, es la misma reacción casi inversa a la que ya asistimos, en nombre de las políticas de austeridad y de la crisis del paro...

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