Croquis: fractura abierta en un Partido Socialista aún en vida

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Con más de 1,3 millones de votantes, la primera vuelta para designar al candidato de la izquierda a las elecciones presidenciales en Francia, pone de manifiesto que el Partido Socialista sigue vivo y que su ala izquierda gana terreno.

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Con una participación anunciada a más de un millón y medio de votantes, reajustada después a un modesto millón trescientos mil, el Partido Socialista (PS) está lejos de igualar el resultado de la primaria celebrada en 2011 (2,7 millones de votantes), pero puede salvar los muebles. Esta primaria comenzó bajo condiciones funestas, bajo la hipótesis de la participación de François Hollande, y después con su retirada. Debilitada, además, por las ínfimas posibilidades de que su ganador se convierta en el próximo presidente de la República. Inclinada a la izquierda por el alza de Jean-Luc Mélenchon. Zarandeada hacia la derecha por la aparición en escena de Emmanuel Macron. Esta primaria podría haber sido un fiasco. A imagen y semejanza de la “pasokitasion”, es decir, al derrumbe sufrido por el Partido Socialista de Grecia. Sin embargo, si finalmente la cifra de participación se ciñe a la anunciada la noche del domingo, el PS francés está absolutamente dividido en dos, pero cuenta todavía, en el peor de los ambientes políticos, con un cierto electorado.

Este electorado es mayoritariamente a la izquierda. Este mensaje es importante. Está dirigido a Jean-Luc Mélenchon. Demuestra que la izquierda es diversa y que sus dirigentes son múltiples. Se trata de potenciales socios, o de rivales, y su legitimidad se apoya sobre una elección, así lo demuestran los recuentos de adherentes o de internautas. Ayer por la noche, el principio de la primaria no acabó en la papelera, y el otro solita de estas presidenciales, la derecha encarnada por Emmanuel Macron, no lo puede ignorar.

El resultado de esta primera vuelta del PS es, en primer lugar, un rotundo fracaso para Manuel Valls. También arroja luz sobre el fallo fundamental del poder elegido en 2012, que él mismo representa en esta elección. François Hollande es conocido desde hace tiempo por encarar el ala a la derecha de su partido, pero había “izquierdizado” su discurso durante la campaña. ¿Por qué? Porque sabía que el PS no podría ganar sin su anclaje a la izquierda. Léon Blum fue apoyado por el PCF (Partido Comunista Francés), François Mitterrand nombró a ministros comunistas, Lionel Jospin también.

Tan pronto fue elegido, François Hollande consideró que su ala izquierda, necesaria para acceder al Elíseo, no era indispensable para gobernar. Más grave aún, tras unas elecciones municipales catastróficas, nombró a la cabeza de Matignon al hombre más a la derecha entre los socialistas, Manuel Valls, que había conseguido deshacerse de sus contrincante internos. Hamon, Montebourg, Filippetti, Taubira… ¿Hay que recordar la larga lista?

Manuel Valls, el domingo 22 de enero, en la Maison de l'Amérique latine. © Reuters Manuel Valls, el domingo 22 de enero, en la Maison de l'Amérique latine. © Reuters

Manuel Valls ha experimentado una práctica del poder sin precedentes en el Partido Socialista, apostando que su ala izquierda estaba fuera de juego y considerando que podría deshacerse de ella. Puede continuar recordando los grandes problemas del mundo para conseguir algo de altura, evocando a Vladimir Putin o a Donald Trump para ascender a las grandes esferas, como hizo anoche, pero el resultado esta ahí: pura y llanamente ha fracasado. Los electores de la primaria lo han devuelto a la realidad. Aspiraba a convertirse en el todo, pero este domingo 22 de enero de 2017, no pesaba más que un tercio de su partido, mientras que el ala izquierda que él presentaba como arcaica, pesaba más de la mitad. Sea cual sea el resultado de la segunda vuelta, el fracaso es evidente.

Benoît Hamon ha ganado. Es el anti-Valls por excelencia. El simétrico de la izquierda. Instruido por el fracaso de su rival en la segunda vuelta, no puede considerar, ni en esta campaña, ni después, hacer lo mismo que Valls ha intentado, pero a la inversa. Deshacerse del ala derecha como el ex primer ministro trató de hacer con el ala izquierda. La supervivencia del PS pasa por el mantenimiento de un débil ensamblaje pero temible en el plano electoral, entre Chevènement y Rocard, Joxe y Mauroy, Badinter y Defferre, Fabius y Jospin, Aubry y Strauss-Kahn…

Si Hamon se ha contentado hasta ahora con encarnar su tendencia como Valls se aferraba a la suya, ¿qué pensará hacer frente a Jean-Luc Mélenchon? ¿Qué harán los electores de Manuel Valls? ¿Votarán por Hamon o, en la sombra de la cabina de votación, deslizarán una papeleta por Emmanuel Macron?

Si la participación es la misma que reivindica el Partido Socialista, es decir, si el PS conserva aún un electorado, y si Benoît Hamon confirma su avance en la primera vuelta, la reforma que se anuncia es enorme. En principio será interna. Hamon deberá salvar la embarcación antes de soñar con navegar en la carrera por las presidenciales. Tendrá que reducir la fractura de un PS descuartizado. Nunca antes el ala izquierda y el ala derecha socialista se han encontrado tan a las antípodas. Nunca antes las personalidades de los finalistas, Hamon y Valls, han sido tan contrapuestas. Y, en el plano electoral, nunca antes las fuerzas centrífugas, Mélenchon a la izquierda y Macron a la derecha, han sido tan fuertes.

Versión y edición española : Irene Casado Sánchez.

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