Amazon seguirá sin pagar impuestos en Europa

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El rey del comercio electrónico, maestro de la optimización fiscal, ha anunciado que declarará en cada país los productos que vende. Toda un golpe de efecto que no repercutirá en las arcas públicas.

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Es una señal. Una bonita señal, pero nada más que una señal. La semana pasada, Amazon anunció que sus filiales europeas iban a declarar sus cifras reales de negocio en los países donde venden sus productos. Adiós a los resultados mutilados, maquillados gracias a la agrupación de las ventas en Luxemburgo, un país con una fiscalidad tan proclive a los acuerdos fiscales de las multinacionales. ¿Abandonará Amazon el pelotón de lo que Mediapart denomina los “intasables” y del que es buque insignia? Es poco probable. 

The Financial Times  y, posteriormente, The Washington Post fueron los primeros en dar a conocer una noticia (los días 22 y 24 de mayo), que Amazon no tardaría en confirmar, en un comunicado emitido el martes 26 de mayo. Desde el 1 de mayo, los productos que se vendan en países como Alemania, Gran Bretaña, Italia, España –y pronto en Francia– serán declarados y, por tanto, estarán sujetos al correspondiente gravamen, allí donde se compren. Para ello, en estos países se han constituido, o están en proceso de constitución, diferentes filiales de la empresa destinadas a tal efecto.

Para Amazon, no supone nada extraordinario. « Revisamos de forma regular nuestra estructura de empresa para asegurarnos de que estamos en condiciones de atender mejor a nuestros clientes », asegura la compañía. [...] « Hace más de dos años que iniciamos un proceso de creación de filiales locales nacionales ». En realidad, se trata de un cataclismo de un calibre nunca visto entre los gigantes de la industria digital. Efectivamente, hace años que la empresa es toda una maestra en el arte de la optimización fiscal agresiva, todo un ejemplo de evasión fiscal casi absoluta. Gracias a leyes fiscales de lo más oscuras, Amazon se había hecho, hasta la fecha, una especialista en el arte de localizar sus costes y sus pérdidas en los países donde los impuestos son elevados y de repatriar sus beneficios a los territorios con una fiscalidad muy ventajosa, por no decir inexistente. 

Tal y como recuerda BFM Business, por poner un ejemplo, Amazon pagó solo 5,8 millones de euros de impuestos sobre los beneficios en Francia en 2014, correspondiente a una cifra de negocios que solo en dicho país puede ser de 257 millones. Hay algo que todavía es más cuestionable, en noviembre de 2012, tras una estricta declaración ante los diputados británicos, la empresa se vio abocada a reconocer que su cifra de negocios real en Francia, en 2011, fue de 889 millones de euros, es decir, ¡ocho veces más que lo que había declarado aquel año! Fue la única vez que la empresa de Jeff Bezos habló de sus cifras. Actualmente, su cifra de negocio real debe de rondar los 1.000 millones de euros.

La situación es peor en Gran Bretaña (449 millones de libras, unos 625 millones de euros, declarados en 2013, correspondientes a un volumen local de ventas estimado en varios miles de euros) y en Alemania (según Reuters, en 2014, pagó 11,9 millones en concepto de impuestos de sociedades, en un mercado como el alemán, que absorbe el grueso de sus exportaciones, por un valor estimado de 10.000 millones de euros en ventas). Sin embargo, hasta este 1 de mayo, Amazon declaraba a las autoridades fiscales de cada país solo sus actividades paralelas, llevadas a cabo por las filiales instaladas fuera, mientras las ventas en toda Europa se facturaban desde Luxemburgo. En 2014, la cifra de negocios de Amazon en este minúsculo país fue lógicamente de... 15.500 millones de euros. Acto seguido, el dinero se evaporaba a otros paraísos fiscales, como Delaware, el agujero negro norteamericano de las finanzas y del comercio.

¿Por qué la empresa Amazon ha optado de un día para otro por dar este giro? Es posible que hayan influido las presiones que se multiplican en torno a la empresa. Porque, si bien es cierto que ha defendido en todo momento que su estrategia fiscal era legal, no es eso lo que piensa la mayor parte de las autoridades fiscales afectadas, ni la Unión Europea, ni la OCDE, que coordina los esfuerzos internacionales para regular las prácticas de los "intasables". En Francia, el fisco reclama a Amazon más de 200 millones de euros en concepto de atrasos impositivos y sanciones, solo en el periodo 2006-2010. En Estados Unidos, las autoridades le pide unos 1.500 millones correspondientes al periodo 2005-2012. Y, según las cuentas de la empresa, se espera también otras reclamaciones de China, Alemania, Japón, Gran Bretaña e, incluso, de Luxemburgo... 

Amazon también está en el punto de mira de la Comisión Europea. Bruselas tiene sospechas fundadas de que Luxemburgo alcanzó acuerdos fiscales (rulings) muy favorables con grandes empresas para atraerlas a su territorio. En octubre, la Comisión abrió una investigación precisamente sobre el caso de Amazon. Avisó de que continuaría con el proceso hasta el final. 

Una situación embarazosa para el Gobierno luxemburgués, que ya está siendo objeto de una investigación vinculada con una filial financiera de Fiat, y que hace años que alaba el establecimiento del rey del comercio electrónico en su territorio. Amazon, que cuenta con alrededor de un millar de asalariados en el país, debe probar que las empresas radicadas en el Gran Ducado no son sociedades pantallas destinadas a disfrutar de ventajas fiscales de forma artificial.

Las dudas de la Comisión se han visto corroboradas por las revelaciones de Luxleaks, un consorcio de grandes medios de comunicación, entre ellos el diario Le Monde que informó de los rulings alcanzados por 340 empresas, entre ellas algunas compañías francesas (LVMH, BNP, Paribas, Axa, etc.). Amazon se encuentra entre ellas y se benefició, supuestamente, de un gravamen de solo... ¡el 1% de su cifra de negocios declarada! El acuerdo data de 2003, cuando Jean-Claude Junker, actual presidente de la Comisión Europea, era primer ministro de Luxemburgo.

Y la cosa no queda ahí. Entre las reformas recomendadas por la OCDE, y adoptadas por el G20, en su lucha contra la evasión fiscal de las empresas, figuran algunas medidas que pueden comprometer directamente a Amazon. La idea de obligar a una multinacional que tiene depósitos en un país de instalarse en él fiscalmente progresa y es posible que llegue a adoptarse. Al contrario de lo que sucede con Google o Facebook, Amazon dispone de numerosos depósitos en toda Europa. Dado que estas medidas deberían entrar en vigor en 2017 o 2018, la empresa ha decidido adelantarse unos años a un cambio que es ineludible.

Ejemplaridad

A preguntas de Rue89, Pascal Saint-Amans, encargado de coordinar la lucha contra la evasión fiscal de la OCDE, ve con buenos ojos « un cambio de paradigma » e imagina que « la reacción positiva de los medios de comunicación tendría que alentar a otras multinacionales a obrar en consecuencia ». Las reacciones de los medios de comunicación han tenido efectos positivos. Le Monde ha llegado a titular: « Amazon cede frente a la Unión Europea sobre la fiscalidad ». Sin embargo, es difícil ver las cosas con tanto optimismo. Porque la trampa existe y no es menor. Actualmente, nada indica que Amazon vaya a pagar impuestos en Francia o en Alemania. Ni que la empresa se haya hecho ejemplar, de la noche a la mañana.

En primer lugar, Amazon se ha cuidado a la hora de precisar en su comunicado que « el comercio electrónico es un negocio con escaso margen y con mucha competencia ». También añade: « Amazon sigue haciendo sustanciales inversiones en todo el mundo, lo que quiere decir que nuestros beneficios son bajos ». Y quien dice pocos beneficios dice pocos impuestos sobre beneficios. O peor, en 2014, la empresa perdió 241 millones de dólares. Lo que, en la mayor parte de los países, le daría derecho a créditos impositivos para años sucesivos, si volviera a tener beneficios. 

Al fin y al cabo, es normal que una empresa que pierde dinero no pague impuestos sobre unos beneficios inexistentes, aunque el problema subyace en comprender por qué no gana dinero. Y en el caso de Amazon, la cuestión es muy delicada. Porque el funcionamiento de sus filiales está dirigido a hacerles perder dinero. Dicho de otro modo, incluso si las ventas a los clientes franceses se facturasen a una filial francesa, y no ya luxemburguesa, no está claro que esta filial tuviese muchos más beneficios, tal y como explica  BFM Business. La investigación de la Comisión Europea ha puesto de manifiesto el sistema utilizado (disponible, en inglés).

En resumen, las filiales locales de Amazon pagan un importante canon a otras filiales por utilizar la tecnología del grupo. O bien reciben préstamos a tipos de interés muy elevados. Y la filial luxemburguesa que recibe todo el dinero, radicada en Delaware, no está sometida a cargas fiscales ni en Estados Unidos ni en Luxemburgo. A pesar de los resultados netos, que oscilan entre 118 millones de euros en 2012 y 347 millones en 2014, esta filial, Amazon Europe technologies holding CSS, paga por tanto... 0 euros de impuestos.

Estas prácticas no son completamente desconocidas. Son muy similares a las que emplea McDonald's, compañía que ha recibido un fuerte tirón de orejas de una coalición de ONG y de sindicatos. O a las de Starbucks, que también ha sido objeto de una investigación por parte de la Unión Europea. En Francia, Starbucks está permanentemente en pérdidas, desde que hizo su entrada en territorio francés en 2004, y nunca ha pagado impuestos. Al acabar con la centralización de sus ventas en Luxemburgo, aunque conservando su sistema de optimización, Amazon se alinea con algunos de los peores ejemplos existentes. Desde luego, no hay motivos para la satisfacción. El gigante del comercio electrónico tiene derecho, al menos de momento, a esperar a que las medidas aprobadas por la OCDE y el G-20 entren en vigor.

Mientras tanto, la Comisión Europea trata de cambiar las cosas. El propio Jean-Claude Juncker, a quien ha tomado la delantera la OCDE, hace varios meses que trata de pisar el acelerador. El pasado 27 de mayo, la Comisión precisó los detalles del plan contra la optimización fiscal que pretende presentar en el mes de junio. « Cualquier empresa, pequeña o grande, debe pagar su parte de impuestos correspondiente en el país en el que obtiene beneficios », declaró Valdis Dombrovskis, vicepresidente de la Comisión, mientras que Pierre Moscobici, comisario de Asuntos Económicos, instaba a « la reforma del sistema impositivo de sociedades en la UE ».

La Comisión se propone sobre todo volver a poner sobre la mesa un tema muy recurrente, la Base Imponible Común Consolidada del Impuesto de Sociedades (BICCIS). Este texto, que está listo desde hace más de cuatro años, propone que una empresa presente en varios países europeos aplique lo que los expertos llaman la tasa unitaria. Se trata de considerar a todas las filiales de una multinacional como una sola y única empresa, evaluar sus beneficios totales, con independencia de dónde estén radicadas, después dividirlas proporcionalmente en función de los países donde se lleva a cabo realmente la actividad de la empresa. Cada Estado sería libre de gravar como desee la porción de los beneficios que le ha sido « atribuido ».

Esta solución, adoptada por Estados Unidos para su comercio interior, se considera como el arma más segura para acabar de raíz con las estrategias de optimización más o menos leales de las empresas. Ya no son los expertos en fiscalidad quienes deciden dónde se localizan los beneficios, sino los Estados quienes toman la iniciativa. No obstante, no es casualidad si Europa todavía es un paraíso fiscal para las empresas, como se pudo constatar durante las últimas elecciones europeas. En la UE, las cuestiones fiscales deben alcanzarse con la unanimidad de los 28 Estados miembros. Es muy poco probable que todos logren ponerse de acuerdo sobre un principio tan radical, que ya ha sido apartado por la OCDE por las reticencias que suscitaba, Amazon lo sabe bien, y con este golpe de efecto, sin duda ha hecho girar los focos, durante una temporada, sobre sus discutibles prácticas. 

Versión española : Mariola Moreno, de la redacción de infoLibresocio editorial de Mediapart

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