Donde Donald Trump es considerado como un semidiós

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La socióloga de la Universidad de Berkeley Arlie Russell Hochschild ha llevado a cabo, durante cinco años, una investigación en una región conservadora de Luisiana. ¿El objetivo? Comprender el fenómeno del Tea Party. Una región donde las autoridades locales han desaparecido en beneficio de las grandes empresas petroquímicas, donde la pobreza gana terreno, donde el sentimiento de abandono se instala y donde Donald Trump ha triunfado. 

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Mientras ven la luz best sellers y obras maestra hollywoodienses, que aparecerán tan pronto como termine la sorprendente campaña de las presidenciales, ya existe una serie de obras clave para conocer al electorado de Donald Trump. Hombres, pero también mujeres, que hacen campaña desde 2015 y que representan el núcleo duro de aproximadamente el 44% de los electores norteamericanos que votarán el 8 de noviembre por el hombre de negocios.

Uno de esos trabajos se titula Strangers in their Own Land (que se puede traducir por Extranjeros en su propio país), de Arlie Russell Hochschild, socióloga de la Universidad californiana de Berkeley. Más que una obra de investigación donde está presente la sociología, la antropología y la psicología, se trata de un ensayo sobre los territorios olvidados de Estados Unidos. Strangers in ther Own Land también es un texto comprometido, en el que la autora invita a la intelectualidad –a la que pertenece– a salir de su burbuja política y a restablecer los vínculos con el Otro, el que piensa diferente, el que vota a Donald Trump.

Porque ésa es la particularidad de este libro, si se compara con otras obras publicadas recientemente en Estados Unidos dirigidas a comprender la radicalización de la derecha (White Trash, de la historiadora Nancy Isenberg, es otra obra de gran calidad). Arlie Hochschild no lo oculta, como progresista, se plantea la cuestión un poco inocente de cómo volver a hacer que surja empatía entre medios sociales, grupos de estadounidenses que han dejado de mezclarse completamente y que incluso se detestan. Ese enfoque es todavía más urgente si cabe por cuanto observa, desde su bastión de izquierdas de Berkeley, el auge del Tea Party, tras la elección de Barack Obama, en 2009. « Cada vez me preocupaba más la división de nuestro país en dos facciones políticas hostiles », puede leerse en el preámbulo.

Corría 2011 cuando la socióloga daba comienzo a cinco años de trabajo de campo en una región muy conservadora de Louisiana. Eligió el condado de Calcasieu, cerca de la ciudad de Lake Charles, importante zona para la industria petroquímica de EEUU, donde llega atraída por las importantes ayudas fiscales, y una de las regiones más contaminadas del país. El objetivo era comprender la mentalidad de los militantes del Tea Party, pero también tratar de aclarar el misterio del voto de los ciudadanos pobres, que no tienen gran cosa que ganar. Más precisamente, en esta zona, estudió por qué se vota a los republicanos –un partido que no « cree » en el cambio climático– cuando el desastre medioambiental en curso no puede ignorarse.

Tamaña paradoja sólo podría darse en Louisiana. El Estado es el segundo más pobre de Estados Unidos y recibe, para salir adelante, subvenciones federales que representan el 44% de su partida presupuestaria. También es una de las regiones con los niveles educativos más bajos, donde la tasa de encarcelamiento es la más alta y donde la salud de la población es peor. A lo largo del Misisipi, el corredor donde se han instalado 150 empresas petroquímicas recibe el nombre, desde los 80, de « cancer alley », avenida del cáncer. La tasa de mortalidad vinculada al cáncer supera en un 30% la media nacional.

Arlie Hochschild estudia y se entrevista, largo y tendido, con más de 40 militantes del Tea Party y con una veintena de representantes políticos e investigadores llegados a la zona. De modo que Hochschild se encuentra en la zona cuando Donald Trump entra en campaña, en el verano de 2015, y se dirige precisamente a los electores con quienes la investigadora se entrevista. El resultado es muy bueno: en el Estado, el hombre de negocios se impuso en las primarias con el 41% de los votos. « Fue recibido como un salvador, una especie de dios profano », recuerda al otro lado del hilo telefónico.

De este modo, su obra, publicada en septiembre de 2016, se ha convertido en un análisis de las dinámicas profundas que han permitido cuajar tan bien al injerto Donald Trump.

Lo que la investigadora describe mejor es el modo en que las autoridades locales se han arrodillado ante la industria petroquímica hasta el punto de que el concepto de protección estatal ya no tiene sentido ninguno a ojos de los residentes en la zona que analiza. Maltratados, enfermos por los productos tóxicos vertidos en el río, sin embargo siguen convencidos de que la industria es la única que les ayuda. « Trabajo, trabajo, trabajo: es el único estribillo que vale aquí », confía a Arlie Hochschild el general retirado Russell Honoré, quien llegó a sopesar presentarse a las elecciones para gobernador del Estado. Y todo ello pese a que el sector petroquímico contrata a poco personal (solo el 10% de los empleos de Luisiana corresponden al sector), mientras se hace con la tierra. En la galería de personajes que integran la obra, figura el alcalde de la ciudad de Westlake, quien explica que el cementerio familiar está siendo rodeado por un nuevo complejo de la compañía surafricana Sasol. Tranquiliza a la socióloga, la empresa ha prometido que les dejará « un paso ».

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