Ucrania trata de borrar su pasado soviético

Por SÉBASTIEN GOBERT Et SÉBASTIEN GOBERT

Más de dos años después de las revueltas del Maidán, de la caída de Viktor Yanukovich, de la anexión de Crimea a Rusia y del comienzo del conflicto separatista en Donbass, Ucrania intenta reescribir su historia.

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En la ciudad de Tcherkassy, a un centenar de kilómetros al sureste de Kiev, Lenin lleva ahora una maza en lugar de los panfletos revolucionarios. Va vestido con un cosaco. En Odesa, la gran ciudad portuaria al oeste del país, el líder bolchevique viste la capa oscura de Dark Vader. En el último año, los monumentos que representan a los líderes de la Unión Soviética se han convertido en una fuente de inspiración para los artistas ucranianos. Eso, cuando no han sido derribados. En Kremenchuk, ciudad a las orillas del Dniepr, el Lenin local ha sido trasladado al patio del servicio municipal, responsable del mantenimiento de las zonas verdes, mientras las autoridades deciden qué hacer con esas toneladas de metal. « En mi opinión, es difícil estar de acuerdo con las políticas de depuración del sistema comunista, representa una parte de nuestras vidas: la llegada de nuestro abuelo Lenin al poder, la emergencia del comunismo, la Segunda Guerra Mundial... », explica Dmytro, trabajador municipal, mientras contempla la estatua situada ahora debajo de un árbol.

Algo más al sur, en la gran ciudad industrial de Zaporijia, al final de la inmensa avenida Lenin, recientemente rebautizada, el pedestal del monumento permanece ahora vacío. « La cuestión de la identidad es tremendamente política en Ucraniana. Cuando los carros rusos entraron en Donbass, al comienzo de la guerra, junto con algunos amigos, decidí hablar en ucraniano, pese a que toda mi familia habla en ruso », cuenta Natacha Lobahs, una joven arquitecta, militante de la sociedad civil, que participó, durante el invierno de 2013-14, en las redes de apoyo a la revolución del Maidán. « La descomunización está muy bien, estoy a favor. Pero no basta con eso. ¿Qué pasará después?, ¿qué haremos con esta plaza?, ¿un monumento a los cosacos?, ¿a los cosmonautas?, ¿a los indios? ».

El Lenin de Tcherkassy. © Laurent Geslin El Lenin de Tcherkassy. © Laurent Geslin

El Lenin de Zaporijia era el mayor monumento del dirigente soviético todavía en pie en Ucrania. El Ayuntamiento decidió retirarlo el pasado 17 de marzo. A día de hoy, el enorme monumento de 40 toneladas yace en el suelo, lejos del centro de la ciudad. « Esta estatua forma parte de nuestra historia. Retirarla y hacer como si no hubiese pasado nada, es perjudicial », dice el vigilante, un expolicía jubilado, encargado de la seguridad del lugar. « Ahora van a venderla, es de bronce macizo, se puede sacar mucho dinero. Parece que hay chinos interesados. Es lo que hay, nuestra historia no vale más que un puñado de dólares... ».

Se calcula que en el país no queda más de un millar de estatuas de Lenin, de las más de 5.000 existentes en 1991. Hace un año, el 9 de abril de 2015, la Verkhovna Rada, el Parlamento de Kiev, aprobaba cuatro leyes conmemorativas consideradas de « descomunización », que prohíben la « negación pública » del « carácter criminal » de los regímenes nazi y soviético, sin distinciones, así como la « utilización pública de sus símbolos ». Por tanto, adiós a las hoces y a los martillos, a los frescos que honoraban a los campesinos y a los obreros de la Unión Soviética, que recubrían hasta hace poco las paredes de numerosas fábricas y edificios públicos ucranianos.

El Lenin de Zaporijia, al sureste de Ucrania. © Laurent Geslin El Lenin de Zaporijia, al sureste de Ucrania. © Laurent Geslin

Algunas ciudades también han cambiado de nombre, como Artemivsk, urbe del oblast de Donetsk, rebautizada en 1924, en honor a Fiodor Sergueiev (1891-1938), conocido como Camarada Artiom, un revolucionario soviético. El 23 de septiembre 2015, Artemivsk recuperó su antiguo nombre tátaro: Bakjmout. Por esa regla de tres, la ciudad de Dniepropetrovsk debería ser oficialmente rebautizada. Fundada en 1776, por iniciativa de Caterina II para acoger al nuevo Gobierno de la Nueva Rusia, la ciudad de Ekaterinoslav recibió en 1924 el nombre de Petrovsk, para celebrar la revolución ucraniana fue rebautizada como Gregori Petrovski, comisario del pueblo de Asuntos Interiores entre 1917 y 1919, después sería conocida como Dniepropetrovsk, durante la desestalinización, en 1957. ¿Cómo llamar ahora a la tercera ciudad del país, que cuenta con cerca de un millón de habitantes? En un contexto de guerra con Rusia, la toponimia rusa se relaciona a menudo con la de la Unión Soviética...

« Lo más importante, en primer lugar, es hacer desaparecer los vestigios de la ocupación soviética », repite con insistencia Volodymyr Viatrovitch, director del Instituto de la memoria nacional de Kiev y artífice de las leyes memoriales de 2015. Éstas también prevén que se abran al público los archivos del KGB y se glorifique la memoria de « los combatientes de la independencia nacional ucraniana del siglo XX ». Se trata de « reproducir el choque memorial que vivieron las antiguas repúblicas populares de Europa central a comienzos de los años 90 », explica el historiador en su oficina de la capital ucraniana, situada en el antiguo cuartel general de la Tcheka, la que era la policía política de la URSS. « Tenemos que obtener los mismos beneficios en términos de democratización », asegura. La caída del autoritario presidente Viktor Yanukovich, en febrero de 2014, dio a Volodymyr Viatrovitch la ocasión de exportar a Kiev una historiografía desarrollada desde hacía muchos años en el oeste del país, el bastión de la renovación nacional ucraniana.

De hecho, ya hace 25 años que no queda ninguna estatua soviética en las plazas de Lviv. « Las jóvenes generaciones se han liberado del fardo del postsovietismo. Este legado criminal les es ajeno », machaca Ruslan Zabyliy, director del museo de la ciudad dedicado a las víctimas de las ocupaciones. Para el historiador, poco importa si gran parte de la población ucraniana conserva cierta nostalgia de la época soviética. « Esta gente dio los mejores años de su vida a la construcción de la URSS, por lo que necesariamente viven en el pasado. Aparte de algunos manifestantes marginales, la mayoría ya no están activos, están retirados. Dicho de otro modo, es un número insignificante ».

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