Se trata de una información de la que Marine Le Pen –que ha prometido luchar incansablemente contra el terrorismo islamista, en caso de ser elegida este domingo presidenta de Francia– habría podido prescindir entre la primera y la segunda vuelta de las presidenciales francesas. Uno de los dirigentes del grupo Lafarge que supervisó las negociaciones secretas mantenidas con el autodenominado Estado Islámico, para que el gigante mundial del cemento pudiese proseguir con sus negocios en plena guerra siria, es un ferviente partidario de la jefa de filas del Frente Nacional (FN). En concreto, fue candidato por París en los últimos comicios municipales.