Los banqueros suizos preparan su salto al vacío

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Suiza se ha comprometido a intercambiar automáticamente información fiscal a partir de 2018. Con este proceso forzado y dirigido a acabar con el secreto bancario en el país helvético comienza una ingente labor que presenta numerosas incógnitas. Los banqueros suizos se preparan para un momento decisivo, por lo que estos días se multiplican las reuniones informales, aumenta la presión y las conferencias. Mediapart ha participado en una de ellas en Ginebra.

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La conferencia titulada « El nuevo rumbo de los centros financieros », celebrada en Ginebra el jueves 20 y el viernes 21 de noviembre, fue todo un acontecimiento. Por segundo año consecutivo, en un palacio de la ciudad se daban cita cientos de banqueros, intermediarios financieros, gestores de fortuna, fideicomisarios, abogados suizos dispuestos a abordar las novedades más recientes. 

Durante los dos días que duraron las jornadas, organizadas por el diario Agefi y Academy & Finance, se discutió principalmente sobre la « nueva normativa internacional » bautizada EAR (intercambio automático de informaciones, por sus siglas en francés), un ovni que pronto va a aterrizar en el universo cotidiano de los banqueros. Tras oponerse durante varios años, Suiza finalmente se comprometió el pasado 29 de octubre en Berlín, a implantar, como máximo en 2018, el intercambio automático de informaciones fiscales bajo la égida de la OCDE. Según el calendario previsto, las entidades financieras tendrán que recabar en 2017 las informaciones relativas a sus clientes extranjeros (saldos, dividendos, intereses y otros rentas, así como la identidad de los beneficiarios reales de los trusts, fundaciones y otras estructuras opacas) que comunicarán a la Administración Federal de Contribuciones (AFC), quien a su vez las transmitirá en 2018 a los países de residencia de estos clientes, lo que debería disuadir a los defraudadores. El intercambio administrativo de información bajo petición seguirá existiendo de forma paralela. 

Pascal Saint-Amans devant les banquiers suisses à Genève, Jeudi 20 novembre 2014 © Agathe Duparc Pascal Saint-Amans devant les banquiers suisses à Genève, Jeudi 20 novembre 2014 © Agathe Duparc

Pascal Saint-Amans, director del Centro de Política y Administración Fiscal (CTP) de la OCDE, era el invitado estrella de la jornada. La antigua bestia negra de los banqueros suizos es hoy uno de los hombres más solicitados. En los pasillos del edificio que acoge las conferencias, Patrick Odier de la Asociación Suiza de Banqueros (ABS) le aborda con educación para recordarle « la necesidad de organizar próximamente una reunión para hablar de ciertas cosas ». El francés que no tiene un hueco libre en su agenda se compromete a atender la petición.

Saint-Amans tuvo palabras de « felicitación » para el centro financiero helvético. « Estamos muy impresionados por la rápida reacción de Suiza, 52º Estado en firmar el pasado miércoles 19 de noviembre el MCAA (acuerdo multilateral de autoridades competentes para el intercambio automático de informaciones sobre cuentas bancarias) », explicó sonriente, sin olvidar hacer mención al camino recorrido, salpicado de crisis. Como cuando, por ejemplo en abril de 2011, Suiza fue suspendida en el examen del Foro Mundial sobre Transparencia e Intercambio de Información, lo que le impidió pasar a la fase 2 por su legislación incompleta en materia de intercambio de información fiscal bajo petición (entonces, la norma internacional). Hace un año, la exasperación era máxima entre Berna y París, ya que todas las solicitudes realizadas por Francia estaban bloqueadas porque el procedimiento suizo obligaba en esa época a prevenir a los defraudadores antes de remitir su expediente. Un aspecto que ha quedado modificado en la ley suiza.

« Han sido extremadamente lentos, han creado enormes frustraciones y los últimos años han sido horribles, pero hemos salido de esta incomprensión », resumió irónico Pascal Saint-Amans, para subrayar que la nueva norma sobre el intercambio automático de información se ha elaborado en un año y ha contado con la participación activa de Suiza.

En los últimos meses, el lobby bancario helvético se ha peleado con uñas y dientes para que sus exigencias se incluyeran en la nueva norma, a saber, que las informaciones intercambiadas se utilicen exclusivamente con los fines fiscales acordados (principio de la especialidad), que sean transmitidas de forma recíproca, que la confidencialidad se vea garantizada para que los datos no caigan en manos de cualquiera (por ejemplo, en manos de las mafias…) y, finalmente, que los beneficiarios reales de las cuentas, incluso aquellos que se esconden detrás de trusts y otras estructuras jurídicas sofisticadas, sean identificados. De este modo, Berna lograba imponer la noción de level playing field, obligando en teoría a todos los países a transmitir información fiscal del mismo nivel.

En estos momentos, todo está por hacer para dar el gran salto al intercambio automático de información. Este cambio radical en las prácticas también tendrá que ser ratificado en el Parlamento Suizo y posiblemente en referendo.

El Consejo Federal (véase el comunicado oficial) ha adoptado tres mandatos de negociaciones. El primero, con la Unión Europea, promete ser largo y arduo. Ya se escuchan voces que vaticinan que no se cumplirán los plazos. Berna duda sobre si negociar con la UE en bloque o cerrar acuerdos con cada uno de los Estados miembros, lo que permitiría obtener contrapartidas. « Si se negocia país por país, se puede tratar de conseguir la posibilidad de regularizar a los clientes y también tener acceso a los mercados financieros porque, ¿ para qué facilitar informaciones de clientes si no se tiene acceso al mercado del país del origen ? » resumió Jan Langlo, abogado fiscalista en Pictet y director adjunto de la Asociación de Bancos Privados Suizos.

Mientras el intercambio automático no se convierte en una realidad, la cuestión de la « regularización del pasado » sigue siendo igual de sensible. El 4 de diciembre se celebrará en Ginebra un coloquio que lleva por título : « El cierre de las cuentas de clientes no regularizados. Cómo hacerlo correctamente ». Escarmentados por los procesos judiciales abiertos en Francia y en Europa contra algunas entidades (UBS, HSBC y Reyl) y las acusaciones de blanqueo de fraude fiscal que atenazan a los banqueros, los bancos quieren deshacerse lo antes posible de aquellos clientes poco sensibles, antaño recibidos con los brazos abiertos. Se han tomado medidas drásticas contra los que no quieren regularizar su situación, como el bloqueo de cuentas, el establecimiento de un límite a la retirada de efectivo o la prohibición de hacer transferencias a otros países. Indignados, algunos clientes han acudido a la justicia, tal y como recoge regularmente la prensa suiza. En Francia, el proceso de regularización va bien. Según las últimas cifras facilitadas por RTS, se han remitido 12.000 expedientes a la unidad especializada creada por el Ministerio de Economía, lo que representa una suma de 11.000 millones de euros y que se traduce en 2.000 millones de ingresos fiscales en 2014. Sin embargo, queda mucho por hacer. Según un estudio citado por el ATS, a finales de 2010, había 80.000 cuentas sin declarar a nombre de ciudadanos franceses, lo que suponía 83.000 millones de francos suizos (69.000 millones de euros). Todo ello, frente a los 210.000 millones de francos ingresados por los alemanes y los 158.000 millones de euros de los italianos.

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