Condenados bajo palabra

Por Braulio García Jaén, Matías Escudero Arce et Andrés Aguayo
Este artículo es de acceso abierto. La información nos protege Me suscribo

Todos los condenados eran seguidores de Tabligh al Jamaat, una corriente pacifista y apolítica del Islam que exige a sus miembros una salida de al menos tres días al mes para rezar, comentar el Corán y predicar la religión. Esa salida debe llevarles hasta una mezquita distinta de la que frecuentan de manera habitual, en la que además los reunidos conviven y pernoctan. El testigo protegido de la Fiscalía que les llevó a la cárcel haciéndose pasar por terrorista arrepentido llegó un miércoles a Barcelona y les pidió sumarse a una de esas salidas. El viernes por la noche, sólo dos días después, la Guardia Civil entró en la mezquita de la calle Maçanet y llevó a cabo la mayoría de las detenciones. 

F1, el falso terrorista, señaló a los agentes la pastelería pakistaní más antigua del barrio del Raval, propiedad del jubilado Mohammed Ayub, como el lugar en el que se iban a fabricar las bombas para volar el metro de Barcelona. La policía registró el local sin hallar nada. Ayub, al igual que el resto de los detenidos, pasó ese fin de semana incomunicado y ni siquiera imaginaba que el “chico” que acababa de llegar de Francia era quien había desencadenado la operación policial. El chico era pakistaní, tenía 35 años, vivía en París y aseguró a las autoridades españolas que, aunque se había arrepentido en el último momento, él mismo iba a ser uno de los suicidas encargados de cometer el atentado.

El supuesto terrorista no llegó a estar detenido y apenas cuatro días después obtuvo oficialmente la condición de testigo protegido, que en su caso incluía además la inmunidad. F1, que en el juicio admitió que su nombre real era Asim, pudo presentarse así ante el juez como un miembro de Al Qaeda sin temor a que se abriera ningún proceso legal contra él. El Ministerio del Interior alega « razones de seguridad » para no aclarar si Asim sigue teniendo la consideración de testigo protegido y si continúa recibiendo una remuneración por ello.

« ¿ Hay alguna razón, condición o circunstancia que pudiera dificultarle o impedirle decir la verdad ? », le preguntó el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, al inicio de su declaración el 16 de noviembre de 2009. « Todo es cierto », respondió el testigo. Sin embargo, al contrario de lo que él mismo declaró bajo juramento, sí colaboraba con los servicios secretos franceses, como reconoció luego González Mota, el fiscal que había dirigido la acusación. Y, según dos conocidos suyos de París y varios documentos a los que ha tenido acceso esta investigación, la supuesta red de Al Qaeda para la que dijo haber trabajado desde 2005 nunca existió.

En busca y captura

La red de financiación de Al Qaeda que describió Asim se extendía supuestamente de París al norte de Italia, en los alrededores de Brescia. Pero su relato fue construido utilizando nombres y datos relacionados con su verdadera actividad como traficante de inmigrantes en Francia, Italia y Portugal. Tanto es así que las dos personas que el falso testigo señaló en Francia como correos fundamentales del dinero de Al Qaeda no han llegado a ser acusados de nada, ni siquiera policialmente. 

Asim, el supuesto arrepentido, había declarado que los dos encargados de llevar el dinero desde París hasta Brescia eran « fundamentalmente » dos ciudadanos pakistaníes. Nadeem, técnico instalador de paneles eléctricos « con residencia portuguesa y empadronado en Barcelona », y Tariq, albañil con « residencia francesa e italiana ». Los dos viven desde hace diez años a las afueras de París y, en efecto, conocen bien a Asim. 

En su declaración, Asim recordó en particular « que una vez fue con Tariq y Nadeem a un pueblo pequeño cerca de Milán ». Tanto Nadeem como Tariq reconocen que ese viaje tuvo lugar. Pero el objetivo no tenía nada que ver con el terrorismo sino con conseguir un permiso de trabajo que el mismo Asim les había prometido. Luego continuaron hasta Brescia, donde Tariq había vivido hasta 2003 y donde quería visitar a unos viejos amigos. 

El viaje a Italia fue en balde. « Nos dijo que el dueño del locutorio [donde se suponía que iban a firmar el contrato] había tenido que viajar a Pakistán porque había muerto su padre », recuerda Tariq, que en la actualidad reside legalmente en Francia. Él se subió al coche para acompañar a Nadeem, con el que mantiene una larga amistad, aunque conoce bien a Asim y su familia. « Yo siempre se lo decía a Nadeem : Asim es un mentiroso », explicaba un viernes por la tarde sobre la alfombra de una mezquita de La Courneuve, en el departamento de Seine-Saint-Denis. 

Asim, con residencia legal en Francia, ya había llevado a Nadeem en una ocasión hasta Barcelona, donde se empadronó en 2005. Meses después del viaje a Italia, Asim condujo de nuevo a Nadeem, junto a otros tres compatriotas sin papeles, hasta Portugal. El objetivo era, de nuevo, conseguir contratos de trabajo falsos que facilitaran su regularización, algo que esta vez obtuvieron (Nadeem pagó 1.500 euros) gracias a la empresa de un familiar del propio Asim, como muestra una copia del contrato firmada el 1 de agosto de 2006. Sin embargo, meses después, Nadeem recibió una notificación del gobierno portugués declarando el contrato nulo. Desde entonces no ha vuelto a ver a Asim. 

En enero de 2008, cuando tuvieron lugar las detenciones en Barcelona, la verdadera actividad criminal de Asim –conseguidor de papeles a cambio de dinero– era un secreto a voces en Francia. La comunidad pakistaní de los alrededores de París lo sabía –y algunos pagaban– desde hacía al menos tres años, según varios entrevistados para este reportaje. Durante el último año, familiares de algunas de sus víctimas que residían en París lo buscaban además por estafa : Asim había cogido el dinero pero no había facilitado la entrada en Europa de los inmigrantes que le habían pagado. Desde 2007, su condición criminal era un hecho bien conocido por las autoridades de Pakistán. Meses antes de su aparición estelar en Barcelona, la policía de Rawalpindi había cursado tres denuncias contra él por ofrecer « permisos de trabajo para Italia »

No hay movilización sin confianza
No hay confianza sin verdad
Apóyanos

Braulio García Jaén, Matías Escudero Arce y Andrés Aguayo son periodistas independientes. Su proyecto ha sido financiado por el European Journalism Fund. Mediapart publica esta investigación en exclusividad con su socio español infoLibre.