Condenados bajo palabra

Por Braulio García Jaén, Matías Escudero Arce et Andrés Aguayo
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12-11-2009: Primera jornada del juicio a los once acusados de tratar de volar el metro de Barcelona. © DR 12-11-2009: Primera jornada del juicio a los once acusados de tratar de volar el metro de Barcelona. © DR

En 2009, el llamado Libro Rojo contra el Tráfico de Personas de la Federal Investigation Agency (FIA), una oficina de investigación policial pakistaní, lo incluyó entre los 76 traficantes de seres humanos más buscados de Pakistán, tal y como puede comprobarse en su web oficial. Cuatro meses antes del juicio contra los once inmigrantes de Barcelona, ya había sido declarado oficialmente como « fugitivo » en Pakistán. Desde abril de 2010, tres meses después de la sentencia, está en busca y captura, como muestra la última edición de ese documento, fechada en 2012. Sin embargo, el estatuto de testigo protegido que le otorgó España dificulta la efectividad de dicha búsqueda. 

Los abogados de los 11 acusados condenados a partir del falso testimonio del testigo protegido lamentan que esta información no estuviera a disposición de la defensa durante el juicio y apelan directamente a la responsabilidad de la Fiscalía. « Si hubiéramos conocido con qué organizaciones criminales trabajaba de verdad, y que no eran precisamente Al Qaeda, eso habría minado su credibilidad », explica el abogado Benet Salellas. « No sólo la credibilidad intrínseca de su relato, sino también la extrínseca, porque nos habría servido para ver que lo que contaba, cuando era comprobable y se comprobaba, era falso », añade. 

« Una cosa es ocultar la identidad del testigo, que hasta cierto punto es comprensible, y otra cosa ocultar las circunstancias del testigo, lo cual no ocurre en ningún país civilizado », añade el otro abogado, Jacobo Teijelo. « Saber que existe información relevante para la defensa y no comunicarla implica que no se respetó la norma del proceso debido y eso habría echado abajo todo el procedimiento », añade. El fiscal González Mota, los jueces Gómez Bermúdez, Manuela Fernández de Prado y Javier Martínez Lázaro, y el Ministerio del Interior han declinado comentar estas nuevas informaciones.

Una huella anónima

Los únicos indicios materiales con los que la Fiscalía de la Audiencia Nacional respaldó el testimonio de Asim fueron 18 gramos de pólvora extraídos de unas bengalas infantiles y 783 perdigones para armas de aire comprimido. Estaban dentro de dos bolsas de plástico en la mezquita de la calle Maçanet, donde dormían la mayoría de los detenidos cuando irrumpió la Guardia Civil, que había sido alertada por el Centro nacional de inteligencia (CNI), en la madrugada del 19 de enero de 2008. El CNI a su vez había sido advertido por los servicios de inteligencia franceses. 

Sin embargo, las huellas encontradas en las bolsas que contenían dichos materiales no pertenecen a ninguno de los once condenados. Las defensas siempre sostuvieron que fue Asim quien metió las bolsas en la mezquita y que luego usó sus contactos con los servicios secretos en París para desencadenar la operación, pero la investigación judicial nunca analizó si las huellas aparecidas en las bolsas de plástico correspondían con las del testigo protegido. 

« Todos los productos eran franceses », recalcó el abogado Salellas en su alegato final. Los perdigones habían sido comprados en una tienda de Unifrance, una cooperativa francesa que en enero de 2008 sólo distribuía en el territorio nacional. Las bengalas, fabricadas en China, habían sido importadas por una empresa del sureste de París para su venta en Francia.

Junto al testimonio de F1, la otra prueba de cargo que consideró la sentencia fue un vídeo publicado por una organización americana, la Nine Eleven Finding Answers Foundation, en el que aparecía un portavoz del grupo terrorista Tehrik e Taliban Pakistán (TTP). En ese vídeo un tal Maulvi Omar reivindicaba un atentado –el de Barcelona– que no había tenido lugar. 

Técnicamente la grabación audiovidual era un montaje en el que las pistas de audio y vídeo corrían por separado. El supuesto autor, el periodista freelance Claudio Franco, declaró por videoconferencia en el juicio y reconoció que la entrevista con el tal Omar no la había hecho él, aunque tampoco identificó al autor. A pesar de ello, los 11 inmigrantes del Raval fueron condenados. En su contra, la palabra de un falso confidente encubierto y la declaración de un supuesto portavoz terrorista.

La conexión del testigo protegido con los servicios secretos franceses, y no con Al Qaeda, era algo no sólo conocido por la Fiscalía, como reveló años más tarde Wikileaks, sino por la prensa. Los periódicos españoles, citando a menudo fuentes del Ministerio del Interior, informaron antes del juicio de que se trataba en todo caso de alguien bien conectado con los servicios secretos franceses. También lo hizo The New York Times, en un largo reportaje dedicado a la Operación Cantata : « Asim […] era un informante de los servicios de inteligencia franceses que trabajaba en las zonas tribales de Wazirinstán (Pakistán). » El testigo protegido, el día del juicio, no se dio por aludido. Uno de los dos abogados defensores, Jacobo Teijelo, le preguntó si al menos colaboraba como informante : « Jamás en mi vida », declaró F1, que sin embargo sí admitió en la vista oral que su nombre es Asim. 

Sobre este asunto el juez Javier Gómez Bermúdez, presidente del tribunal que condenó a los 11 acusados, apenas quiere hablar. Proclama que « jamás » expresará su « opinión sobre algo obtenido ilegalmente », en referencia a la información revelada por Wikileaks. Manuela Fernández de Prado y Javier Martínez Lázaro completaban el tribunal. ¿ Sabían los jueces que Asim actuaba como agente encubierto ? « Cuando yo sé que un testigo protegido está mintiendo, lo escribo en la sentencia y tiene sus consecuencias legales », asegura Gómez Bermúdez. 

Sin embargo, la sentencia, dictada por unanimidad, adelanta expresamente la valoración que ese hecho habría merecido por parte del tribunal. « Aún para el caso de que fuese miembro de los servicios secretos franceses, no tendría motivos suficientes para mentir », afirma el fallo judicial. 

A pesar de ello, en sus conversaciones con la embajada, el fiscal afirmó que « los jueces eran conscientes de que el testigo, más que un miembro de Al Qaeda, era un agente encubierto », según el cable de la embajada. Otra fuente de la misma Audiencia Nacional confirma también la relación de Asim con los servicios de información franceses. En febrero de 2011, el diario 20minutos ya había publicado además parte del contenido del cable revelado por Wikileaks, titulando que « un topo » había evitado un nuevo 11M en Barcelona.  González Mota ha declinado hacer declaraciones para este reportaje. 

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Braulio García Jaén, Matías Escudero Arce y Andrés Aguayo son periodistas independientes. Su proyecto ha sido financiado por el European Journalism Fund. Mediapart publica esta investigación en exclusividad con su socio español infoLibre.