Brasil: la arrolladora victoria de la ultraderecha polariza las elecciones presidenciales

Por

Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal) consiguió el 40,06% de los votos y Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores) el 29,24%, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil. El éxito de la formación de extrema derecha liderada por Bolsonaro se extiende hasta la Cámara de Diputados, donde ha conseguido 51 escaños.

Este artículo es de acceso abierto. La información nos protege Me suscribo

De nuestro corresponsal en Río de Janeiro (Brasil).- Frente a la casa de Bolsonaro, sus simpatizantes celebraban el resultado, antes incluso de que se hubiesen dado a conocer los resultados oficiales. Una sucesión de buenas noticias, que anunciaban una ola pro-Bolsonaro en todo el país, los volvió eufóricos. La música no lograba acallar los gritos de guerra vociferados al unísono y la cerveza corría sin moderación. En el centro de la ciudad, un pequeño grupo anti-Bolsonaro contenía entonces la respiración, tenso. Las pocas cervezas abiertas servían más para mitigar el estrés que para la celebración. En esos momentos todos temían la victoria en la primera vuelta electoral del excapitán del Ejército en unos comicios sin precedentes, ya marcados por el encarcelamiento de Lula y por la agresión con arma blanca contra Bolsonaro.

Domingo 7 de octubre de 2018. Banderas pro-Bolsonaro, en Brasilia. © Adriano Machado / Reuters Domingo 7 de octubre de 2018. Banderas pro-Bolsonaro, en Brasilia. © Adriano Machado / Reuters

La presión terminó bajando alrededor de las ocho de la tarde: Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), pasó a la segunda vuelta. Según el escrutinio final, Jair Bolsonaro logró el 46,06% de los votos; Fernando Haddad, el 29,24%. Como siempre desde 1989, las elecciones se polarizaban entre el voto de los partidarios del PT y los antiPT. Pero esta vez, sin embargo, la división es mucho mayor y el rival ha cambiado: la extrema derecha puede llegar al poder. Frente a la casa de Bolsonaro, la atmósfera seguía siendo festiva, pero la decepción era palpable. En las redes sociales, denuncian un fraude a gran escala que supuestamente habría restado a su candidato el 4% de los votos necesarios para alcanzar la victoria.

Encendidos por las declaraciones de su candidato, que cuestionó la fiabilidad de las urnas electrónicas antes de las elecciones, algunos partidarios del líder de ultraderecha se sintieron agraviados, a pesar de la gran victoria, impensable meses antes. La extrema derecha mantuvo esta duda hasta el final, a pesar de que los sondeos les eran muy favorables, para « movilizar al mayor número posible de electores desde el mismo domingo, en caso de que no lograse la victoria en la primera vuelta. Esto encaja perfectamente en el discurso de un sistema podrido con el que supuestamente Bolsonaro tiene que acabar », dice Adriano Codato, profesor de la Universidad de Parána (UFPR).

Apenas concluida la primera vuelta, se marcaba el tono: la próxima campaña se anuncia ya extremadamente violenta. « Bolsonaro llevará el debate al nivel de la moral y recitará su discurso anticorrupción y antisistema. No quiere discutir propuestas, sino que busca convertir la segunda vuelta en un plebiscito anti-PT », enfatiza.

« El mensaje de los votantes es claro: están furiosos y quieren cambiar la situación », dice Mauricio Santoro, profesor de la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ), que enumera los éxitos de la extrema derecha en las elecciones legislativas y de los gobernadores estatales.

Bolsonaro no es un fenómeno aislado; el partido al que se unió pocos meses antes de las elecciones tenía sólo ocho diputados en 2014. Este domingo resultaron elegidos 51 parlamentarios, convirtiendo al PSL (Partido Social Liberal) en el segundo grupo parlamentario de la Cámara de Diputados, sólo por detrás del PT. « Han logrado presentarse como rebeldes contra el sistema y han sabido navegar perfectamente sobre el descontento provocado por los escándalos de corrupción », continúa Mauricio Santoro. El resultado del histórico rival del PT, el PSDB, que no ha logrado superar el 5% de los votos, es sintomático del rechazo de la clase política tradicional. Marina Silva, la eterna tercera vía, se ha hundido por completo (1% de los votos).

De los 40 millones de brasileños que apoyan a Bolsonaro, no todos son partidarios de la dictadura o de su retórica racista, homofóbica o sexista. Algunos tienen miedo a perder sus privilegios, otros quieren defender valores morales que se supone que están en peligro o ya no toleran la violencia que asola el país. El candidato también seduce a los jóvenes, que no vivieron la dictadura y están indefensos ante las actuales dificultades económicas, que nunca han conocido las crisis sistémicas por las que el país pasaba regularmente antes del paréntesis del PT...

Entrevistado en Radio Piauí, Miguel Lago habla de un « candidato de extrema derecha, mitad payaso, mitad fascista », que encaja perfectamente con el espíritu de la época. Pero, a diferencia de otros líderes populistas, « no ha hecho concesiones en su discurso radical para alcanzar el centro. Y ahora que el adversario designado es un petista, no debe hacer ninguna de ellas ». Por lo tanto, Bolsonaro intensificará sus ataques y la polarización que ya está desgarrando al país puede empeorar.

No hay movilización sin confianza
No hay confianza sin verdad
Apóyanos