Una generación en eternas prácticas

Por y CARLOS CARABAÑA

Cientos de miles de becarios ocupan puestos de trabajo estructurales. Muchas empresas aprovechan esta mano de obra barata gracias a un sistema perverso que se renueva de forma constante y dificulta el acceso de los jóvenes al mercado laboral.

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Marta es ingeniera técnica industrial. Viguesa de 33 años, además lleva detrás unas cuantas becas, todas en la misma empresa. Empezó como estudiante, con 10 meses en el departamento de producción. Allí tramitaba órdenes de trabajo, las pasaba a contabilidad, medía la productividad de la plantilla. Luego vino una segunda, esta vez para titulados con proyecto final pendiente, en el de mantenimiento. Se encargaba de gestionar compras de repuestos, de desarrollar planes para mantener la línea de producción en marcha. Allí repitió con una tercera beca, otra más de un año. Finalmente, tras ser un buen soldado, llegó su turno. Un contrato de ingeniera en prácticas. El sistema funciona.

Pero al pasar seis meses, sus jefes le dieron una mala noticia. La Gran Recesión era una bestia tozuda y, aunque estaban muy contentos con su trabajo, desde la central no daban permiso para que siguiera. Se fue a casa. A principios de 2014 la llamaron. Querían que volviera a trabajar con ellos. Pero no de ingeniera, sino como operaria de la línea que antes se ocupaba de mantener en funcionamiento. Un puesto que se conoce popularmente como carretillera. « Yo, dentro de la empresa, era una más, tenía mis vacaciones y nunca me sentí explotada », explica delante de un refresco, « pero haber estudiado tanto tiempo para acabar ahora en un puesto que no requiere titulación me hace sentir un poco frustrada. »

Nunca le han prometido nada, pero sí ha habido comentarios. Si la cosa va mejor, puede que vuelva a su antiguo contrato. Gana 1.100 euros al mes, el doble que durante sus becas. Es difícil no ver aquí la perversión definitiva del sistema. La empresa te beca como ingeniera, pero te acaba contratando como operaria. Por supuesto no se llama Marta. Como la mayoría de los protagonistas de reportajes de becarios, no quiere que se publique ni su verdadero nombre ni el de la compañía a la que sigue vinculada.

« Las grandes empresas con buenas asesorías saben lo que están buscando al pedir una beca, que es encubrir un relación laboral y saben que para ellas es muy beneficioso ya que tienen que cotizar mucho menos y casi no hay gastos de gestión », arguye el inspector laboral Mario Duque, autor del libro Becas y becarios. Camino de su regulación laboral. Además no tienen representación sindical, no pueden conciliar, no hay problema al echarles... resumiendo: trabajadores con menos derechos que se usan para cubrir puestos normalmente auxiliares, que acceden a esa situación como la única ruta para conseguir los trabajos de white collar (cuello blanco).

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Algunos de esos derechos se aplicaron en la última gran legislación, la 27/2011, en la que se reconoció « la protección social de los becarios y obligaba a un alta mínima en la Seguridad Social de los no titulados », mientras que los titulados debían tener « protección por desempleo ». Esto, que está recogido en una de las disposiciones adicionales, se incumple, según Duque, de manera sistemática. « La tesorería de la Seguridad Social, que al final es el brazo ejecutor del Gobierno, emitió un criterio para que todos los becarios, titulados o no, fueran a la disposición adicional tercera, lo que deja sin efecto esta cotización al desempleo, cargándosela de facto. »

Desde el punto de vista estrictamente jurídico, Duque cuenta que la función de una beca no es poner en contacto al estudiante o recién titulado con la empresa, sino obtener una formación práctica que no puede lograr en la Universidad. « Se deberían gastar recursos en formarle y nunca podría hacer trabajo productivo », razona. « Si se permite la figura del becario es para que redunde de forma exclusiva en su formación, no para que cubra puestos de trabajo ni para demostrar lo que vale », añade este inspector laboral.

Las empresas realizan auténticos procesos de selección para escoger becarios, sobre todo las de prestigio y renombre. « Al hablar con un departamento de recursos humanos con grandes conocimientos jurídicos, se nota que saben muy bien lo que están haciendo », explica, « pero cuando hablas con otros que no tienen un perfil tan marcado, te dicen que los chavales obtienen beneficios, que mañana pueden poner en el currículo que han trabajado en tal sitio... Incluso los propios aspirantes se pegan por entrar ya que queda muy bien ». Describe la situación como increíblemente integrada en la mentalidad común. « Cuando le dices a una empresa que la beca no es para eso, es como si hablases de ciencia ficción ».

Vigo representa un ejemplo perfecto. La economía de la ciudad se integra en torno a dos ejes. Por un lado el puerto, donde se vende sobre el 38% del pescado fresco que se consume en España y es uno de los principales del mundo en producto congelado. El otro, la fábrica de Citröen, que da empleo directo a cerca de 6.900 personas. En los noventa, cuando se instauraron las llamadas técnicas de aprovisionamiento just in time, se desarrolló a su alrededor todo un ecosistema de proveedores. CEAGA, el clúster de Empresas de Automoción de Galicia, agrupa a más de 100 empresas que viven básicamente de suministrar a esta gran planta.

La ciudad cuenta además con lo que se conoce como Peritos, la universidad industrial donde estudió Marta. Fundada en 1901, cuenta con cierto prestigio. Citröen, por supuesto, usa un programa de becas para ingenieros recién titulados. En la entrevista personal del proceso de selección ya avisan. Es por un año y es virtualmente imposible que haya una contratación. Los egresados se matan por entrar. Conocer el centro neurálgico y haber trabajado dentro les abre las puertas de un sector que contabiliza cerca de 20.000 empleos y supone el 14% del PIB gallego. Becario en Citröen resulta más atractivo que cualquier máster a la hora de buscar un empleo en la zona.

No existe un registro en España de cuántos becarios hay en las empresas, aunque cuando en junio de 2013 el Supremo restauró su derecho a cotizar, Comisiones Obreras aseguró que la medida beneficiaría a unos dos millones de individuos. En un cálculo de 2010, el mismo sindicato cifró en 200.000 los becarios que asumen un trabajo estructural. Aunque algunos sectores, como la publicidad, la abogacía y desde luego el periodismo, donde la figura está claramente naturalizada y parecería imposible que funcionasen sin ella; poco a poco se va extendiendo. Hoy se puede hacer una beca de secretaria o en empresas de alquiler de coches.

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