Coronavirus y libertades públicas: la ecuación de las mil incógnitas

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En la gestión de la epidemia, los Gobiernos democráticos deben responder a requerimientos paradójicos. Por un lado, una gran demanda social de protección sanitaria. Por el otro, una desconfianza sobre las limitaciones impuestas por el Estado.

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El brote de coronavirus está causando estragos en todos los ámbitos. En el aspecto sanitario, es obvio: se han contabilizado más de 113.000 casos y 4.000 muertes en todo el mundo. En el aspecto económico, es evidente: las consecuencias serán devastadoras. En cuanto a las libertades públicas, el asunto es más espinoso. Las medidas puestas en marcha por los Gobiernos para frenar la propagación del virus pueden ser proporcionadas, pero inútiles; efectivas, pero perjudiciales; abusivas, pero temporales... O cualquier otra combinación de adjetivos aún desconocida.