Los abrumadores relatos de los menores migrantes en las rutas del exilio

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Decenas de miles de menores recorren solos el camino que les conduce hasta Europa. Según el último informe de Unicef y la OIM, los jóvenes de África subsahariana son los más vulnerables frente al racismo y la trata de seres humanos.

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La infancia no les protege. Los jóvenes migrantes, acompañados de sus padres o viajando solos, están particularmente expuestos a los peligros que acompañan la ruta hacia el exilio. Algunos de ellos llegan a su destino, otros son separados de sus familias a lo largo del trayecto, otros muchos desaparecen en la naturaleza sin dejar ningún rastro, otros no sobreviven a la travesía del Sáhara o naufragan en las embarcaciones en mitad del mar Mediterráneo.

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Las conclusiones del informe de Unicef y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) -titulado Un viaje espantoso (disponible aquí en inglés, un resumen en francés aquí) y publicado el 12 de septiembre-, son trágicas. Fundadas sobre los testimonios de 11.000 migrantes de menos de 25 años, estas conclusiones muestran hasta qué punto la experiencia migratoria se convierte en un verdadero traumatismo. Si bien huyen de sus países para escapar de la guerra o de la miseria, la violencia no es clemente. Al contrario.

En 2016, más de 100.000 menores indocumentados llegaron a las costas europeas, en Grecia, en Italia, en España y en Bulgaria. Llegaron principalmente de Siria, Afganistán, Pakistán e Irak. Este año, la « ruta oriental », vía el mar Egeo, fue la más solicitada. Una ruta que ha perdido popularidad tras la firma del « acuerdo » entre la Unión Europea y Turquía en marzo de 2016, cuyo efecto ha sido limitar las salidas desde las costas turcas. Como consecuencia del cierre de las fronteras de los países de los Balcanes, varios miles de menores se han encontrado atrapados, sin perspectivas de futuro, en las islas griegas, en condiciones de extrema precariedad.

En 2017, las cifras más recientes muestran, como por el conjunto de los flujos migratorios, una reorientación de las llegadas de menores por la « ruta central » que une Libia e Italia, la más peligrosa del mundo a lo largo de estos últimos años. Los jóvenes de Costa de Marfil, Nigeria, Guinea y Gambia son los más numerosos. Según el informe, más de tres cuartas partes de entre ellos aseguran haber sido víctimas de malos tratos, explotación e, incluso, de prácticas que aparentemente podrían estar relacionadas con la trata de seres humanos: en Libia, particularmente, son golpeados en los centros de retención, esclavizados por los jefes o maltratados por las redes encargadas de hacerlos pasar de un país a otro.

En este país donde las milicias se reparten el paso de migrantes, estos son tratados como una simple mercancía. Las niñas corren el riesgo de ser violadas, los niños de ser sometidos a trabajos forzosos. Llegado a Libia junto a su hermano gemelo, Aimamo, un gambiano de 16 años, cuyo relato fue recogido en un centro de refugiados en Italia, denuncia haber sido forzado a trabajar durante meses en una granja en condiciones agotadoras para reembolsar el viaje. « Si intentas escapar, te disparan. Si paras de trabajar, te golpean. Nos trataban como a esclavos. Al final del día, nos encerraban en una habitación », explica. Otro joven de Gambia de 17 años, Sanna, indica que sus empleadores libios se negaban en ocasiones a pagarle. « Si tratábamos de discutir con ellos, nos apuntaban con sus armas », recuerda. Alieu, de 17 años, no olvida el trauma. « Allí, todo el mundo tiene un arma. Los jóvenes y los más mayores, todos tienen un AK-47.» Lovette, una nigeriana de 16 años, fue detenida junto a otras mujeres. Describe células repletas donde los prisioneros eran alimentados únicamente tres veces por semana. « Nos golpeaban si nos quejábamos », afirma.

Todos los migrantes son vulnerables a lo largo de su trayecto migratorio; los jóvenes lo son aún más: según el informe, en la ruta del Mediterráneo oriental, el riesgo de ser explotados o de acabar en redes de trata de seres humanos es tres veces más elevado en comparación con los adultos, y superior en un 13% en la ruta del Mediterráneo central.

Las principales rutas migratorias en 2017. Las principales rutas migratorias en 2017.

Según sus orígenes geográficos, los jóvenes se ven más o menos confrontados a este tipo de violencias. Los que parten de países de África subsahariana son los más perseguidos: también están más amenazados por la explotación y la trata de seres humanos que los migrantes que vienen de otras regiones del mundo, con un riesgo respectivo de 65% contra el 15% a lo largo de la ruta del Mediterráneo oriental; y del 83% contra el 56% de la ruta del Mediterráneo central.

Para los autores del informe, no existe ninguna duda de que esta diferencia se explica por las diferentes formas de racismo que persiguen a las víctima subsaharianas, no solamente en Libia, sino también en Europa. « Innumerables testimonios de jóvenes migrantes y de refugiados de África subsahariana revelan claramente que son tratados con más dureza y se encuentran en el objetivo de la explotación por el color de su piel », indica el documento.

Aquellos que viajan solos y que cuentan con el nivel de educación más bajo corren también más peligro dando que están más expuestos al riesgo de caer en las manos de traficantes o de organizaciones criminales y, por lo tanto, de convertirse en víctimas de explotación a lo largo de su recorrido, subraya Unicef y la OIM.

Frente a esta situación, las dos organizaciones ligadas a la ONU solicitan, de la parte de los Estados europeos, una puesta en marcha de circuitos migratorios « seguros y lícitos », la única solución, según los dos organismos, para frenar la solicitud de contrabandistas y luchar, al mismo tiempo, contra la trata y la explotación de seres humanos. Entre las acciones que deben ponerse en marcha con urgencia, citan el refuerzo de los servicios de protección de la infancia, ya sea en el país de origen, de tránsito o de destinación, la puesta en práctica de soluciones alternativas a la detención de menores, la preservación de la integridad de las familias y el fácil acceso a los servicios de salud.

Versión y edición española : Irene Casado Sánchez.

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