Productores de mentiras

Por y Javier Valenzuela

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Cuentan que cuando un ministro, subsecretario o gobernador le planteaba algún problema de gestión en su despacho de El Pardo, el general Franco solía responderle: « Haga como yo, no se meta en política ». Aunque hubiera acaudillado un golpe de Estado y llevara décadas gobernando a su albedrío, Franco estaba convencido de que lo suyo no era política. Política era lo de los otros, los judíos, masones y rojos eternamente empeñados en destruir la sagrada unidad de España. Lo suyo, en cambio, sólo era el cumplimiento de una misión divina: salvarla.