¿Podemos saber cuántos emigrantes españoles no votarán este domingo?

Por y Elena Herrera

1.875.272 electores están inscritos como residentes permanentes en el extranjero, de los que sólo 149.849 han rogado el voto. Pero no son todos los que hay: los registros obvian a los que están de forma temporal en el exterior, además de que decenas de miles no están registrados por las desventajas que conlleva hacerlo.

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Las « trabas » al voto exterior –de las que se han hecho eco los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE)– han constituido uno de los temas de debate de esta campaña. El colectivo de emigrantes lleva meses denunciando que la multiplicación de trámites a la que les obliga la reforma electoral de 2011 está generando una auténtica « masacre » con el voto exterior que se va evidenciar de nuevo con una bajísima participación el próximo domingo. Sin embargo, hay un dato que todavía se desconoce: cuántas personas tienen derecho a voto desde el extranjero y a las que, por tanto, afectan estos obstáculos para ejercer su derecho al sufragio. 

1.875.272 personas están inscritas en el Censo de Electores Residentes Ausentes (CERA) y, por tanto, tienen derecho a votar este 20-D por su condición de españoles residentes de forma permanente (al menos, desde hace más de un año) en el extranjero. De ellos, sólo 149.849 han manifestado su voluntad de votar, es decir, ha cumplimentado los trámites que establece desde 2011 la ley electoral, que obliga a este colectivo a rogar el voto antes de cada elección. Son apenas un 8% del total. 

Pero, ¿son estos 1.875.272 electores todos los españoles mayores de 18 años que viven en el extranjero y que, por tanto, tienen derecho a voto? La respuesta es clara: no. El CERA lo crea el Instituto Nacional de Estadística (INE) con los datos remitidos por los consulados a partir de otro registro, el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero o PERE. Lo que ocurre es que el PERE no registra exhaustivamente a todos los españoles que residen en el extranjero, pues la inscripción es voluntaria y tampoco presenta grandes incentivos, tal y como se recoge en el informe La emigración de los jóvenes españoles en el contexto de la crisis, realizado por el Instituto de la Juventud (Injuve). Según el PERE a 1 de enero de 2015 había 2.183.043 emigrantes españoles registrados. Esta cifra es superior a la del CERA porque incluye a toda la población, incluida la que tiene menos de 18 años y no tiene derecho al voto.  

Entre las ventajas está la asistencia del consulado ante una eventual situación de urgencia, aunque el principal aliciente es la posibilidad de participar en las elecciones convocadas en España. No obstante, desde la reforma electoral de 2011, este colectivo ya no puede votar en las municipales, lo que puede verse como un desincentivo, especialmente para aquellos españoles que llevan poco tiempo fuera y tienen todavía fuerte vinculación con España o esperan regresar a medio o corto plazo. 

Los costes de inscribirse –tal y como recoge el informe de la Fundación Alternativas La nueva emigración española. Lo que sabemos y lo que no– sí son altos. El primero, el mero desplazamiento a la ciudad donde se encuentre el consulado, que puede estar a cientos de kilómetros de donde vive el emigrante. También influye el hecho de que la inscripción como residente en el extranjero conlleva la baja en el padrón en España. Esto puede provocar, por ejemplo, que una persona no pueda seguir inscrita como posible beneficiario de una vivienda de protección oficial. 

La principal rémora, no obstante, tiene que ver con el acceso a la sanidad. El decreto que en 2012 expulsó a los inmigrantes sin papeles del acceso a la atención sanitaria normalizada también restringió el derecho de los españoles a conservar la tarjeta sanitaria si permanecían más de 90 días en el extranjero y habían agotado su prestación de paro. Esta medida provocó un gran rechazo entre la emigración, tanto que el Gobierno accedió el pasado verano a revertirla en parte reconociendo el derecho a la cobertura sanitaria a los emigrantes que estén trabajando en países con los que España no tiene acuerdos y que antes quedaban fueran del sistema público. 

  • Una muestra sesgada

Los citados informes del Injuve y de la Fundación Alternativas han corroborado que la realidad que reflejan registros como el CERA o el PERE constituyen una muestra pequeña y algo sesgada de la emigración española. Y así se puede comprobar también cruzando datos de estos registros con los de los países de destino. Ambos documentos tomaron el ejemplo de Reino Unido porque actualmente es el principal destino de la emigración española en Europa y ofrece gran cantidad de datos estadísticos. 

Para trabajar en el Reino Unido, así como para recibir ayudas sociales –desempleo, pago del alquiler, exención del pago de ciertos impuestos, sostenimiento de hijos...– es preciso estar registrado en el Sistema Nacional de Seguridad Social Británico. Pues bien, esta entidad cifró en 54.203 las inscripciones de españoles entre marzo de 2014 y marzo de 2015, frente a los 12.731 que se habrían marchado a vivir durante 2014 a ese país según el PERE, el registro en el que se basa el censo CERA. 

Esta comparación permite apreciar claramente como aun teniendo en cuenta que la Seguridad Social británica sólo registra a trabajadores y personas que se benefician de ayudas sociales y, por tanto, deja fuera a estudiantes y menores, el número de emigrantes españoles que se registra cada año en la Seguridad Social británica es sensiblemente superior al de españoles que se han inscrito en el consulado y que registra el PERE. 

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