Julien Jeandesboz: «Todo lo que coarta la libertad de los migrantes coarta también la nuestra»

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El Consejo Europeo se reunió este jueves y viernes en Bruselas. Entre los asuntos sobre la mesa, la « crisis » de los refugiados, un fracaso en toda regla que arrastra la Unión Europea desde el verano. Estas son algunas de las soluciones europeas que propone el experto en asuntos fronterizos y migratorios Julien Jeandesboz.

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En lo que va de 2016, más de 78.000 migrantes han llegado ya a las islas griegas. En ese mismo periodo, 428 personas han perecido en aguas del Mediterráneo. Las últimas cifras que maneja la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)  ponen de manifiesto que este 2016 está siendo más intenso que 2015. Salvo excepciones, los dirigentes europeos han dado muestras de una enorme pusilanimidad a la hora de acoger como es debido a las decenas de miles de personas que huyen de las zonas de conflicto, mientras las autoridades bruselenses estigmatizan a Grecia, primera puerta de entrada a la Unión Europea. El Consejo Europeo, que se celebra el jueves 18 y el viernes 19 de febrero, ¿supondrá un punto de inflexión? La puesta en marcha, el pasado fin de semana, de una operación de la OTAN en aguas turcas parece indicar exactamente lo contrario. Pone de manifiesto que, una vez más, la cuestión de los refugiados se aborda desde el punto de vista de la vigilancia fronteriza.

Julien Jeandesboz, especialista en asuntos fronterizos y migratorios, es profesor investigador de REPI -Investigación y enseñanza en política internacional, por sus siglas en francés–, en la Universidad Libre de Bruselas. También es investigador asociado en el Centro de Estudios sobre Conflictos-Libertad y Seguridad. Asimismo, es el autor del capítulo « Más allá de Schengen. Controles fronterizos de Europa, Frontex y el espacio Schengen », incluido en el libro Les Frontières mondialisées (Las fronteras mundializadas).

Tras la petición conjunta de Berlín y Ankara, la OTAN decidió enviar tres barcos al Egeo el 11 de febrero. Esta solución, ¿es satisfactoria?

Este despliegue plantea un triple problema. En primer lugar, hace que entre en escena, en asuntos europeos, un tercer actor. Lo que hace que se plantee cuál es la autonomía de la Unión Europea con relación a la OTAN y esto, en periodo de paz. No existe amenaza territorial ni nada que justifique, a día de hoy, la activación del artículo 5 que obliga a los Estados firmantes del Tratado del Atlántico Norte a intervenir en defensa de sus miembros. Así viene sucediendo desde el final de la Guerra Fría, la OTAN está buscando nuevas mandatos. Ha intervenido fuera de su ámbito de actuación, en África sobre todo, después participó en la lucha contra la piratería en las costas de Somalia; ahora trata de detener a las mafias de traficantes de personas...

"La UE y la OTAN están tratando de transformar el Mediterráneo en un mar de muertos. Detener este crimen ahora!". Pancarta del partido Comunista de Grecia en la Acrópolis, el 15 de octubre de 2015. © Reuters "La UE y la OTAN están tratando de transformar el Mediterráneo en un mar de muertos. Detener este crimen ahora!". Pancarta del partido Comunista de Grecia en la Acrópolis, el 15 de octubre de 2015. © Reuters

El segundo problema es que hay una regla en el Código Schengen [que rige las fronteras internas y externas de la UE] que dice que el control fronterizo deben realizarlo autoridades civiles. Ahora bien, la OTAN es un organismo militar...

Por último, el ámbito de esta intervención no está claro: ¿es la trata de seres humanos lo que se encuentra en el punto de mira? ¿los traficantes?, en lo sucesivo, ¿la OTAN va a ejercer un papel de autoridad policial?

Se produce una mezcolanza inquietante: hay que luchar contra el tráfico de personas, es de justicia, es una cuestión de derecho penal y no deben intervenir los militares, no tienen ni la formación ni las competencias necesarias para ello. La manera en que el personal de la OTAN va a comportarse en el Egeo tampoco está clara. ¿Qué va a hacer si se encuentran frente a embarcaciones de migrantes clandestinos? ¿Les van a detener e inspeccionarlos? No olvidemos que cualquier maniobra de intimidación en alta mar equivale en la práctica a una devolución, algo que prohíbe la Convención de Ginebra.

Desde diciembre, en Bruselas se suceden las declaraciones sobre la expulsión de Grecia del espacio Schengen. ¿Es un escenario realista?

No, las cosas son más complejas que todo eso. Schengen autoriza al restablecimiento de los controles en las fronteras interiores durante un tiempo determinado.

En el caso de Grecia, se llevó a cabo una visita sorpresa, en noviembre, a ciertas islas del mar Egeo y a la frontera con Bulgaria. Este sistema de evaluación existe desde 1998, se conoce como Scheval. Esta misión ha permitido identificar una serie de deficiencias en el registro de huellas digitales y en la verificación de las identidades y de la documentación de los migrantes. A raíz de esta misión, el Consejo de la UE publicó el 10 de febrero una serie de 50 recomendaciones que Grecia ha de poner en práctica en tres meses. Si al cabo de ese tiempo, las autoridades europeas consideran que estas recomendaciones no se cumplen, se pondrá en marcha el procedimiento previsto en el artículo 26 del código Schengen, que permite que se restablezcan, durante dos años, los controles entre Grecia y los demás Estados miembros del « espacio de libre circulación ». No es una expulsión, pero sí pone en peligro, evidentemente, el funcionamiento de la zona Schengen.

Dicho esto, en el caso de Grecia, no se trata más que de fronteras aeroportuarias, los puertos que unen con Italia y los aeropuertos. ¡Grecia no tiene frontera terrestre con otros Estados miembros! En realidad, el interés de aplicar el artículo 26, con los ojos puestos en Grecia, es el de poder mantener durante dos años los controles en las fronteras interiores del continente, mientras que el régimen de excepción que viven actualmente Alemania o Austria, por ejemplo, no puede ser superior a seis meses. Dicho de otro modo, el Gobierno griego se convierte en cabeza de turco en lo relativo a Schengen, tal y como viene sucediendo, en varios ámbitos, desde la llegada al poder de Syriza.

Por último, una « expulsión » no me parece del todo realista porque los Gobiernos de los Estados miembros perderían con ello toda capacidad de influir sobre el Ejecutivo griego. Sin contar conque esto conllevaría importantes restricciones para los turistas europeos...

Esta tendencia, que se viene registrando desde otoño, a la hora de querer cerrar las fronteras interiores, ¿significa que nos dirigimos al fin del espacio Schengen?

No lo creo porque Schengen no es sólo un espacio de libre circulación, es un sistema de colaboración policial y de cooperación entre los Estados miembros, tanto a la hora de gestionar las fronteras exteriores como en lo que respecta a la concesión de visados. Dispone de un visado único, común, que es precisamente el visado Schengen. Aunque la tendencia actual es ponerle fecha de caducidad a la libre circulación, en nombre de la lucha contra la llegada de migrantes, en absoluto pone fin a la colaboración policial y al sistema de visados. Al contrario, todo lo que respecta a seguridad, funciona plenamente. Ahora bien, todo lo que coarta la liberad de los migrantes coarta también la nuestra. Los ciudadanos europeos deben hacer frente a los mismos Gobiernos que los migrantes: dirigentes de prácticas iliberales que van contra los principios europeos y en contra del respecto del Estado de derecho. Lo que sucede en Calais, con la represión de los voluntarios que acuden a ayudar a las personas en situación irregular, es un buen ejemplo de ello. 

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