Michael Wolff: «Trump es impredecible y por lo tanto es peligroso»

Por y Clara Morales

El autor de Fuego y furia dibuja, a partir de 200 entrevistas con colaboradores del republicano, una Casa Blanca caótica y un presidente despreciado por su círculo más cercano. infoLibre, socio editorial de Mediapart, entrevista al polémico autor quien considera que Donald Trump « está dispuesto a adherirse a cualquier idea que pueda conseguirle más popularidad o mantener su base electoral. Pero en cuanto a tener una idea... es algo que roza lo absurdo ». Aquí la entrevista completa con Michael Wolff.

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« No solo está loco, es estúpido ». Eso es lo que al parecer piensa Thomas J. Barrack Jr, colaborador de Donald Trump desde hace tres décadas, del actual presidente de Estados Unidos. Al menos, según el relato que hace el periodista y escritor Michael Wolff en Fuego y furia (Península), el libro sobre el Gobierno estadounidense que agita Washington desde su publicación el pasado mes de enero. No es de extrañar: el volumen de 400 páginas está repleto de citas tan jugosas como aquella, extraídas de más de 200 entrevistas realizadas durante 18 meses en el mismo centro de la Casa Blanca, a la que el propio Trump le dio acceso. Debe de haberse arrepentido. En sus páginas, la administración aparece como un caos de intrigas y sinsentidos, y el presidente como alguien muy poco cualificado para el puesto, intratable y despreciado por sus propios colaboradores. 

El escritor Mario Vargas Llosa hablaba del volumen como « uno más entre las decenas que se publican sobre el nuevo ocupante de la Casa Blanca ». Parece ser el único en pensarlo. Las consecuencias de Fuego y furia, que vendió 1,7 millones de ejemplares en tres semanas, han sido excepcionales. El propio Trump avivó el escándalo al tratar de parar, a través de sus abogados, la publicación del libro, lo que solo consiguió que se adelantara su salida. Desde entonces, el ruido no ha hecho más que crecer. En la gala de los Grammy, Hillary Clinton participó en un sketch en el que aparecía leyéndolo. Steve Bannon, despedido el pasado agosto de su puesto como jefe de estrategia de la Casa Blanca, ha caído en desgracia también en la página ultraderechista Breitbart News, de la que era fundador, después de que se conocieran los despectivos comentarios que hacía sobre su exjefe en el libro de Wolff. Ante tal alboroto, el grupo Planeta tardó días en anunciar su publicación en España y cuatro afanados traductores lo han tenido listo en poco más de un mes. 

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Pero Fuego y furia también ha suscitado críticas. Y no solo por parte de la administración Trump —el propio presidente lo ha definido como « el libro falso de un autor mentalmente perturbado »—. Jonathan Martin, corresponsal político de The New York Times, calificaba de « opaca » la atribución de las fuentes de Wolff, una opinión compartida por otros reporteros que cubren la Casa Blanca. Con frecuencia, Wolff describe escenas o conversaciones al detalle, sin aclarar de qué manera obtuvo la información, si estaba presente o la conoce a través de uno de los implicados o de terceros. No son pocos los entrecomillados anónimos. Periodistas de distintos medios han señalado varios errores o imprecisiones a lo largo del volumen. E incluso algunas fuentes, mencionadas con su nombre y apellido, se han distanciado de lo que supuestamente dijeron. Es el caso de Barrack, por ejemplo. Quien no ha dado un paso atrás en ningún momento ha sido Steve Bannon, cuyo peso en el libro como una de las fuentes más valiosas de Wolff es evidente. 

El escritor está acostumbrado. No es la primera vez que este polémico periodista —especializado en el fango de los medios de comunicación y habitual de las tertulias televisivas, aunque cáustico con sus compañeros de profesión— tiene que enfrentarse a quienes le acusan de ser poco riguroso. En la habitación del Ritz que le acoge durante la etapa madrileña de su extensa gira europea, parece tener respuestas para todo. 

Michael Wolff en un programa de la NBC, el 6 de enero de 2017. © Reuters Michael Wolff en un programa de la NBC, el 6 de enero de 2017. © Reuters

El retrato que las fuentes cercanas a Trump hacen de él es el de un hombre que no está preparado para el puesto y que incluso podría tener problemas mentales. ¿Cree que este relato es creíble? ¿Lo comparte?

Michael Wolff: Este es el retrato que hacen sus cargos más altos. A este respecto, lo que yo opine es totalmente irrelevante. De hecho, es difícil no estar convencido por la descripción que dan ellos, y también se corresponde con las interacciones que yo he tenido con él. Pero lo más importante y lo más alarmante es que esta sea la descripción que dan las personas cercanas a él. [Entre las fuentes que sí aparecen citadas con nombre y apellido están Sam Nunberg, asesor de la campaña; Kellyanne Conway, directora de campaña y asesora, y Katie Walsh, subjefa de Gabinete.]

¿Por qué esta gente está dispuesta a hacer un retrato tan duro del presidente, y por qué siguen ahí?

Muchos de ellos ya no están ahí. En los primeros seis meses de esta Presidencia, los altos cargos salieron de la Casa Blanca como suele ocurrir al final del mandato. Han sido tan sinceros sobre esto porque están en estado de shock. Estas son las personas que tienen que lidiar con él día tras día, y es extremadamente difícil hacerlo. En una Casa Blanca en el caos total, creo que todo el mundo siente que no puede hacer su trabajo y que sus carreras se van a ver perjudicadas por su asociación con esta situación.

¿Cuál era la perspectiva de estas personas antes de incorporarse a la Administración Trump? Su campaña fue muy mediática. ¿Qué esperaban de él?

Aquí tenemos dos puntos. En la mayoría de las Casas Blancas, los presidentes se rodean de colaboradores con los que han trabajado durante mucho tiempo. Son leales los unos con los otros, creen en una misión común y han dedicado sus carreras a quien quiera que sea el presidente. En la Casa Blanca de Donald Trump, muy pocos de los que se han incorporado le conocían bien. Incluso Steve Bannon, la figura central del libro, entró en la campaña en las últimas semanas. Todos llegaron a la Casa Blanca pensando que, si Donald Trump había sido elegido presidente, esto tenía que significar algo. Cuando alguien sale elegido, debe de comprender algo, ya que ha logrado este hito. Es más que el beneficio de la duda: es el presidente de Estados Unidos. Trabajar en la Casa Blanca beneficia la carrera de todo el mundo, son profesionales, sienten que tienen alguna responsabilidad… Así que [están ahí] por todos los motivos tradicionales. Pero entonces se dan cuenta, en casi cada caso, de que esto distaba de forma significativa de lo que se esperaban.

En el libro asegura que el objetivo de Trump es la victoria, y da igual en qué consista esta victoria. Pero, ¿cuál es la ideología real de Trump, qué idea de país tiene?

No tiene ninguna idea para el país, no le podría importar menos. Está dispuesto a adherirse a cualquier idea que de alguna manera pueda conseguirle más popularidad o mantener su base electoral, cualquier objetivo a corto plazo que pueda ser la meta del momento. Pero en cuanto a tener una idea... es algo que roza lo absurdo. 

¿Cómo interpreta entonces que se haya rodeado de ciertos sectores de la extrema derecha?

Porque es lo que le funcionaba. Durante su carrera ha estado en todas partes: ha sido demócrata, ha estado a favor del aborto… Como vendedor, vendes lo que la gente está dispuesta a comprar. Esto es lo que la gente empezó a comprar de él, y él respondió y siguió con ello. Tiene ciertos impulsos que sí se corresponden con los de la extrema derecha. No creo que tenga sentimientos particulares por la inmigración per se, pero sí algunos prejuicios: ‘Ya no quedan americanos’. Esto parecía funcionar. Hay un momento que describo en el libro, en el que está dando un discurso en Alabama relacionado con la campaña del Senado, y no va muy bien, nadie responde. De la nada, se saca esto sobre los futbolistas que se arrodillaban durante el partido de la NFL, y todo el mundo responde. [Varios jugadores de la liga de fútbol americano habían mostrado su rechazo ante la « opresión de las personas negras », en palabras del atleta Colin Kaepernick, mediante el gesto simbólico de arrodillarse durante el himno de Estados Unidos.] Así que se deshace de todo lo demás y se centra en esto. Es un showman y está actuando para su público.

En una entrevista para The Guardian, definía la elección de Trump como un experimento del que se podían extraer lecciones para el futuro. Pero, ¿es un experimento inofensivo? O, en otras palabras, ¿es Trump peligroso como presidente?

[Silencio.] Estoy intentando pensar… Sí, es muy posible que sea peligroso. Es impredecible, y por lo tanto es peligroso. Por otra parte, no tiene ninguna capacidad. Es difícil hacer algo cuando no sabes qué hacer. Movilizar al Gobierno es una tarea muy compleja, y él no tiene ni la experiencia ni el conocimiento. En este aspecto, quizás sea menos peligroso. Dudo mucho que nos arrastre a una guerra al estilo de George Bush. Dicho esto, ¡no se sabe! Él es como es.

Sobre la trama rusa: en el libro, defiende que el equipo de Trump no piensa siquiera que pueda ganar las elecciones, que no es su objetivo, y que por tanto tomar ciertas precauciones con respecto a la injerencia de Rusia no era su prioridad. ¿Cree que esto le va a pasar factura, que puede hacer que no termine el mandato?

Puede que sí. Creo que hay un amplio rango de cosas que podrían derrumbar a Donald Trump. Trump está excepcionalmente expuesto, no ha tomado las precauciones más básicas que deben tomar los políticos. Y esto es parte del drama diario. Qué va a ocurrir, nadie lo sabe.

Este es uno de los asuntos en los que más respuestas contradictorias recibe por parte de sus fuentes. ¿Ha llegado a alguna conclusión con respecto a la implicación real del Gobierno ruso en las elecciones? ¿De su relación con Trump y su círculo más cercano?

La Fiscalía está investigando, pero creo que no cabe duda sobre que el Gobierno ruso quería sembrar confusión en esta campaña. Hasta qué punto la gente de Trump participó de forma activa, no se sabe. Si participaban de forma activa, inconscientemente o si solo eran una pandilla que no daban en el blanco y que eran estúpidos… no lo sabemos.

Es el mismo presidente quien garantiza su acceso a la Casa Blanca. Cuando le presenta la idea de escribir un libro sobre la primera parte de su mandato, él esperaría uno positivo…

Claramente, de haberse imaginado que el libro sería negativo, dudo que lo hubiera aprobado. Pero no creo que se imaginara nada. Creo que para él, el libro era una idea aburrida, así que no estoy seguro de que pensara más allá de: « Esto es un libro, los libros no me interesan ».

Usted ya le conocía, le había entrevistado, ya había escrito sobre él. ¿Esperaba encontrarse en la Casa Blanca el caos del que habla?

No sabía qué me iba a encontrar, no tenía prejuicios. Solo pensé que era un momento particular, excepcional, distinto, pero estaba abierto a la posibilidad de que fuera... diferente aunque exitoso. En realidad, con lo que me encontré fue… con un conjunto de catástrofes.

Dice a menudo que el retrato que usted hace del presidente y su círculo es conocido también por otros reporteros, pero que ellos no pudieron informar sobre esto de la manera en que usted lo ha hecho. ¿Qué cree que ha hecho usted que no hayan hecho sus colegas?

Lo primero: no son mis colegas. Hacen otro trabajo. El periodismo diario es distinto que escribir un libro. Y esa es la clave: los periodistas senior que informan sobre la Casa Blanca saben que virtualmente todos en la administración piensan que Donald Trump es idiota. Pero no pueden informar sobre ello porque tienen que volver todos los días. La ventaja de escribir un libro es que puedo distanciarme y mirar las cosas desde otra perspectiva. Mi trabajo está hecho. Yo no tengo que volver.

En el libro habla de que durante sus visitas a la Casa Blanca era, con frecuencia, ignorado por los trabajadores. ¿Ha jugado eso, finalmente, a su favor?

Totalmente. Ser una mosca en la pared. Eso es lo que quieres conseguir. Durante los muchos meses que estuve en la Casa Blanca, creo que no hice ni una pregunta. No soy como los periodistas que están a 12 metros, en la sala de prensa, que quieren saber acerca de metas, y fines, y explicaciones, y patatín y patatán. Yo no quería saber nada de eso. Yo solo estaba ahí para escuchar.

Tras la publicación del libro, sufrió críticas justamente por parte de algunos de los reporteros que siguen al Gobierno, y que señalaban faltas de rigor en su obra. ¿Cómo recibió estás críticas?

Son mierdas. Están enfadados. Ellos hacen su trabajo, y en un momento dado llego yo y les robo la historia. Son periodistas. ¿A quién no le gusta tener la exclusiva? Y si alguien consigue la historia antes de que tú lo hagas, quieres un motivo que justifique que eso haya ocurrido. Es natural. Pero lo verdaderamente importante es que esta historia va a contarse de muchas maneras. Colocar la idea de que la prensa de Washington es propietaria de una historia... es una reivindicación débil. Informar a diario es importante, y habrá muchas versiones de la presidencia de Donald Trump.

En la nota introductoria habla de la dificultad de informar a partir de unas fuentes que se contradicen las unas a las otras y que también llegan a mentir. ¿Cómo se enfrentó a esto, desde un punto de vista tanto periodístico como ético?

Es un poco extraño, porque escribí eso sin pensar que fuera a resultar polémico. Esto es lo que los periodistas hacen cada día. Ese es el trabajo. No puedo imaginar trabajar de otro modo. Tienes fuentes de fiar, cuya fiabilidad se ha demostrado antes, así que las sigues, o tienes historias contradictorias, así que entrevistas a más gente. Y llegas a una comprensión básica de la versión que se corresponde con todo lo que sabes. De alguna manera, tienes que fiarte de mí, el periodista, como tienes que fiarte de todos los periodistas. De nuevo, son gilipolleces. Nadie tiene el monopolio sobre la verdad. Yo desde luego no lo tengo. Soy el escritor, en esta situación, intentando expresar de la mejor manera posible lo que he visto y escuchado. Más allá de eso, ¿qué más puedes hacer?

Dice que Steve Bannon es una « figura central » del libro. ¿Contaba con él como fuente cuando empezó a trabajar en él? ¿Pensaba que iba a hablar on the record?

No contaba con nada. Te metes en estas cosas, como en cualquier otra cosa, y piensas: « No voy a dar con una historia, estoy jodido ». Y luego aguantas y todo cobra sentido, y la gente empieza a hablar contigo. Es sencillamente periodismo. No sé cómo acabas teniendo suerte en estas situaciones… No lo sé, porque siempre pienso que no voy a tener suerte.

Hay fuentes que hablaron on the record pero que luego, con la salida del libro, se echaron atrás. No fue así con Bannon, lo que ha reforzado la validez del libro…

La mayoría de la gente no se ha desdicho. La mayor parte de la gente ha estado en plan: « Sí, bueno, yo, pero no… ». No creo que me hayan sorprendido con esto. Hay gente que podría haberlo hecho... [porque] les pilló por sorpresa. Pero se han portado bien con el tema. 

¿Ha mantenido el contacto con Steve Bannon?

No, no lo he hecho. No digo que no lo vaya a hacer, pero en las semanas tras la publicación del libro no hemos hablado. 

Tras la publicación del libro, que ha hecho mucho ruido, los medios han ido señalando las partes de él que consideraban más chocantes. ¿Qué cree que han pasado por alto?

Es difícil decirlo, porque realmente han exprimido el libro. Sigo pensando que el mensaje central es la disolución del círculo más cercano a Trump: es una historia extraordinaria a nivel histórico, que los asesores más cercanos al presidente lo rechacen.

Hay una imagen que ha tenido mucha repercusión: la del presidente comiendo hamburguesas en su cama, viendo tres pantallas de televisión a la vez. ¿Le parece que esta imagen explica bien quién es Trump?

Soy un escritor, solo pretendo mostrar cómo es la vida, cómo son las cosas. Esta es una imagen vívida. A mí me gustaría saber si alguien se va a la cama a las seis y media y se come una hamburguesa.

Hay al menos dos episodios en los que usted estaba presente en la escena que describe, pero no lo dice. Me refiero a la primera cena, en la que charlan Bannon y Roger Ailes [fallecido fundador de Fox News], y que luego se ha sabido que ocurría en su casa, y a una conversación telefónica entre el presidente y « un periodista », que resultaba ser usted.

Decidí no meterme en el libro. Decidí que era importante que esto no fuera sobre mí. Que se tratara de las personas más cercanas a él. Supongo que era una táctica literaria.

Pero a la gente le pareció sospechoso que narrara al detalle aquellas conversaciones. 

Eso fue gracioso, hizo que todo el mundo se callara. Que alguien saliera diciendo: « Bueno, es que la cena era en su casa ».

¿Prefería no decir que había ocurrido en su casa, aunque eso levantara dudas sobre la veracidad de la información?

Sí. Porque creo que en la mente del lector no generaba esas dudas. En la mente del lector, lo hacía más inmediato. De repente se convierte en tu historia, era más directo.

Su trabajo sobre la Casa Blanca, ¿ha llegado a su fin o va a seguir escribiendo sobre ello?

De momento, sí, está más que acabado.

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