Croquis: porqué François Fillon aún no ha perdido

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Justo o no, François Fillon continúa su carrera hacia el Palacio del Elíseo. Su discurso es inaudible, sus mítines están en peligro, su agenda es errática, su defensa es contradictoria. Pero Fillon tiene una convicción: puede ser elegido el próximo mes de mayo. Quizás no se equivoque. 

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Revisando la memoria de un periodista político, no encontramos un caso como este. Un personaje clave de la elección central de la República francesa condenado por un « impeachment », es decir, por un proceso de destitución que le impediría ser candidato. Sin embargo, podría ganar…

François Fillon no puede rendirse en Francia, esta Francia que aspira a gobernar. No puede dar un paso sin cruzarse con un ciudadano que compara su programa con sus actos, y lo hace saber a golpe de cacerolazo en la plaza pública. Tras el affaire de su mujer, este hombre político varía. Confía en la justicia solicitando su rapidez, después se alarma de que funcione tan rápido; jura retirarse de la campaña si finalmente es procesado, después asevera que no habrá más juicio que el del sufragio universal; prevé conferencias de prensa temáticas, pero sin preguntas por parte de los periodistas; sufre para mantener vivos sus mítines; anula sus reuniones públicas, pero organiza otros encuentros entre bastidores con Nicolas Sarkozy. Cuando se acerca la celebración del salón de la agricultura, su entorno se pregunta como sacarle una foto con el ganado, con vacas y cerdos, sin que una Lechera (en alusión a fábula de La Fontaine) enfurecida venga para romper su vasija de leche ante sus ojos…

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En resumen, Fillon puede cambiar todas sus posturas y jurar que resistirá a la conspiración mediática, judicial y política, que siempre acaba frente a los hechos, y estos hechos le carbonizan. Sus militantes lo comprueban cada día, en cada paso: el infierno de su campaña no son los otros, sino el mismo. En la fábula del malo contra el bueno, François Fillon encarna ambos roles… Es el héautontimorouménos, este animal mitológico que se devora a si mismo y a quien Charles Baudelaire cantó en su poema sobre el fin del mundo: « Yo soy la herida y el cuchillo / Yo soy la bofetada y la mejilla / Yo soy los miembros y la rueda, / Y la víctima y el verdugo » (« Je suis la plaie et le couteau ! / Je suis le soufflet et la joue ! / Je suis les membres et la roue, / Et la victime et le bourreau ! »).

Así, François Fillon está por los suelos, su campaña es plana, y todo aquello que podría decir y hacer se verá golpeado, con toda lógica, por la nulidad. Pero en la V República, la lógica cuenta con razones que la razón no entiende. Fillon no puede continuar siendo un candidato de pleno derecho, es un hecho probado, pero aún conserva buenas posibilidades para convertirse en el octavo presidente de la República francesa, y de serlo durante cinco años.

¿Por qué? Por razones aritméticas de nuestras propias instituciones. Desde que este jansenista del gasto público fuera sorprendido con el empleo prodigioso de su mujer y sus hijos, ha caído a un nivel históricamente bajo para un candidato de derecha. Ante los parlamentarios, se halaga por haber frenado la hemorragia al 17 o 18%. Pues, es necesario recordar que en 2012, la derecha parlamentaria, el porcentaje se situaba en un 27% con Sarkozy, que alcanzaba un 31% en 2007 con el mismo candidato, que el total Chirac + Saint Josse + Madelin + Boutin + Bayrou rozaba el 35% en 2002, o que Chirac y Balladour se hacían ambos con el 38% en 1995.

Hagan la comparación con el pedestal de François Fillon y se darán cuenta que su base se encuentra en la bodega. Pero este subterráneo puede aún ascender a la cima. Sin jugar con los oráculos, es posible, ver probable, que la calificación para la segunda vuelta se juega en un campo reducido, alrededor del 20%. Fillon no es el único que se atreve a soñar, forma parte de los posibles candidatos para ascender a este abrumador trampolín. ¡Bastará con obtener un quinto de los votos, o un poco más, para contar con posibilidades suficientes que le conviertan en la encarnación de Francia y le den acceso al 100% del poder político (bueno, o lo que queda, teniendo en cuenta el funcionamiento de Europa y el mundo)!

Así se encamina nuestra elección presidencial, deseada por una gran militancia, destinada a acabar con los partidos minoritarios o con formaciones bisagras. Al querer imponer las mayorías de hierro, 60 años más tarde, nuestro sistema electoral favorece las minorías mágicas. Chirac abriría la vía siendo elegido en dos ocasiones por un francés de cada cinco en la primera vuelta. Siguiendo este principio, Fillon se aferra a las ramas con el objetivo de recuperarse,  y pasar de la trituradora a la consagración. Con su posible elección, la roca Tarpeya dejaría de estar a dos pasos del Capitolio, dejando al Elíseo a las puertas del correccional.

Fillon representa la perspectiva paradoxal de la victoria de un candidato K.O., y hay cierta diversión cuando se escucha su defensa: « Seré yo o el caos »… Pero los parlamentarios de derechas han hecho sus cuentas y el resultado es incuestionable. Fillon está en el barro, pero su eliminación abriría una batalla de sucesión que podría rebajar aún más a la derecha a tan sólo un mes de la inscripción de las candidaturas.

Continuando como candidato, incluso impedido de hecho, incluso sin mítines, incluso quedando en un segundo plano para evitar los conciertos de cacerolas, incluso con la justicia y la prensa sobre su espalda, Fillon encontrará un incomprensible núcleo de electores de derechas dispuestos a apoyarle.

Lo harán con mala cara, arrastrando los pies, pero caminarán sobre la desilusión para evitar a Macron, Hamon o a Mélenchon. Este núcleo enviará a los affaires a un pretendiente cuarteado, más debilitado que un presidente saliente –pero poco importa el frasco en si mismo, con tal de que salve el Elíseo-. François Fillon elegido se convertiría en el último punto de la deriva de la V República, el de la obsesión presidencial y la impotencia de su presidente.

Al menos, naturalmente… Al menos que a base de la absurdidad reivindicada, otra aberración política consiga poner a todo el mundo de acuerdo. Incluso en los sueños más extravagantes, Marine Le Pen no esperaba un tal refuerzo.

Versión y edición española : Irene Casado Sánchez.

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