La creciente amenaza del Estado Islámico se cierne sobre Pakistán

Por Jean-Pierre Perrin

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Hasta hace muy poco, las autoridades paquistaníes se negaban a admitir lo que parece una evidencia macabra. El Estado Islámico se afianza en el país. Ya no sólo está presente en los lejanos distritos tribales de Waziristán, Orakzai y Jáiber, en la frontera afgana: ha salido de las duras montañas del Hindú Kush para instalarse en muchas grandes ciudades paquistaníes. El terrible atentado del 16 de febrero, perpetrado contra el santuario sufí de La'l Shahbâz Qalanda, en la localidad de Sehwan Sharif (a 200 km de Karachi), por un kamikaze, provocó 90 muertos, entre ellos una veintena de niños, y alrededor de 300 heridos.

Este atentado pone de manifiesto que, en lo sucesivo, las fuerzas de seguridad deberán lidiar con una amenaza más seria que la que representan los innumerables grupos radicales diseminados por todo el país. Para poder avanzar en la galaxia islamista paquistaní, el Estado Islámico recurre a métodos ya utilizados en Irak: aprovechar los escombros de regiones enteras arrasadas por la guerra para implantarse localmente y apoyarse en las ruinas de partidos ya existentes para, acto seguido, desarrollarse.