Guantánamo, un escándalo destinado a perpetuarse

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Casi lo hemos olvidado. Cuarenta personas languidecen en las celdas de Guantánamo. Tres cuartas partes de ellas ni siquiera son acusadas formalmente por la justicia. La monstruosidad jurídica construida por el nuevo poder estadounidense prohíbe el cierre del campo de detención, impide toda liberación y viola los derechos humanos. Pues, ante todo, se trata de proteger a Estados Unidos de las acusaciones de tortura. Explicaciones.

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El 10 de septiembre, un juez federal de Washington rechazaba un dictamen médico independiente de Sharqawi al-Hajj, un preso de Guantánamo que el mes anterior había intentado cortarse las venas con un trozo de vidrio. Sharqawi al-Hajj, de 45 años, yemení, no está acusado. No ha sido juzgado, no está a la espera de juicio. Pero no puede quedar en libertad. Permanece detenido en la base estadounidense de la Bahía de Guantánamo desde septiembre de 2004. Anteriormente, había pasado dos años en prisiones secretas de la CIA en Jordania y Afganistán, sometido a torturas e interrogatorios.