El estímulo económico «made in Bruselas» que los españoles van a pagar los próximos 30 años

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Se trata de un nuevo mecanismo de financiación público-privada dirigido a reactivar la economía europea. La primera emisión de bonos que contaba con la garantía del Banco Europeo de Inversiones se canalizó al proyecto Castor, el fallido almacén de gas frente a la costa mediterránea española. Tras confirmarse que las obras causaban seísmos, el proyecto quedó paralizado y serán los consumidores los que tendrán que pagar la factura de su bolsillo.

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De nuestro enviado especial en Bruselas. Junio de 2012. Un François Hollande que acababa de imponerse en las urnas prometía « reorientar » Europa. Negociaba entonces en Bruselas un « pacto de crecimiento » por valor de 130.000 millones de euros, dirigido a minimizar los efectos de las políticas de austeridad aplicadas en el continente. El plan incluía una novedad que el mandatario francés presentó en rueda de prensa, el 28 de junio de 2012, como « innovadora ». Se trataba de una forma de « colaboración de carácter público-privado » destinada a desbloquear « inversiones adicionales », para reactivar la economía de los Veintiocho.

François Hollande se estaba refiriendo aquel día a los « bonos » (lo que en el argot de Bruselas se conoce como project bonds). Básicamente, consisten en la emisión de bonos por parte de una empresa privada y, a cambio, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) dirige la operación como garantía de su apoyo. Automáticamente, esto « eleva » la calidad del crédito en los mercados, a ojos de las agencias de rating, y atrae a nuevos « inversores », como, por ejemplo, fondos de inversiones.

Se trata de una fórmula alternativa al préstamo bancario tradicional, que la Comisión pretendía poner en práctica en sectores estratégicos, como infraestructuras, energía y tecnologías de la información. La intención última, evidente, es la de recurrir al sector privado para que contribuya al estímulo económico en un periodo en el que la reducción de todas las partidas presupuestarias ha sido drástica. En verano de 2012, cuando Europa puso en marcha la « fase piloto » del lanzamiento de estos bonos, logró el consenso, también en el Parlamento Europeo (579 votos, 32 en contra, 9 abstenciones). Eso sí, el asunto apenas tuvo trascendencia fuera de las instituciones europeas. 

Dos años y medio más tarde, el « pacto de crecimiento » de François Hollande no ha producido los efectos esperados. Hasta el punto de que Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, ya prepara un nuevo plan de estímulo por valor de 300.000 euros para el próximo trienio y que debe estar listo antes de navidades. Sin embargo, ya se han emitido algunos bonos dirigidos a financiar una decena de proyectos en diferentes puntos del continente. Y este nuevo instrumento – semipúblico, semiprivado – va a ocupar sin duda un lugar destacado en los próximos anuncios que haga Juncker.