Votar contra Le Pen, votando a Macron, no significa votar a favor del programa de este último, sino que supone votar para defender la democracia como espacio de conflictos, en el que se cruzan intereses divergentes y causas enfrentadas, donde pueden manifestarse libremente sus contradicciones, su pluralismo, su diversidad, sus reivindicaciones y sus esperanzas, también frente a las políticas de una presidencia liderada por Macron.