¿Qué queda del espíritu 'Charlie Hebdo'?

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Ni rastro del espíritu corrosivo de Charlie Hebdo, ni del espíritu integrador del 11 de enero de 2015, una marcha histórica contra el terrorismo. Tres años después del atentado contra el semanario satírico, la jornada conmemorativa, bautizada con el lema « Siempre Charlie », dejó la « memoria » en un segundo plano. Ahora, el espíritu Charlie Hebdo se ha convertido en la bandera de un nuevo espacio político y mediático cuyo « combate » cultural se resume en la defensa de la laicidad.

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« En lugar de una reflexión profunda sobre las bases de un contrato social renovado, menos normativo y más pragmático, la ideología se ha instalado. “Je suis Charlie” ha pasado a ser la etiqueta mágica que hacíamos bailar al son de sus intereses, de sus combates y de sus prejuicios; en resumen, una orden. Dicha orden, que restaba valor, como suele pasar en estos casos, al impulso inicial, variaba en función de quien echase mano al lema. Su objetivo era reagrupar tanto como excluir, reagrupar excluyendo… ».

La frase no es de un islamo-izquierdista o de un peligroso sociólogo que busca excusas en lugar de explicaciones, sino que puede leerse en un artículo de Philippe Lançon, periodista en Charlie Hebdo y Libération, gravemente herido en la matanza perpetrada por los hermanos Kouachi, que diezmó la redacción del diario mártir hace menos de tres años.

Uno de esos “Je suis Charlie” venido a menos, un “Je suis Charlie” de advertencia fue el que se dejó oír en la jornada organizada, el pasado 6 de enero, por el colectivo laico Printemps Républicain, el Comité República y la LICRA, bajo el título Toujours Charlie ! De la mémoire au combat [¡Siempre Charlie! De la memoria al combate]. Tal y como se encargó de sintetizar Élisabeth Badinter, en la intervención más aplaudida, « el trabajo de intimidación de los islamistas y de culpabilización de los izquierdistas ha tenido su efecto. Al apoyo inicial le siguió el “sí, pero”; una forma elegante de decir que ya no somos Charlie. A la pregunta de “¿se puede ser todavía Charlie?”, respondo por  tanto que sí, pero sobre todo que debemos ser Charlie ».

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De modo que los asistentes a esta jornada repitieron la frase “Je suis Charlie” como un mantra, pero sin llegar a definirla en ningún momento. “Ser Charlie”, ¿es llevar la memoria y el duelo de las víctimas de los atentados yihadistas que sacudieron a Francia en 2015? Por supuesto, pero ¿se puede entonces reivindicar « el derecho a dar testimonio de nuestro duelo y nuestro dolor como nos parezca », como se reclamaba en esta tribuna, sorprendidos de que la jornada se iniciase con un estigmatizador « seguir siendo Charlie en Seine-Saint-Denis », con un programa que daba caza a los “no Charlie”, como se desprende de la presencia en esta jornada de la periodista Nathalie Saint Cricq, quien llegó a pedir « identificar y procesar a los que no son Charlie »?

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¿“Ser Charlie” es mostrar su solidaridad con un periódico cuando está amenazado a raíz de su portada sobre Tariq Ramadan o por Johny? Por supuesto, pero ¿“Ser Charlie” es, como dijo el redactor jefe de Charlie Hebdo, Gérard Biard, prohibirse « disertar sobre el buen gusto y los límites del humor », incluso si es efectivamente bastante anormal « que en democracia, un periódico de opinión se vea obligado a vivir con protección y en donde la redacción se reúne tras unas puertas blindadas »?

Dicho de otro modo, “ser Charlie” es, por supuesto, defender la libertad de expresión, pero, ¿es también hacer uso de esta libertad para criticar algunos de sus posicionamientos o a algunos de aquellos que instrumentalizan la carga simbólica del periódico en beneficio de su propia agenda política? Y esta libertad de expresión, ¿se aplica entonces también al humorista Yassine Bellatar, que ha anulado varias de sus actuaciones después de que Marianne publicara un perfil que lo presentaba como el nuevo Dieudonné y también como antisemita dado que su apoyo a Charlie no era incondicional?

“Ser Charlie”, ¿es defender la laicidad? Por supuesto, pero ¿se habla de la neutralidad del Estado en materia religiosa tal y como recoge la ley de 1905 o del uso que puede hacerse de esta laicidad para estigmatizar a los ciudadanos musulmanes de Francia?

“Ser Charlie”, ¿es aprobar la integralidad de la línea editorial del periódico satírico, aunque el filósofo y cronista de Europe 1 Raphaël Enthoven lograse el aplauso de los asistentes al afirmar que « lo que cuenta no es lo que se representa en Charlie, sino lo que Charlie representa » y que hay que diferenciar entre « defensa y adhesión », ya que « cuando se dice “Je suis Charlie”, no se trata de decir “Me suscribo a Charlie” o “Apoyo todos los dibujos de Charlie Hebdo” »?

El único amago de respuesta a estas importantes cuestiones llegó con la presentación, a cargo del director de la empresa demascópica IFOP, Frédéric Dabi, de un sondeo sobre la cuestión. El sondeo, para el que se ha entrevistado a un millar de personas, pone de relieve que « tres años después de la masacre, los franceses siguen siendo Charlie, pero que ese sentimiento se diluye con relación a enero de 2016 », estudio efectuado, hay que decirlo, tras los ataques del 13 de noviembre.

Para Dabi, el hecho de sentirse o no “Charlie” « pone de manifiesto la existencia de dos Francias que se miran cara a cara: una Francia que va bien, que votó sí en el referéndum de 2005, que vive en las grandes ciudades, que se siente Charlie, y una Francia más joven, la de las categorías populares, periférica y rural, que se siente menos Charlie ». Entre los que no se sienten “Charlie”, cerca del 39%, critican la línea editorial del diario satírico...

El panel monocolor que conformaban los participantes en la jornada parisina, y la ausencia de voces contrarias, no permitieron dar respuesta a todas estas preguntas, ahogadas como quedaron en el yoísmo, en las obligaciones y en la manera de apoderarse del espíritu de “Charlie”. Semejante panorama invitaba, al abandonar la sala, a formularse una pregunta muy infantil: ¿Dónde está hoy Charlie Hebdo?

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