El deber de hospitalidad

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Cuando en Francia la solidaridad se ha convertido en un delito, sancionado por los tribunales, la Unión Europea permite a Italia criminalizar a las ONG que auxilian a inmigrantes en el Mediterráneo. Esta política de rechazo y de indiferencia es tan irrealista como inhumana.

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Un día, nos acordaremos de Francia con vergüenza, a principios del siglo XXI, una democracia, su Estado, sus gobernantes y sus magistrados, criminalizaron un gesto elemental de humanidad: la solidaridad. Han hecho que nuestro continente, frente a un desafío humanitario sin precedentes desde las catástrofes europeas del siglo pasado, se de cita con su alma, retomando el fuerte discurso del presidente de SOS Méditerranée, Francis Vallat, ex armador fiel a las solidaridades elementales, como todo marino aprendió del mar: « En un momento dado, cuando alguien se hunde, lo salváis… Nosotros tratamos de salvar nuestra alma, la de Europa » (leer aquí nuestra entrevista).