Los abusos impunes de la operación Sangaris

Por JUSTINE BRABANT Y LEÏLA MIÑANO

Presentada como un « éxito » por el Ministerio de Defensa francés, la operación Sangaris se retiró de la República Centroafricana, a finales de octubre de 2016, dejando tras de sí múltiples denuncias de violaciones y agresiones sexuales, incluyendo el abuso de menores. Mientras la justicia francesa investiga estas acusaciones, la lista de víctimas continúa aumentando. 

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El Ejército francés no habría podido soñar con un calendario más propicio. Cuando faltaban tres semanas para que concluyese oficialmente la misión de la operación Sangaris, final previsto para el 31 de octubre de 2016, se filtró a la prensa un memorándum interno de Naciones Unidas. En el documento se recogen las acusaciones de violación que pesan sobre las tropas internacionales destacadas en el país centroafricano y sugiere que las víctimas « pudieron haber sido gratificadas económicamente para que testificaran ».

Qué importa que el documento se centre fundamentalmente en los abusos cometidos por las tropas de Gabón y de Burundi. Qué importa que no cuestione las acusaciones de violaciones de menores de las que se culpó a soldados franceses en las inmediaciones del campo de refugiados de Mpoko, en Bangui, capital de la República Centroafricana. Qué importa que dichas « gratificaciones económicas » se refieran a las ayudas proporcionadas por organizaciones humanitarias. Se ha sembrado la duda. Y el Ministerio francés de Defensa se aprovecha al subrayar la « frivolidad » de Unicef, que ha reunido los testimonios acusadores.

Con una duración prevista de seis meses, la operación Sangaris permaneció casi tres años en la República Centroafricana. Con una duración prevista de seis meses, la operación Sangaris permaneció casi tres años en la República Centroafricana.

Sin embargo, pocas dudas tiene quien se molesta en llevar la investigación hasta Boda. Situada a 190 kilómetros de Bangui, conserva la atmósfera de las pequeñas ciudades mineras. La carretera que conduce a la localidad puede decirse que está bien conservada: nos encontramos en la región natal del presidente fundador de la República Centroafricana Barthélémy Boganda y del autoproclamado emperador Jean-Bedel Bokassa. La arteria más animada de la ciudad es una estrecha franja de tierra batida que parte de la rotonda donde esperan los mototaxis. Allí, la que fuera una estación de servicio Total ha sido reconvertida en bar. Cuando cae la noche, los buscadores de diamantes dejan la mina y se disponen a gastar en cervezas las eventuales ganancias del día. Allí, en un bosque ecuatorial, se encuentra la supuesta prueba de que un soldado francés agredió sexualmente a una menor.

La familia Pazoukou vive en una casa de ladrillo, a 200 metros de la antigua estación de servicio Total. La puerta de la entrada carece de cerradura. El joven Elie* alegra el ambiente con sus balbuceos. Tiene 17 meses y disfruta jugando con la papilla del desayuno. Tiene la tez clara. En el vecindario le llaman « el francés ».

  • 15.000 francos CFA

Cuando los soldados franceses de la fuerza Sangaris llegaron a Boda, en febrero de 2014, instalaron su base en pleno centro de la ciudad. Trataron de interponerse entre grupos antibalaka –erigidos en defensores de los cristianos de la ciudad– y grupos de « autodefensa » musulmanes. En aquel momento, las matanzas ya habían causado cientos de víctimas.

Noella Pazoukou, una de las mujeres de la familia, empezó a vender tomates a los sangaris en un pequeño puesto situado frente a la base. El cabello, peinado con trenzas, dejaba al descubierto un rostro adolescente. Un día del verano de 2014, un militar francés se fijó en ella. A través de un intermediario, un joven de la zona de nombre Alban, le dijo unas palabras bonitas y la citó una tarde a las 18.00. La adolescente aceptó sus proposiciones. « Me invitó a entrar en una casita del campamento. Hicimos el amor. Fue mi primera vez. Al acabar, me dio 15.000 francos CFA [23 euros]. Pero en el camino de vuelta, los antibalaka, que estaban patrullando, me los quitaron », cuenta Noella en su lengua materna, el sango, con la voz temblorosa. La joven no habla francés: abandonó los estudios en primaria. La meningitis que padeció a los siete años le ha dejado secuelas; durante mucho tiempo perdió el habla y sigue teniendo problemas de audición. La entrevista se desarrolló, en su casa, los días 13 y 14 de octubre de 2016, su relato se ve interrumpido por las idas y venidas al tenderete que le sirve de cocina donde mantener el fuego: « Nos volvimos a ver otra vez, en el mismo sitio. Tuvimos otra relación sexual. Y después, un día, se marchó con el resto de sus compañeros. Nunca he vuelto a tener noticias suyas ». 

  • ¿Menor en el momento de los hechos?

A principios de 2014, los soldados franceses destacados en Boda cedieron el testigo a los cascos azules de la Minusca, la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de Naciones Unidas en la República Centroafricana y regresaron a Francia. Noella se vio atrapada por la guerra. Junto a su madre y sus siete hermanos y hermanas, tuvo que dejar la casa familiar. « Huimos a la selva por las masacres cometidas en la ciudad. Entonces ya estaba embarazada. Al volver a casa fue cuando le dije a mi madre que no me encontraba bien ». La progenitora –cuyo marido murió cuando Noella todavía era una niña– trató de sacar adelante a la familia vendiendo hojas de koko y orugas tostadas. Cuando la niña le contó que se había quedado embarazada de un soldado francés, a Solange Pazoukou le costó creerla. Hasta el día del parto, cuando vio el rostro del bebé, de tez prácticamente blanca.

Cuatro meses después del nacimiento de bebé, en agosto de 2015, Solange Pazoukou presentaba una denuncia ante las autoridades centroafricanas, después de « haber escuchado en la radio un programa sobre abusos sexuales ». El 4 de septiembre de 2015 se abrió una investigación por « la violación cometida por una persona que abusó de la autoridad que le confieren sus funciones », según confirma la Fiscalía de París. Si bien no ha quedado demostrado que hubiese forcejeo ni violencia, el autor puede ser acusado de agredir sexualmente a una menor de más de 15 años, abusando de la autoridad que le confería el ejercicio de sus funciones (artículo 227-27 del Código Penal francés) y de violación de consignas. Porque Noella, en el momento en que sucedieron los hechos, muy probablemente era menor. Tenía 16 años, según los resultados preliminares que se desprenden de las investigaciones llevadas a cabo en Francia. 16 años, dicen tanto su madre como el fiscal de Boda, Olivier Mbombo Mossito.

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#ZERO IMPUNITY ha abierto una petición en Change.org para pedir al presidente de la República Francesa, François Hollande, antes de abandonar el cargo, dentro de apenas cuatro meses, que siente las bases de un plan de acción contra la impunidad de la violencia sexual de algunos de sus soldados y presente una hoja de ruta clara a su sucesor en esa dirección. Si quieres apoyar la petición con tu firma, haz clic en este enlace.

Mediapart y su socio editorial infoLibre forman parte del proyecto internacional ZERO IMPUNITY (Impunidad Cero). Este consorcio integrado por varios medios de comunicación documenta y denuncia la impunidad que ampara a los autores de agresiones sexuales en conflictos armados.

En colaboración con un consorcio de medios de comunicación internacionales, Mediapart e infoLibre publicarán seis investigaciones exclusivas que desentrañan los mecanismos de impunidad existentes en el seno de nuestras instituciones públicas, de nuestras organizaciones internacionales e incluso de nuestros Ejércitos. ZERO IMPUNITY también es un trabajo de investigación que incluye una verdadera acción ciudadana.

Nicolas Blies, Stéphane Hueber-Blies y Marion Guth (a_BAHN), que se definen como « documentalistas activistas », han hecho posible el proyecto. Una entrevista con una víctima se encuentra en el origen del proyecto, se trata de un testimonio que les afectó especialmente. « Si me permito hablarles hoy, y por tanto descubrirme, es preciso que tenga la certeza de que mis palabras serán escuchadas ». La frase resono en ellos como un detonador. Las agresiones sexuales en conflictos armados están detrás de las condiciones de su propia impunidad. ZERO IMPUNITY destapa los juegos del poder, las relaciones de fuerzas y las deficiencias judiciales existentes el seno de las grandes instituciones y de los Estados. ZERO IMPUNITY aspira a replantearse la noción de activismo online movilizando a los lectores gracias a testimonios firmes y a investigaciones concluyentes.

Además, con la primera manifestación ciudadana virtual, este proyecto pone a disposición de los ciudadanos una herramienta viral dirigida a presionar a los Estados y a las instituciones internacionales con el objetivo de lograr cambios concretos y de dar voz con ella a las víctimas para que se haga más justicia.