Portugal en llamas: crónica de una tragedia anunciada

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El bosque se quema. El bosque mata. 64 muertos cerca de Leiria. ¿Qué bosque? El que las celulosas han impuesto a un Portugal interior, despoblado, desheredado, olvidado. Un plan de reforma creado en 2005 ya exigía un « nuevo paradigma ». La clase política, ahora unánime en su compasión, ¿continuará negando su responsabilidad?

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Lo más sorprendente de la terrible tragedia de Pedrógão Grande es que no haya sucedido antes, puesto que hace más de tres décadas que decenas de miles, cientos de miles de hectáreas del territorio portugués son pasto de las llamas cada verano por razones bien conocidas. Las responsabilidades políticas son múltiples pero se da la circunstancia de que el actual jefe del Gobierno socialista, Antonio Costa, impulsó, en 2007, en su condición de ministro del Interior, un plan de protección forestal, en el que se privilegiaba la « lucha » contra el fuego en lugar de la prevención. Una opción más sencilla pero funesta. En el sentido estricto y en el figurado.

A pesar de la ligera mejora de las condiciones meteorológicas « excepcionales » (la tradicional ola de calor del mes de junio, más precoz, más larga y más intensa que nunca), un millar de soldados del fuego, que cuentan con el apoyo de medios aéreos llegados también de España, de Francia y de Italia, seguían luchando este martes contra las llamas que todo lo devoran, desde el sábado 17, en el distrito de Leiria, en el centro del país. En el territorio, en torno a 4.000 bomberos trataban de combatir más de 160 focos activos; uno de los principales se encuentra en Pampilhosa da Serra (donde Miguel Gomes situó su preciosa película Aquel querido mes de Agosto). Por su parte, el Gobierno –parte del Ejecutivo se desplazó el domingo a la zona afectada donde se reunió con las autoridades locales para organizar la atención que necesita la población afectada– ha decretado tres días de luto nacional después de un drama sin precedentes que ha causado 62 muertos y otros tantos heridos, algunos de ellos graves, dejando a familias enteras afectadas, aldeas aisladas arrasadas por las llamas, carreteras cortadas, infraestructuras destruidas, etc.

El presidente de la República Marcelo Rebelo de Sousa, especialista compulsivo de la compasión, se desplazó a la zona el domingo por la mañana para decidir que « se había hecho todo lo posible » y que no era el momento de « hacerse preguntas ». Un discurso que hizo suyo el conjunto de la clase política, de Catarina Martins (Bloque de Izquierda) a Pedro Passos-Coelho (PSD), jefe del anterior Gobierno de centroderecha. El Ministerio Público ha abierto una investigación criminal para determinar el origen del fuego, incluso si todo apunta a que se debió a causas naturales: una tormenta seca (sin precipitaciones) en una zona invadida por la silvicultura de la industria de la celulosa. Pero, sobre la forma en que este episodio meteorológico pudo derivar en semejante tragedia, no parece necesario investigar.