Molenbeek: la espiral de la miseria y el Islam radical

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Desde los atentados de París, Molenbeek, un popular barrio de Bruselas, se identifica como la cuna del terrorismo europeo, según el veredicto unánime de los medios. Una periodista de Mediapart desmonta sobre el terreno estereotipos e indaga sobre la fascinación que ejerce sobre algunos jóvenes musulmanes el terrorismo yihadista.

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De nuestra enviada especial en Molenbeek-Saint-Jean (Bruselas, Bélgica).- Souad (*) se hundió en lágrimas y oraciones cuando supo que dos de los hermanos Abdeslam estaban involucrados en los asesinatos de París. Que el primero, Brahim, se había inmolado frente a un bar del distrito XI « como si estuviera en Kabul » y el otro, Salah, había huido. « Sentía que la desgracia se acercaba una vez más al barrio ». Ya el pasado verano durante las vacaciones, en su pueblo natal del norte de Marruecos, había pedido a su marido, jubilado de la Stib (la red municipal de autobús de Bruselas), que convenciese a sus hijos para quedarse allí. « Marruecos es una dictadura, pero prefiero la dictadura a la anarquía, allí los policías dan miedo, pero nuestros nietos estarían controlados. No como en Molenbeek, donde todo vale y los niños andan por la calle día y noche ».

Souad ya se encontraba mucho antes « traumatizada, sobrepasada » por la historia de la familia N. Eran unos primos lejanos, inmigrantes en Bélgica como ellos, que habían organizado una talba –lectura del Corán– en memoria de uno de sus hijos pequeños, velozmente radicalizado y que, siguiendo la llamada de Daesh, se había marchado a Siria. Murió meses más tarde, « mártir », según un breve mensaje de la organización, que había sumido a la madre en la locura y al padre en la depresión. Souad, de unos 60 años, se veía a menudo con las mujeres de esta familia alrededor de un té de menta para pasar la tarde, « pero desde esta tragedia, no se tratan con nadie, la yihad es un tema tabú, las familias se avergüenzan, como si hubieran sufrido la ira de Satán ».

ambiance-ville © Pauline Beugnies- Out Of focus ambiance-ville © Pauline Beugnies- Out Of focus

En su salón oriental y bajo una foto de La Meca, donde fue de peregrinación, Souad, con un rosario en la mano, se pregunta « qué droga damos a nuestros hijos para que se conviertan en monstruos ». Dice que ya no sale por miedo a ser acosada por los periodistas. « Nos toman por animales », señala. Llora por las víctimas de París, por « los musulmanes de Europa que van a estar aún más estigmatizados », pero también por « el infierno que debe vivir la madre de los Abdeslam ». « Esto es un pueblo, nos conocemos todos », cuenta a Magreb TV, una televisión belga comunitaria que transmite en árabe y que ha enviado sus cámaras a la plaza de Molenbeek.

El barrio de Molenbeek es una de las grandes almas que conforman Bruselas, la capital de Europa. Los jueves se celebra un mercado que, según comenta un comerciante que se presenta como « uno de los pocos blancos » del lugar,  « da la impresión de estar en Tánger ». A su juicio, Molenbeek se ha convertido en « un laboratorio de una población en un 90% musulmana », « un gueto étnico ». Casi 100.000 habitantes en apenas seis kilómetros cuadrados. Más del 50% de la población está compuesta por inmigrantes marroquíes o sus descendientes, concentrados en la parte baja de la ciudad, en el triángulo Comte de Flandre-Étangs noirs-Ribaucourt.

Abandono escolar, desempleo (60% en el caso del paro juvenil), discriminación desde la escuela a la contratación. En Molenbeek existen muchas familias hacinadas en pequeñas viviendas que, en algunos casos, no alcazan las condiciones necesarias de salubridad (WC, ducha...). Tráfico de drogas, vandalismo... Apodado como el « pequeño Manchester », este barrio obrero florecía en la década de los sesenta cuando de golpe se tuvo que enfrentar el proceso de desindustrialización. Cincuenta años después del primer acuerdo bilateral de contratación de mano de obra entre Bélgica y Marruecos, Molenbeek es el emblema de la creciente pobreza y delincuencia de Bruselas. Todos los indicadores sociales son negativos, todo ello a pocos kilómetros de la rotonda Schuman y de las instituciones europeas.

La plaza de la ciudad desde el comercio pakistaní en la planta baja del edificio donde vive la familia Abdeslam. © Pauline Beugnies- Out Of focus La plaza de la ciudad desde el comercio pakistaní en la planta baja del edificio donde vive la familia Abdeslam. © Pauline Beugnies- Out Of focus

Desde el sábado pasado, los medios de comunicación de todo el mundo tratan de comprender cómo es este barrio, que el ministro del Interior belga, Jan Jambon, de la muy derechista N-VA, quiere « limpiar » porque se ha convertido en « un nido de yihadistas ». Los medios ocupan la plaza del ayuntamiento con sus furgonetas con satélite. Van y vienen de la casa consistorial, contigua a la comisaría de policía, en el número 30, en el otro extremo de la plaza, un pequeño edificio de tres pisos encima de una tienda paquistaní en la que se venden telas orientales. Es aquí, en una vivienda social, donde vive la familia Abdeslam, bajo una presión mediática máxima.

Al final de la tarde del lunes 16 de noviembre, a la puerta del edificio, Mohamed, el hermano mayor de los dos presuntos terroristas, empleado en el departamento de población del ayuntamiento desde hace diez años, habló bajo los flashes después de su detención durante horas: « He sido acusado de actos terroristas (...) pero nunca he estado vinculado de ninguna manera a una intervención en París. (...) La gente del barrio sabe lo que soy y no soy capaz de hacer. Nunca he tenido problemas con la Justicia. Tenía una coartada ». Momo, como le llaman sus colegas, asegura que « no había notado nada » en sus hermanos. Como todos los que conocían a Salah y a Brahim Abdeslam.

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