« LuxLeaks », un escándalo que llega con años de retraso

Por

Hay que aplaudir las revelaciones publicadas por cuarenta medios de comunicación sobre los acuerdos secretos existentes entre el fisco luxemburgués y 300 multinacionales, entre ellas Apple, Ikea o el BNP, pero algunas de estas informaciones ya habían salido a la luz, sin que se armase revuelo alguno, ni tan siquiera entre los jefes de Estado europeos que terminaron por colocar a Juncker al frente de la Comisión Europea.

Artículo en acceso libre. Descubre y lee todo en Mediapart Abonarse

¿ Tiene Juncker un problema en la Unión Europea ? Posiblemente. ¿ Se trata de algo que acaba de descubrirse ? Desde luego que no, pese a lo que se podría pensar a tenor de las reacciones de estos últimos días tras las revelaciones periodísticas sobre las prácticas fiscales de Luxemburgo.

El miércoles 5 de noviembre, a última hora, cuarenta periódicos de diferentes países publicaron una investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés). Se trata de documentos comprometedores para el Gran Ducado : los acuerdos fiscales firmados por más de 300 empresas y el fisco luxemburgués, que permitieron a las multinacionales dejar de pagar cientos de millones de euros en impuestos, a menudo gracias a la creación de sociedades pantalla en Luxemburgo o mediante las prácticas contables más enrevesadas y todo ello con la aquiescencia de los dirigentes de ese país.

Estos acuerdos ventajosos, conocidos como « rulings » fiscales, que datan en su mayoría de los años 2008 a 2010, fueron negociados por la compañía de auditoría y asesoramiento PricewaterhouseCoopers (PwC). Afectan tanto a empresas pequeñas desconocidas como a los gigantes Apple, Amazon, Verizon, Heinz, Pepsi o Ikea, tal y como se recoge en sendos artículos aparecidos en Le Monde en Francia y en Le Soir en Bélgica. Según Le Monde, las empresas francesas firmaron 58 de los 548 acuerdos existentes. Entre los firmantes figuran los bancos Crédit Agricole y BNP Paribas y la compañía aseguradora Axa, cuyos acuerdos están relacionados con la gestión de activos y los fondos de inversión, actividad esta en la que Luxemburgo ocupa el número 2 mundial del escalafón, solo por detrás de Estados Unidos.

Comment le Luxembourg aide les entreprises à s'exiler fiscalement ? © Le Monde.fr

La publicación de este maremágnum de documentos, en un caso bautizado como LuxLeaks, en referencia a los escándalos del año pasado sobre los paraísos fiscales denominados Offshore Leaks, adquiere un alcance especial a pocos días de la cumbre del G20 de Brisbane, en Australia, que se celebrará los días 15 y 16 de noviembre. Precisamente, en ese escenario, los jefes de Estado y de Gobierno de las 20 principales economías mundiales debían adoptar el plan de la OCDE de lucha contra la fiscalidad a la carta de las multinacionales. El trabajo del ICIJ y de sus socios deja, sobre todo, en una posición muy delicada a Jean-Claude Juncker, el flamante presidente de la Comisión Europea. No en vano, fue primer ministro de Luxemburgo durante 18 años (de 1995 a 2013), después de haber sido ministro de Finanzas durante seis (de 1989 a 1995).

Tras ser propuesto en junio por los jefes de Estado europeos, Juncker fue finalmente ratificado en una votación celebrada en el Parlamento Europeo a finales de octubre. Algunas voces autorizadas ya discuten que se mantenga en el puesto. Un editorial de Financial Times del pasado lunes 10 de noviembre insta a « hablar de Luxemburgo y de los impuestos », al estimar que la Unión Europea « no puede seguir tolerando el importante papel del Gran Ducado con respecto a la evasión fiscal ». El sitio web dependiente de la cadena de información económica norteamericana Bloomberg estima sin rodeos que Juncker « debe irse ». Una posición también defendida en Francia por Marine Le Pen.

Hasta este miércoles 12 de noviembre, el luxemburgués no había respondido y se había limitado a esquivar los ataques. El jueves 6 de noviembre, horas después de hacerse públicas las informaciones del consorcio de periodistas, anuló in extremis una intervención pública prevista en Bruselas tiempo atrás y dejó a su portavoz, Margaritis Schinas, sola frente a la prensa. Tenía una consigna clara, la de no responder, tal y como quedó de manifiesto, ya que Shinas se limitó a declarar : « Juncker ya ha tenido ocasión de manifestar su parece sobre asuntos relacionados con la fiscalidad. Es partidario de una mayor armonización fiscal », tras asegurar que el presidente de la Comisión estaba « sereno » y « muy bien ».

Los mil y un hilos luxemburgueses  

Sin llegar a encontrarse « muy bien », Juncker sabe perfectamente que no tiene mucho que temer por parte de aquellos que lo nombraron para el cargo. No en vano, todo lo que se ha dicho de Luxemburgo a raíz del escándalo LuxLeaks ya se sabía. Y Mediapart ha denunciado sistemáticamente que era insostenible mantener a Juncker como dirigente de la UE, sobre todo a raíz de su preselección por el PPE, el partido europeo al que pertenece, y más tarde al ser nombrado por los jefes de Estado. El resto de países ya está a la defensiva, como se puso en evidencia en la rueda de prensa del lunes de Pierre Moscovici, flamante comisario de Asuntos Económicos y exministro de Economía francés. « El presidente, como todos nosotros, es consciente de que entramos en otro mundo. Un mundo donde prácticas como el secreto bancario van a dejar de existir », juró.

Una afirmación que despierta una sonrisa porque Juncker nunca ha renegado del sistema luxemburgués, que se puso en marcha cuando él dirigía, que ha hecho de este minúsculo Estado el segundo más rico del mundo y que consiste en atraer a las grandes empresas por (casi) todos los medios. Mediapart dedicó toda una serie de reportajes de investigación a desentrañar el modo en que Luxemburgo ha llegado a ser en unas décadas el agujero negro de las finanzas europeas, a la vez paraíso fiscal en el seno del continente y pieza fundamental en el engranaje de la UE, hasta el punto de imponer sus condiciones en todos los asuntos financieros. Nuestro artículo detallaba las estrategias luxemburguesas para que las multinacionales pagasen menos al fisco si se instalaban en su territorio, unas tretas que siguen siendo perfectamente válidas. Por ello, hablar ahora del descubrimiento de estas prácticas y de las retorcidas reglas de juego que prevalecen en el Gran Ducado constituye, en el mejor de los casos, toda una lección de hipocresía. ¿ Quién podía ignorar el problema cuando un país de 500.000 habitantes cuenta con un registro de más de 100.000 empresas ? Y más aún cuando tal y como confesó uno de los responsables de la Cámara de Comercio « solo 30.000 son empresas con actividad real ».

Continùa leyendo en Mediapart Acceso ilimitado al periódico participación libre en el club Abonarse