El racismo nos asfixia

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Como guardianes de la paz pública, la policía es el espejo de un Estado. Cuando el racismo la gangrena, es porque el poder, sus cúspides y sus élites, están enfermas, infectadas por un odio sordo hacia la democracia, el pueblo, la igualdad. Esta constatación es válida para Francia, no sólo para Estados Unidos.

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« I can’t breathe » (« No puedo respirar »): esta frase se ha convertido en el grito de guerra de manifestaciones masivas y espontáneas contra la violencia policial, cuyas primeras y principales víctimas, en la vida cotidiana, son las personas racializadas.