¿Es Marine Le Pen el último recurso de los más pobres?

Por Nonna Mayer

En 2012, la izquierda francesa obtuvo sus mejores resultados entre los votantes más desfavorecidos. En las regionales de 2015 ese electorado se decantó por el Frente Nacional y, en las próximas presidenciales, es muy posible que voten por Marine Le Pen.

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En las últimas presidenciales, la izquierda consiguió sus mejores resultados entre los votantes más desfavorecidos. Para ellos, François Hollande era entonces el candidato « que defendía a los pobres », « los obreros », « el ámbito social » y la izquierda « tiene corazón ». Tras tres años de Gobierno socialista, ese vínculo ha desaparecido. En las últimas regionales [2015], ese electorado se decantó por el Frente Nacional. Y, el próximo 23 de abril, hay grandes posibilidades de que voten por Marine Le Pen.

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Dos estudios –uno realizado después de las presidenciales de 2012 y el otro tras las regionales de 2015– lo demuestran. Ambos incluyen un índice sobre la precariedad, el EPICES –siglas francesas correspondientes a « Evaluación de la precariedad y de las desigualdades sanitarias en los centros de salud »–.

Pensado inicialmente para detectar la fragilidad social de la población que acude a los centros sanitarios de la Seguridad Social, se trata de un indicador multidimensional. No tiene en cuenta sólo la pobreza monetaria, sino también la vivienda, el acceso a los cuidados, el aislamiento social y cultural. Este índice se desarrolla a partir de 11 preguntas simples, a las que los sondeados deben responder con sí o no. Las respuestas, ponderadas, permiten calcular un grado de precariedad que varía entre el 0 (ausencia de precariedad) y 100 (precariedad máxima).

Marine Le Pen en el mercado de Hénin-Beaumont, el 29 de mayo de 2012. © Reuters Marine Le Pen en el mercado de Hénin-Beaumont, el 29 de mayo de 2012. © Reuters
En la muestra de la investigación de 2015, representativa del electorado francés inscrito en el censo, el resultado medio de dicho indicador fue de 22. Si se clasifica a las personas en 5 grupos iguales o « quintiles » por nivel creciente de precariedad, el resultado pasa de 0 en el primero, el de los « no precarios », a 49 en el último, el de los « muy precarios ». Las desigualdades entre estos dos grupos son sorprendentes cuando se analizan los elementos del índice. Todos los del primer quintil viven en pareja, son propietarios de la vivienda en que residen, han ido de vacaciones, hacen deporte, fueron a espectáculos en los últimos 12 meses, no tienen problemas para llegar a fin de mes y, en caso de necesidad, cuentan con alguien a quien recurrir. En el otro extremo, en el último quintil, el 55% de los encuestados viven solos, el 36% de ellos son dueños de la vivienda en que residen, el 40% hizo deporte en el último año, el 30% pudo marcharse de vacaciones, el 39% asistió a algún espectáculo, la mitad no tiene a nadie a quien acudir en caso de necesidad y el 76% tiene problemas para llegar a fin de mes. La afiliación política de estos dos grupos también está demostrada.

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Con independencia de las elecciones de las que se trate, a mayor grado de precariedad, menor confianza en la política. En la primera vuelta de las presidenciales de 2012, el índice de abstención declarado era tres veces menor entre los « no precarios » que entre los « muy precarios », mientras que, en la segunda vuelta, había 15 puntos de distancia entre ellos. La proporción de abstencionistas reincidentes, que no votaron en ninguna de las dos vueltas, pasa del 6% en el primer quintil al 19% en el segundo.

Y, si bien en las regionales de 2015 la movilización fue mucho menor que en las presidenciales, la diferencia de participación es similar, sobre todo en la segunda vuelta, cuando la abstención entre los « muy precarios » fue 23 puntos superior a la registrada entre los no precarios. Cuantos menos medios tiene un elector, menos se deja oír su voz, menos cuenta. La exclusión social nutre la exclusión política.

No hay movilización sin confianza
No hay confianza sin verdad
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Nonna Mayer, directora de investigación en el CNRS, adherida al Centro de Estudios Europeos de Sciences-Po, especialista en el Frente Nacional desde hace más de treinta años, ha codirigido Les Faux-semblants du Front national – Sociologie d'un parti politique (Presses de Sciences-Po, 2015).