Cuando detuvieron a Assange…

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El destino de Julian Assange, como el de Chelsea Manning o Edward Snowden, trasciende su persona, sus faltas o sus errores. Lo que el poder estadounidense y sus aliados estatales quieren hacerle pagar no es más que haber descubierto la vía de una nueva utopía democrática cuya arma pacífica es el derecho a saber.

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Erróneamente atribuida al dramaturgo Bertolt Brecht, una parábola inventada justo después de la Segunda Guerra Mundial por un pastor alemán designa al primer aliado de los enemigos de la democracia y de los adversarios de nuestras libertades: la indiferencia, nuestra indiferencia. Con diferentes variantes, enfatiza sobre cómo uno siempre encuentra buenas excusas para no preocuparse por el destino de las primeras víctimas de las derivas o de regímenes autoritarios. En este caso, en el contexto de la década de 1930, la excusa de no ser comunistas para permanecer en silencio cuando vinieron a buscarlos, ni socialdemócratas, ni sindicalistas, ni judíos cuando fue su turno. « Cuando vinieron a buscarme, no quedaba nadie para protestar », concluye la fábula.