Entrevista a Emmanuel Macron: la desacralización

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Vamos a hablar mucho sobre la entrevista de la noche del domingo 15 de abril, dando puntos a los participantes -Emmanuel Macron, Jean-Jacques Bourdin y Edwy Plenel- como si se tratara de un combate de boxeo. Error, fue solo una entrevista. Pero, al mismo tiempo, también fue una ruptura. Nunca antes un presidente francés había sido interrogado de tal manera, y este tono creará jurisprudencia.

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Reconozcámoslo, aquellos que esperaban el colapso de Emmanuel Macron frente a las embestidas del tándem Plenel-Bourdin estarán decepcionados. Macron se tambaleó durante media hora, después retomó el equilibrio y, como mínimo, no perdió nada en este enfrentamiento.

Entrevista íntegra a Emmanuel Macron (en francés).

Esta velada televisada, que no cambiará el curso de la historia política, ni la naturaleza de las instituciones, es, sin embargo, un evento. Desde la deferencia de Michel Droit en 1965 hasta el amable intercambio de Jean-Pierre Pernaut el pasado jueves, la entrevista de este domingo marca un cambio de época. Algo así como una desacralización.

Hemos visto a presidentes de la República sacudidos por sus entrevistadores, François Mitterrand por Anne Sinclair en el momento del affaire Pelat, o Nicolas Sarkozy contra Patrick Poivre d'Arvor diciéndole que estaba « emocionado como un niño pequeño », pero la función presidencial imponía, en cada ocasión, una genuflexión por parte de los periodistas que hacía reír a la prensa internacional.

 © Reuters © Reuters
Esta época ha terminado. Nunca un inquilino del Palacio del Elíseo, nombrado durante toda la emisión por su nombre y apellido, evitando la larga citación Monsieur le President, había sido interrogado de tal manera. Que el principal interesado tuviera o no la capacidad de hacer frente a estas cuestiones es otra historia. El hecho es que hemos pasado de una monarquía a un poder más secular, un poder que conserva sus atributos pero hacia el cual los representantes de la prensa finalmente levantan la mirada y la voz.

Preguntas desde abajo, respuestas desde arriba

El primer cuarto de hora, dedicado a Siria, fue solo un preludio. Haciendo uso de su papel constitucional como jefe de Armas, Emmanuel Macron enfatizó en « la efectividad de los ataques », mientras se defendía de haber « declarado la guerra ». Un poco molesto por los recordatorios sobre su papel como « policía del mundo », o sobre su manera de querer « obtener la paz mediante la comisión de un acto de guerra », quiso dar una lección a sus interlocutores: « Desde donde estoy yo, no podemos contentarnos con dar lecciones de moral mientras vemos como un pueblo es gaseado.»

Yo presidente y vosotros entrevistadores... A Edwy Plenel, que le hacía remarcar « usted es el único que decide », respondió evocando las instituciones: « Su pregunta es la de nuestra Constitución. No la cambiaremos porque a usted no le guste.» Estas idas y venidas entre las preguntas, desde abajo, y sus respuestas, desde las alturas, no se detuvieron en dos horas y cincuenta minutos de entrevista.

El tono se elevó a propósito de los diferentes movimientos sociales. Ferroviarios, estudiantes, jubilados, hospitales, Notre-Dame-des-Landes. Para Emmanuel Macron, no hay ningún tipo de « coagulación ». « El descontento de los ferroviarios o de los estudiantes no es el mismo que el de los hospitales, está vinculado a una situación instalada desde hace años ». Antes de atacar a los ‘zadistes’: « La ira de esa gente, que continúa protestando a pesar del abandono del proyecto (la construcción del aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes), no es legítima.»

Estuvimos allí. Y las acusaciones poco discretas contra sus interlocutores (« No me gusta la deshonestidad intelectual, yo la combato ») no impidieron que la tensión se instalase, especialmente cuando se abordó el tema del fraude fiscal.

El cuarto de hora se volvió difícil para el presidente, sometido a una avalancha de reclamos que nunca habíamos visto, ni escuchado, en este tipo de citas. Emmanuel Macron, preguntado sobre si Luxemburgo, Irlanda o los Países Bajos, son o no paraísos fiscales, se embarcó en una definición alternativa y enrevesada: « Son Estados donde las reglas permiten una elusión masiva ». Entonces, ¿se trata de paraísos fiscales? No, según el presidente, porque no se debe confundir « fraude y optimización ». Arrinconado, finalmente espetó: « No doy lecciones de moral », antes de admitir: « Este escándalo moral debe ser desconstruido correctamente »...

La mención de Bernard Arnaud le enojó: « No tengo amigos. Estas son insinuaciones. No estoy aquí para juzgar a este o a aquel. » Y cuando se citó el caso de François Pinault que evitó pagar 2.500 millones de impuestos, de los cuales 200 millones a Francia, recurrió a la tercera persona del singular: « El Presidente de la República no da instrucciones en materia de control fiscal.»

En ese instante, Macron parecía desestabilizado. Se defendió centrándose en los procedimientos de control, y finalmente improvisando esta frase extraordinaria: « ¡Es un desorden, pero hay reglas! »

Los diez minutos que siguieron no fueron más cómodos. Se trata de la situación de Carrefour, de la parte consagrada a los accionistas y de las migajas repartidas entre los empleados. Intenta esquivar, admite una injusticia, intenta demostrar que su papel no es interferir en las decisiones de los consejos de administración, ironiza sobre « las instrucciones » que le daría uno de sus entrevistadores, y se agarra a las últimas ramas recitando uno de sus mantras favoritos: « La solución es permitir un diálogo social más eficaz. » Ah, bueno.

Después de una hora, el Presidente de la República parece un tanto indefenso.

22h, Macron recupera sus cartas

No se hundirá. Aprovechando una pregunta sobre el impuesto a la propiedad, desarrolla un razonamiento técnico en el que recupera su equilibrio, y pasa a la reforma de los hospitales. No anuncia nada específico, pero constata el profundo malestar y lo atribuye a treinta años de imprevisión, de los que no es responsable, y a la tarificación por servicio que « estrangula a los hospitales desde hace décadas ». Esta empatía mostrada hacia el personal y los enfermos, este diagnóstico, y la promesa de medidas eficaces, lo devuelven a una buena posición.

Todo confirmando la hipótesis de un segundo día trabajado gratuitamente, se aplicará a los establecimientos de acogida de personas mayores (los Ehpad), el mismo tipo de reflexión: reconocer una deficiencia y comprometerse a revisar en profundidad la situación del acompañamiento de la dependencia.

A las 22h Macron retomó sus cartas. Sobre la SNCF, se aferra a su reforma, se compromete a que el Estado asumirá la deuda sin dar detalles y se molesta ante los reclamos de uno de sus interlocutores, sobre las acusaciones contra los trabajadores ferroviarios en comparación a la responsabilidad de sus dirigentes. ¿Qué hay del CEO, Guillaume Pepy, en el cargo desde 1998? ¿Y de la ministra Florence Parly, que recibía 52.000 euros al mes? Respuesta: « No creo en la política de huelgas. Nunca dije que era responsabilidad de los ferroviarios. Pero no condenaré ni a unos ni a otros.»

Esta será una de las últimas escaramuzas. Con la cuestión sobre el Islam, después sobre la inmigración, donde prevé un nuevo marco para el « delito de solidaridad », la última hora fue ventajosa para Macron, y se felicitó: « El ejercicio de esta noche es inédito en la historia de la República.»

Es verdad, y más allá de los beneficios políticos que el actual presidente puede aspirar a obtener, la noche del domingo 15 de abril tendrá consecuencias, al menos formales. Es difícil imaginar retroceder en los informes de la prensa francesa y del presidente de la República. La deferencia ya no está de moda.

Versión y edición española : Irene Casado Sánchez.

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