La última ruptura

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Introducir en nuestra Constitución la retirada de la nacionalidad para los binacionales nacidos franceses será un atentado contra la República, arruinando su principio de igualdad para todos los ciudadanos sin diferenciar entre su origen. Llevando a cabo este proyecto, la presidencia de Hollande y el gobierno de Valls firman su propia retirada política, la última ruptura con el pueblo de izquierdas que les eligió.

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La historia de la izquierda está plagada de momentos donde lo esencial es, muy a menudo, puesto en riesgo, cuando aquellos que la proclaman y la abanderan traicionan sus bases más esenciales. Ya no se trata de si estamos de acuerdo o no con las políticas económicas, sociales, o europeas llevadas a cabo, la cuestión que se plantea hoy ahoga, de forma permanente, una identidad política, más allá de sus consecuencias momentáneas. Incluso, si esta no es propietaria de la moral o del bien, la izquierda, en nuestra historia republicana, se ha construido a partir de la exigencia democrática fundamental fruto de la filosofía del derecho natural y de su primera traducción política: la Declaración de los Derechos Humanos de 1789. Esta ha sido siempre su escudo, su grito de lucha, su último refugio.