En Portugal, la austeridad no pasa factura a la coalición en el Gobierno

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En vísperas de las elecciones parlamentarias, que tandrán lugar este domingo 4 de octubre en Portugal, el partido de centroderecha en el poder se distancia del Partido Socialista pese a cuatro años y medio de austeridad. ¿Estamos ante la « excepción lusa » en el panorama político europeo?

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Si se cumplen los pronósticos que vaticinan los sondeos, este domingo, el electorado portugués puede otorgar la mayoría simple a la coalición saliente de centroderecha formada por el PSD y el CDS. Parece que los cuatro años y medio de austeridad, o de ajustes económicos, a los que se ha visto sometido el país desde que solicitó el rescate en la primavera de 2011, no pasan factura al Ejecutivo portugués. De confirmarse estos resultados, estaríamos ante una excepción en el panorama político europeo: un país intervenido por la troika, donde ni el populismo de extrema derecha antieuropeo, ni la « izquierda radical » han conseguido alterar la hegemonía de los partidos tradicionales del « bloque central », que se alternan en el poder desde el final del PREC (proceso revolucionario) de 1976.

En vísperas del comienzo de la campaña oficial, el Partido Socialista, dirigido por el ex alcalde de Lisboa Antonio Costa y considerado durante mucho tiempo como favorito, perdió la hegemonía en los sondeos. Cuando faltan pocas horas para la apertura de los colegios electorales, en una cita con las urnas que se celebrará en una sola vuelta –el sistema, organizado por circunscripciones y proporcional, se rige por la llamada ley de Hondt–, la actual coalición de Gobierno se sitúa cinco puntos por delante en todas las encuestas (siete puntos en el último sondeo publicado por el diario Publico), excepto en una.

Pese a todo, los analistas políticos hacen hincapié en varios factores que pueden alterar el resultado de las urnas: el número de indecisos aumenta a medida que se acerca la cita con las urnas, un fenómeno bastante paradójico; la proporción de abstencionistas confesos también se mantiene al alza y el voto blanco o nulo se sitúa a unos niveles muy elevados, próximo al 10% de la intención de voto. Las elecciones vendrán marcadas por el realismo, algunos incluso pueden decir que por la resignación, pero lo que es seguro es que no va a reinar el entusiasmo. Si uno u otro partido no logra una mayoría de escaños, estas elecciones pueden desembocar en un periodo de inestabilidad. Como factor agravante, el presidente de la República, Anibal Cavaco Silva, a menos de seis meses de concluir su propio mandato, ya no puede convocar nuevas elecciones.

A pesar de las demostraciones de entusiasmo popular, traslado de militantes socialistas mediante a cargo del partido, la campaña del PS, centrada en la figura de Antonio Costa no ha sido ningún éxito. Se vio empañada por un turbio asunto relacionado con los carteles electorales (miembros del partido se presentaban como parados de larga duración) y por otros errores de comunicación. Antonio Costas, que salió airoso del primer debate televisivo frente un primer ministro, Pedro Passos Coelho, curiosamente pasivo, sin lugar a dudas perdió el segundo, a decir de los analistas independientes.

Pero sobre todo, el PS se encuentra en una posición estratégica muy incómoda: el de hacer campaña « de izquierdas » (no sin caer en franca contradicción con un programa cuya redacción han dirigido economistas más bien moderados) cuando se ha desvanecido cualquier esperanza de lograr una mayoría absoluta y no es posible alcanzar ninguna alianza con las formaciones de izquierdas. Lo que sorprende, efectivamente, en contraste con Grecia, incluso con Italia o España, es la estabilidad, por no decir, glaciación, del panorama político. La única anomalía es que por primera vez desde 1980, el primer ministro saliente junto a su socio del CDS, Paulo Portas, ha puesto de manifiesto el aislamiento del PS reconduciendo su alianza de cara a las elecciones.

El primer ministro de Portugal, Pedro Passos Coelho, el 22 de septiembre cerca de Lisboa. © Reuters El primer ministro de Portugal, Pedro Passos Coelho, el 22 de septiembre cerca de Lisboa. © Reuters

El Partido Comunista portugués se mantiene, casi inmutable, con una intención de voto registrado del 8%-10% para su coalición electoral, la CDU. Se trata del último partido estalinista de Europa (junto con su homólogo griego) que cuenta con algo de representatividad, prosiguiendo su combate de 1917 contra los mencheviques y los sociales traidores, tal y como señalaba recientemente el editorialista y escritor Miguel Sousa Tavares. El Bloque de izquierdas, el Bloco, ha fracasado en su tentativa de renovar la vida política a la izquierda y se mantiene en torno al 6% de intención de voto, pese a la buena campaña de su portavoz, Catarina Martins. El nuevo partido Livre (Libre), fundado por el disidente del Bloco y el ex diputado europeo Rui Tavares, puede formar gobierno con el PS pero en el mejor de los casos no conseguirá más de un diputado en Lisboa, su cabeza de lista. El papel de las otras formaciones de la izquierda, tan dividida y egocéntrica como en Francia, queda relegado al de meros figurantes.

Ricardo Costa, hermano del candidato socialista y director independiente del diario más bien liberal Expresso, estima que « hay que volver al análisis de siempre. Y a los dos grupos que pueden determinar el resultado: el voto útil de izquierdas y los electores del centro decepcionados por la coalición ». La búsqueda de este voto útil de izquierdas, según Ricardo Costa, que se traduce en el 4% de los votantes, ha llevado al candidato del PS a « distorsionar » su campaña en la recta final: en caso de reedición de la coalición pero sin mayoría absoluta, el PS votaría contra los próximos presupuestos.

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