El presidente chino refuerza su poder para dejar claro su liderazgo

Por GILLES TAINE

Este 2015 ha supuesto un antes y un después en la revolución silenciosa que conduce el nuevo hombre fuerte de la República Popular China. La inclinación política y el hecho de ser percibido como una amenaza representan los dos criterios principales utilizados por el régimen para aplastar a sus adversarios.

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A principios de diciembre de 2015, las ONG que velan por los derechos laborales en la provincia de Guangdong [sureste de China] fueron víctimas de varios ataques coordinados por parte de las fuerzas de seguridad, interrogando a una veintena de militantes. A día de hoy, siete de ellos siguen detenidos, algunos de ellos están acusados de haber « congregado a una multitud para alterar el orden público », a otros ni siquiera se les acusa de ningún delito. Estos activistas son las últimas víctimas de la locura represiva del régimen que sufre la sociedad civil china en este año de la cabra, tras las feministas (en marzo), los abogados (en julio) y los cristianos (en agosto).