La violación de menores: el otro crimen en Siria

Por CÉCILE ANDRZEJEWSKI, LEÏLA MIÑANO Y DAHAM ALASAAD

En seis años de guerra, el pueblo sirio ha conocido la mayoría de los crímenes de guerra. Masacres, torturas, bombardeos, armas químicas… Uno de entre ellos permanece aún en el silencio: la violación de niños. En las cárceles del régimen, en los check-points o durante las redadas, hijos e hijas de opositores, jóvenes revolucionarios, se convirtieron en víctimas de abusos en mitad del caos y bajo una impunidad casi total. Investigación publicada en el marco de la operación « Zero Impunity ». 

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« ¡Me quitaron la ropa! ». En las calles de su lugar de residencia, cerca de Deraa, al sur de Siria, la niña de 11 años grita, sin ni siquiera percatarse. Como una loca, la pequeña Nora grita palabras entrecortadas, frases sin sentido, repite sin cesar: « ¡Me quitaron la ropa, me quitaron la ropa! ». Al girar la esquina, Fátima se topa con ella. Esta siria de 35 años llevaba horas buscándola, desesperada, desde que escuchó rumores de que su hija, que permanecía detenida, podía haber quedado en libertad junto con otros niños.

Deraa fue el epicentro de la revuelta popular en 2011. © Damien Roudeau Deraa fue el epicentro de la revuelta popular en 2011. © Damien Roudeau

Una vez frente a la pequeña, a la madre le cuesta distinguir unos rasgos que conoce de memoria. Se acerca. Nora, en estado de shock, no la reconoce. Sin embargo, apenas ha pasado mes y medio desde que se vieron por última vez. Cuarenta y cinco días. Una eternidad desde aquella tarde del 3 de mayo de 2011. Entonces, recién estallada la primavera árabe siria, el régimen trata de acallar las manifestaciones, cada vez más numerosas, que se suceden por todo el país. La ciudad de Deraa –epicentro de las protestas populares– y la región se ven sometidas a una ola de represión más sangrante si cabe.

A comienzos de mayo de 2011, los shabibas, las milicias progubernamentales, y los militares rodearon la localidad. Mientras los helicópteros sobrevolaban los barrios, los soldados registraban las casas en busca de « terroristas ». Entre ellos, a Karim, el marido de Fátima, acusado de prestar ayuda a los heridos de bala de las concentraciones populares. Esa noche, no está. Los soldados ordenan a la mujer que se ponga en contacto con él. Aunque Fátima repite que están « prácticamente divorciados », no atienden a razones.

Un oficial se fija entonces en los dos niños presentes en la habitación. Fátima entra en pánico. Para protegerlos, niega ser la madre de Nora y del hermanito de ésta, de 5 años. Pero la niña, aterrorizada, grita: « ¡Mamá! ». « Vamos a llevarnos como rehén a su hija hasta que su marido se entregue », anuncia el oficial. Cogen a Nora y ponen rumbo a una base militar de Deraa (cuyo nombre no desvelaremos por razones de seguridad). Es misma noche, el padre de Nora se presenta ante los servicios militares de inteligencia para entregarse. Sin embargo, la niña permanecerá encerrada 45 días. Y Karim nunca volverá.

Fátima y su hija Nora, entrevistadas en septiembre de 2016 en Jordania, donde han encontrado refugio. © Ilustración © Damien Roudeau Fátima y su hija Nora, entrevistadas en septiembre de 2016 en Jordania, donde han encontrado refugio. © Ilustración © Damien Roudeau

En esta mañana de septiembre de 2016, es Fátima quien que rememora la historia de su hija. La familia hace casi cuatro años que dejó Siria para instalarse en un inmueble de un barrio pobre de Ammán, la capital jordana. Nora se ha convertido en una adolescente frágil de 16 años. Su abaya púrpura de flores blancas no logra esconder la fragilidad de su cuerpo. Fátima habla con voz queda, pero no oculta su determinación a la hora de narrar lo sucedido. Mientras muchos padres sirios deciden ocultar la violencia que sufrieron sus hijos, para protegerlos de la vergüenza de la exclusión social que puede acarrear, esta madre de familia ha decidido dar a conocer lo que les hizo « Bachar Al Asad ».

Muy despacio, saca cajas de fármacos de un bolso desgastado por el uso. « Nora toma tranquilizantes », explica en voz baja. « No puedo hablar delante de ella de lo que le pasó, sino... ». Sino podría lesionarse, la joven ya ha intentado quitarse la vida varias veces. Pacientemente, relata lo ocurrido, una vez que su hija terminó por contárselo todo.

Cuando Nora llegó a la base militar a la que fue conducida, se percató de que no era la única niña. En su celda había más de 45 presos, en su mayoría menores y mujeres. Desde primera hora de la mañana, a las prisioneras les suministraron píldoras y, a las más jóvenes, también inyecciones. Nora se deja hacer y los 39 primeros días transcurren entre los golpes de sus carceleros. El 40º día de encierro, a los menores les ordenan que « se preparen ». Los pequeños creen que ha llegado la hora de la liberación.

A Nora la condujeron fuera de la celda. Unos soldados la desvistieron y la metieron en una habitación. Allí, la esperaba, desnudo, « un hombre de pelo canoso », el director de la base. Para Fátima, el relato es doloroso: « Me dijo: ‘Me cogió. Y me violó. Se acostó conmigo’. Gritó y trató de huir, forcejeó para que la dejase marcharse ». El relato que sigue es desconcertante: « Le dio una pequeña píldora amarilla y le puso una inyección en el brazo derecho. La golpeó tan fuerte que todo a su alrededor empezó a dar vueltas ». Al día siguiente por la mañana, la niña despertó en una sala de interrogatorios. Estaba llena de sangre... Había varios oficiales a su alrededor. ¿De dónde sale esa sangre, qué pasó? Nora desconoce lo que le han hecho los otros hombres. « Vio al hombre que la violó, se acordaba de él, pero de los otros no sabe nada », puntualiza la madre.

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Los nombres de los entrevistados han sido modificados para preservar su anonimato y su seguridad. 

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Mediapart forma parte del proyecto internacional Zero Impunity (Impunidad Cero). Este consorcio, integrado por varios medios de comunicación internacionales, documenta y denuncia la impunidad que ampara a los autores de agresiones sexuales en conflictos armados.  

El pasado 29 de enero, Zero Impunity fue galardonado con el primer premio Smart FIPA, que otorga el Festival Internacional de Programas Audiovisuales (FIPA) y que promueve la creación digital con el fin de anticipar « el futuro del audiovisual apostando por la escritura, las nuevas tecnologías y el talento futuro ».

Este consorcio publicará seis investigaciones que desentrañan los mecanismos de impunidad existentes en el seno de nuestras instituciones públicas, de nuestras organizaciones internacionales e incluso de nuestros Ejércitos. Además, Zero Impunity es un trabajo de investigación que incluye una verdadera acción ciudadana.

La primera investigación: Los abusos impunes de la operación Sangaris

La segunda investigación: Estados Unidos y la violencia sexual como método de tortura

Nicolas Blies, Stéphane Hueber-Blies y Marion Guth (a_BAHN), que se definen como « documentalistas activistas », han hecho posible el proyecto. Una entrevista con una víctima se encuentra en el origen del proyecto, se trata de un testimonio que les afectó especialmente. « Si me permito hablarles hoy, y por tanto descubrirme, es preciso que tenga la certeza de que mis palabras serán escuchadas ». La frase resono en ellos como un detonador. Las agresiones sexuales en conflictos armados están detrás de las condiciones de su propia impunidad. ZERO IMPUNITY destapa los juegos del poder, las relaciones de fuerzas y las deficiencias judiciales existentes el seno de las grandes instituciones y de los Estados. ZERO IMPUNITY aspira a replantearse la noción de activismo online movilizando a los lectores gracias a testimonios firmes y a investigaciones concluyentes.

Además, con la primera manifestación ciudadana virtual, este proyecto pone a disposición de los ciudadanos una herramienta viral dirigida a presionar a los Estados y a las instituciones internacionales con el objetivo de lograr cambios concretos y de dar voz con ella a las víctimas para que se haga más justicia.