Venezuela y Colombia en plena disputa

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Tras la tentativa de atentado contra el venezolano Nicolás Maduro y con la llegada al poder del nuevo jefe de Estado colombiano, el conservador Iván Duque, los dos países se enfrentan haciendo uso de la retórica. Una disputa que podría desestabilizar aún más la región.

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¿De qué sirve cultivar los amigos cuando hay tan buenos enemigos con los que discutir? Inmediatamente después de haber sido el objetivo de un atentado con drones, el presidente venezolano designó al culpable de esta inédita tentativa de asesinato: su homólogo colombiano. « No tengo duda de que todo apunta a la ultraderecha venezolana, en alianza con la ultraderecha colombiana, y que el nombre de Juan Manuel Santos está detrás de este atentado», aseguró Nicolás Maduro sin aportar cualquier elemento que pruebe tales acusaciones.

Que un líder chavista acuse a Colombia es un reflejo casi idéntico al de los soviéticos culpando a los estadounidenses de todos los males que sufrieron durante la Guerra Fría. Sin remontarse a los orígenes históricos de las complicadas relaciones entre los dos vecinos, ambos liberados del yugo español por Simón Bolivar a principios del siglo XIX, tomando después caminos diferentes -Bogotá optó por un acercamiento con Estados Unidos, y Caracas por lo contrario-, las tensiones entre Venezuela y Colombia han alcanzado su punto álgido estos últimos años debido a las dinámicas políticas internas de estos hermanos enfrentados.

Imágenes de la televisión venezolana muestran a Nicolás Maduro al ser interrumpido en mitad de su discurso por una explosión, el sábado 4 de agosto de 2018. Imágenes de la televisión venezolana muestran a Nicolás Maduro al ser interrumpido en mitad de su discurso por una explosión, el sábado 4 de agosto de 2018.

« De una manera bastante clásica, Nicolás Maduro acusa a la derecha venezolana, porque es el chivo expiatorio de todo lo que no funciona en el país según la retórica chavista –explica Juan Antonio Gómez, estudiante de doctorado mexicano que trabaja sobre Venezuela desde la muerte de Hugo Chávez-. Pero como Maduro no quiere dar demasiado crédito a esta derecha a la que se impuso en las últimas elecciones, no deja de aclamar que ésta no representa las aspiraciones del pueblo venezolano, asociándola a la derecha colombiana. Lo que, en su boca, es un pleonasmo, dado que Colombia solo sabría estar a la derecha, mientras Venezuela es socialista y bolivariana. »

Añadiendo a Estados Unidos en su diatriba, pues según Maduro los que han organizado el ataque viven « en Estados Unidos, en el Estado de Florida », el presidente venezolano recurre también a los viejos cordeles antiamericanos y, sobre todo, al espantapájaros anticastrista dado que Florida es el bastión, desde hace medio siglo, de los exiliados cubanos deseoso de derrocar al régimen comunista cubano. ¿Por qué conformarse con intentar matar a un sólo pájaro si, con el mismo tiro, se puede alcanzar a dos?

El hecho de que un atentado podría haber sido cometido contra el presidente (todavía hoy desconocemos si estuvo cerca del éxito o no) es un mal punto para el heredero del chavismo, porque pone de relieve sus debilidades. Las raras imágenes difundidas del atentado tampoco son halagüeñas para el régimen, en particular para el Ejército, ya que vemos a los soldados pulular en torno a Maduro como si se tratase de una bandada de pájaros al escuchar la primera detonación de uno de los drones.

Contrariamente a su mentor, Hugo Chávez, que fue oficial del Ejército venezolano y autor de dos golpes de Estado (fallidos) en 1992, Maduro viene del mundo sindical. « Sabe que es vulnerable en el flanco del ejército y la policía, algo que Chávez nunca tuvo que temer », estima Juan Antonio Gómez. En 2017, Óscar Pérez, un policía piloto de helicópteros, atacó cuarteles y edificios públicos en nombre de la lucha contra la « dictadura », difundiendo sus hazañas en las redes sociales. Se convirtió en un héroe popular antes de ser asesinado a tiros por las fuerzas del orden seis meses después. Además, varios soldados fueron encarcelados en 2017 durante las principales manifestaciones contra el régimen, sospechosos de confabular con los manifestantes.

« Para asegurarse del apoyo del Ejército, que también es víctima de condiciones económicas catastróficas, Maduro ha delegado en él el control de algunos de los sectores más lucrativos de la economía, como la minería y las concesiones petroleras o la importación de productos alimenticios -continúa Juan Antonio Gómez-. Este es el modelo cubano donde el Ejército se convierte en un importante actor económico.» Esto también permite reducir las inclinaciones democráticas del Ejército, asegurando que con un eventual derrocamiento del poder actual tendría más que perder que ganar.

Tratar de desviar la atención de los problemas de Venezuela hacia Colombia también es un medio de denigrar al vecino, así como a otros países de la región que están sufriendo las consecuencias de la crisis económica venezolana. Según varias estimaciones, el número de venezolanos que han abandonado su país para buscar una vida mejor en otro lugar oscila entre dos y cuatro millones de personas. Colombia ha acogido al mayor número, alrededor de un millón. En julio de 2018, Bogotá otorgó una visa de residencia y una autorización para beneficiarse de los servicios sociales colombianos a 440.000 emigrantes venezolanos. Al mismo tiempo, 250.000 colombianos que vivían en Venezuela regresaron a su país.

Iván Duque (a la derecha), nuevo presidente de Colombia, y su predecesor Juan Manuel Santos. © Reuters Iván Duque (a la derecha), nuevo presidente de Colombia, y su predecesor Juan Manuel Santos. © Reuters

El presidente colombiano saliente, Juan Manuel Santos, no mide sus palabras a la hora de referirse a la recesión venezolana, que se combina con la hiperinflación, lo que también podría explicar las acusaciones de Maduro. El pasado 31 de julio, durante una entrevista con la AFP, Santos estimó que los días de Maduro al frente de su país podrían estar contados: « Un país con un nivel tan alto de inflación... este régimen terminará cayendo. Maduro está en una situación de negación. Es irracional porque no deja de repetir que no hay crisis. En estas condiciones, es muy difícil aumentar la presión para que el régimen cambie tan pronto como sea posible y, esperamos, pacíficamente.»

Del lado colombiano, la crisis venezolana, además del impacto de la llegada de refugiados a Bogotá, se ha convertido en una fuente de irritación. El nuevo presidente colombiano, Iván Duque, que asumirá oficialmente el cargo este martes 7 de agosto, se sitúa muy a la derecha y una parte de su campaña electoral respondía al eslogan: «¡Votad por mi para que Colombia no se convierta en otra Venezuela!». Hemos visto mejores relaciones entre vecinos.

Duque rechazó reconocer la reelección de Maduro en mayo de 2018 y ya ha anunciado que no enviará un embajador a Caracas. A pesar de sus esfuerzos por reenfocar su imagen, Duque es considerado como el pupilo de Álvaro Uribe, presidente de 2002 a 2010, con un perfil muy a la derecha. Este último, también acusado de fraude y sobornos, no ha dudado recientemente a alentar públicamente a los soldados venezolanos a sublevarse contra su Gobierno.

Además de las profundas divergencias ideológicas entre Chávez-Maduro y Uribe-Duque, el principal obstáculo entre ambas partes es la cuestión de las FARC, los narcotraficantes que luchan contra el gobierno colombiano y sus paramilitares desde hace varias décadas. Numerosos dirigentes y combatientes de las FARC encontraron refugio durante años en la frontera venezolana. En 2010, los dos países estaban al borde de la guerra sobre este tema, antes de que una mediación ecuatoriana terminase por convencerles de renunciar a un enfrentamiento.

A día de hoy, la guerra de Bogotá contra las FARC casi ha terminado con el acuerdo de paz firmado por el presidente saliente Juan Manuel Santos, que ha obtenido el premio Nobel de la Paz por ello. Pero su sucesor, Iván Duque ha hecho saber su opinión desfavorable sobre este acuerdo cuya aplicación no está seguro de continuar. Por otra parte, el ELN (Ejército de Liberación Nacional), otro grupo rebelde de tendencia marxista, continúa liderando la guerrilla con las mismas tácticas, especialmente refugiándose en territorio venezolano, lo que conlleva numerosas violaciones de las fronteras entre ambos países: los soldados colombianos persiguiendo a los rebeldes en Venezuela y los militares venezolanos en Colombia.

Además, enfrentados a la pobreza, los venezolanos han comenzado a unirse clandestinamente a las filas del ELN, con el objetivo de conseguir una magra ración de alimentos que no tienen en sus casas. Las autoridades colombianas denuncian con frecuencia « la injerencia » venezolana en lo que muchos colombianos consideran como una guerra civil.

Incluso si Juan Manuel Santos nunca ha sido particularmente conciliador vis-à-vis de Venezuela, su sucesor Iván Duque podría mostrarse todavía más duro. La persistencia de los hogares de las guerrillas en Colombia y de la crisis venezolana -que no muestra signos de mejora (el FMI prevé una inflación de 1.000.000% para 2018)-, dificultan aún más las relaciones. Si a esto sumamos la retórica enardecida de los chavistas y las acusaciones de haber querido atentar contra la vida de Maduro, la situación se anuncia particularmente inflamable en los próximos meses.

Versión y edición española : Irene Casado Sánchez.

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