«Venezuela es un espejo de los conflictos en la región»

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Los países de Mercosur decidieron, el pasado sábado, suspender a Venezuela « por romper el orden democrático ». Sin embargo, los países de América Latina están divididos: una alternancia significaría regresar a políticas muy conservadoras. Entrevista con el politólogo Mauricio Santoro, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

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Cinco días después de la polémica elección de la Asamblea Constituyente obtenida por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, los 545 diputados que la componen ocuparon sus escaños por primera vez el pasado viernes 4 de agosto, en un clima de alta tensión. La oposición, que considera la nueva Asamblea Constituyente como un “fraude” y como un medio más de Nicolás Maduro para imponer su poder, convocó nuevas manifestaciones. Por ahora, no se conoce, por ejemplo, la extensión de los poderes de esta asamblea. Según las autoridades, está dotada de un “súper poder”, es decir, se sitúa por encima de la actual Asamblea Nacional. Su capacidad para disolver las instituciones como el Parlamento o el Ministerio Público, por el momento en manos de la oposición, no es clara. Mientras que Estados Unidos y la Unión Europea se niegan a reconocer la legitimidad de esta asamblea, los países de América Latina se dividen entre detractores virulentos, críticos prudentes y adeptos incondicionales. Más que la situación de Venezuela, es el debate político interno, estancado en la mayoría de los casos, lo que alimenta estas tomas de posición, como explica en este entrevista el politólogo Mauricio Santoro, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

¿Podría resumirnos en pocas palabras la situación de Venezuela?

El politólogo Mauricio Santoro. © DR El politólogo Mauricio Santoro. © DR
La crisis económica internacional de 2008 tuvo un impacto en el mundo entero, pero se sintió especialmente en América Latina, donde los modelos económicos dependen especialmente de la exportación de materias primas, cuyos precios se derrumbaron. En Venezuela, la paralización de las exportaciones fue de una gran violencia, dada su extrema dependencia respecto al petróleo.

La crisis económica se vio exacerbada con una grave crisis política tras la muerte, en 2013, de Hugo Chávez, el líder político venezolano más importante de los últimos cincuenta años. A sabiendas que Chávez no había preparado su sucesión. Nicolás Maduro no era, en el fondo, más que una posibilidad entre otras, no tiene ningún carisma, ni habilidad política, ni la capacidad de comunicación de su predecesor.

En este contexto de crisis económica, la oposición no ha dejado de ganar terreno. Las cifras son escalofriantes: en 2016, el producto interior bruto cayó un 18% y la inflación explotó hasta el 800%, y las previsiones para este año son también alarmantes. El gobierno ha impuesto un control de los precios sobre los productos básicos y los medicamentos, con un resultado catastrófico. Han desaparecido de la circulación y sólo es posible encontrarlos en el mercado negro a precios desorbitados, inaccesibles para la mayoría de la población. La crisis económica y política se ha convertido en una crisis humanitaria con graves problemas de nutrición y de salud. Esto ha reforzado a la oposición, incluso en los territorios chavistas tradicionales, como en los barrios marginales de Caracas.

En el terreno electoral, ¿cómo se ha manifestado este aumento del poder?

Nicolás Maduro fue elegido en 2013, tras la muerte de Hugo Chávez, pero la oposición ganó las elecciones legislativas dos años más tarde con unos resultados indiscutibles. Desde entonces, el gobierno ha tratado de hacer frente al Parlamento y de cercarle utilizando el aparato judicial y, hoy por hoy, haciendo elegir una Asamblea Constituyente encargada de reescribir la constitución promulgada por Chávez en 1999.

En realidad, el objetivo es instaurar un parlamento paralelo, por este motivo la oposición ha boicoteado este proceso, por lo que está completamente ausente en esta Asamblea Constituyente. En definitiva, tenemos dos asambleas, una dominada por la oposición y otra por los chavistas, está tiene la última palabra, dado que tiene capacidad para modificar la constitución. La extensión de sus poderes no es clara, pero imaginamos que puede disolver el Parlamento, decretar la encarcelación de un opositor e incluso retrasar la elección presidencial, prevista normalmente para 2018.

Incluso antes de su instalación, esta Asamblea Constituyente levantó enormes polémicas, obligando a numerosos Estados, especialmente a los que forman parte de la Unión Europea, a no reconocerla…

Si, hay que recordar, por ejemplo, que la empresa encargada de las operaciones de voto estima que la amplitud de la participación ha sido manipulada. El gobierno asegura que más de 8 millones de venezolanos fueron a las urnas. Una cifra más que improbable: supondría que acudieron a votar más personas que durante la última elección de Hugo Chávez, cuya popularidad siempre ha sido superior a la de Nicolás Maduro, sin olvidar que por aquel entonces la situación económica y social estaba mucho menos deteriorada que a día de hoy.

¿Cómo han reaccionado los países vecinos ante esta crisis?

América Latina está dividida. Nicolás Maduro no entusiasma a nadie en la región, pero podemos dividir la región en tres grupos. El primero, los críticos radicales que se posicionan contra el régimen chavista y rechazan explícitamente la Asamblea Constituyente. Es el caso de Argentina, Colombia, Perú, México y Panamá.

El segundo grupo, también crítico, se limita por ahora a « lamentar » la decisión de Nicolás Maduro: Brasil, Uruguay y Chile. El tercero, reúne a aquellos que apoyan al régimen venezolano de manera incondicional: Cuba, Bolivia y Ecuador.

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