«Fuego y furia» en la Casa Blanca

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En Estados Unidos, un libro está sacudiendo la presidencia. Fire and Fury, que Mediapart ha podido leer, describe a un Gobierno caótico y a un presidente estúpido, que no ha leído un solo libro y sólo consume programas de televisión. La obra se centra especialmente en un mundo de telerrealidad, vacío, cínico y lamentable, donde la fama, el éxito y el dinero son las únicas brújulas.

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Fire and Fury puede convertirse en el éxito del año. En Estados Unidos, el libro del periodista Michael Wolff, a la venta desde el 5 de enero, encabeza las listas de Amazon, va a lanzarse una nueva edición, ya no se encuentra en muchas librerías ni tampoco en internet.

Ya se trata de todo un fenómeno político; varias frases asesinas de Steve Bannon, el exasesor especial de Donald Trump, bastaron para que el presidente de Estados Unidos repudiase la ideología de extrema derecha que tuvo un papel crucial en la campaña. Después Donald Trump quiso (en vano) prohibir la publicación del libro y se quejó de la « excesiva laxitud » de las leyes norteamericanas contra la difamación: el colmo para este mentiroso en serie, presidente de un país donde la libertad de expresión queda recogida en la primera enmienda de la Constitución.

Donald Trump, al que se presenta en el libro como casi analfabeto, incompetente, limitado o idiota, salió al paso durante el fin de semana con una serie de tuits donde se vanagloria de ser un « tipo realmente inteligente », un « genio muy estable ». Esta reacción demuestra por sí misma que el autor ha dado en el clavo. El debate sobre la salud mental del presidente, abordado reiteradamente desde el comienzo del mandato, se ha reabierto con virulencia.

En una librería en New York, el 5 de enero de 2017. © Reuters En una librería en New York, el 5 de enero de 2017. © Reuters

Más allá de las frases y de los hechos, el libro Fire and Fury [Fuego y furia, que Mediapart ha podido leer, no es solo el relato de una Presidencia catastrófica donde bufones de primer orden se pasan el tiempo odiándose y fingiendo dirigir la primera potencia mundial. Lo más fascinante de la obra es su carácter de casi objeto cultural. Este libro es un concentrado espeluznante de los aspectos más descerebrados que Estados Unidos puede esconder. En el mundo de Donald Trump, sólo importan la fama, la riqueza y la ilusión. Michael Wolff describe en su libro, con detalle, a los personajes y sus dramas.

El autor, fascinado por los poderosos, se movió en ese mundo. Hace unos años, Wolff llegó incluso a aparecer en el programa piloto de una emisión de telerrealidad producida por Trump. La emisión se llamaba Trump Town Girls y a ella acudían misses a vender sus casas; el programa nunca se emitió. Pero por regalarle los oídos a Trump con crónicas empalagosas, el autor fue bien recibido en el ala Oeste de la Casa Blanca, el ala en la que reside el poder. Colaborador en Vanity Fair y en Hollywood Reporter, Wolff tiene fama de no prestar atención a los detalles. En Fire and Fury aparecen nombres y detalles erróneos. Wolff reconoce que los relatos recabados son contradictorios o « abiertamente falsos », pero que su labor se limita a ofrecer las diferentes versiones de los hechos « para dejar que el lector juzgue ». Su acceso privilegiado a la Casa Blanca le permitió entrevistarse, asegura, con 200 personas durante meses. Entre el caos general reinante nunca le han retirado el permiso de entrada, acceso autorizado por el propio Trump.

Para escribir su historia, el taimado Wolff engañó al desconcertante jefe.

Esta historia es la de un hombre de negocios que estaba tan convencido de que iba a perder las elecciones que rechazó invertir en su propia campaña. Trump y todos los que le rodean nunca pensaron que ganarían. La campaña iba a ser sobre todo una publicidad enorme para la marca Trump. Escribe Wolff: « Trump sería el hombre más célebre del mundo. Su hija Ivanka y su yerno Jared pasarían de ser unos niños ricos desconocidos a ser famosos y embajadores de la marca. Steve Bannon se convertiría de facto en el jefe del Tea Party. [La asesora] Kellyanne Conwayne se convertiría en estrella de la tele ». El general Mike Flynn, atrapado desde entonces por el caso ruso, no pensaba que sus relaciones pagadas con Rusia fueran a suponer un problema, ya que Trump le decía a sus amigos que iba a morder el polvo.

El hombre de negocios neoyorquino también es un antiguo héroe de la telerrealidad. Durante años, presentó, en la cadena NBC, el show The Apprentice, rodado en la Trump Tower de Nueva York y que siempre termina con la misma escena: un hombre coronado como majestad, convertido en modelo de hombre de negocios, tras un « You’re fired » (estás despedido), que termina por encumbrar a los candidatos al éxito.

En Fire and Fury, Trump aparece fascinado por la fama. « De manera astuta, Trump se ha convertido en la estrella de su propio realtiy show », escribe Wolff. « Hace suya una teoría que le serviría durante la campaña presidencial: no hay nada mayor que la fama. Ser célebre es ser amado o al menos halagado ». Trump habla de sí mismo en tercera persona. Se vanagloria de « ser la persona más conocida del mundo »; se enrabieta cuando diferentes personalidades rechazan acudir a su investidura. Quiere estrellas que difundan su palabra (en vano porque personalidades conservadores próximas a él, como la locutora radiofónica Laura Ingraham o el presentado de Fox New Tucker Carlson, rechazan hacerlo).

En 2007, Donald Trump organizó un combate televisivo con otro "multimillonario". Diez años más tarde, utilizó el mismo vídeo reemplazando la cara de su oponente por un logotipo de CNN.

Wolff lo compara con los luchadores del estilo de Hulk Hogan, esos medio-héroes tan americanos. como ellos es un « personaje de ficción en la vida real ». Trump interpreta, sube y baja del escenario, como un actor. « Este hombre no deja nunca de ser Trump », dice su antigua eminencia gris Steve Bannon. Su personaje, escribe Wolff, mezcla « la rabia » de los platós de televisión, el telepredicador, el coach, el bloguero de Youtube. Un show sin principio ni fin, un torbellino infernal. No existe el verdadero Donald Trump. O más bien es justo el hombre que se encuentra en medio del escenario.

« ¿Es Trump una buena persona, una persona inteligente y capaz? » Pregunta su excolaborador Sam Nunberg, apartado de la campaña por publicar mensajes racistas en Facebook. « No lo sé, pero sé que es una estrella ».

Las mujeres de las que se vanagloriaba, en 2015, de « agarrar por el coño », no pueden ser otra cosa que trofeos. « Su única virtud política, es ser un macho alfa », se regocija Bannon, ideólogo racista, sexista y homófobo. « Quizás el último macho alfa. Un hombre de los 50, un personaje de Mad Men ». A Trump, escribe Wolff, « le gusta decir que una de las cosas que hace la vida digna de ser vivida es llevarse a la cama a las mujeres de sus amigos ». El periodista pinta a un Trump retorcido, que engaña a sus amigos proponiéndoles ir de prostitutas mientras sus esposas escuchan al otro lado del teléfono.

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