España: Rajoy favorito, el PSOE bajo presión

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La formación de un gobierno en minoría, liderado por la derecha, parece la opción más probable. Ciudadanos ha puesto sobre la mesas sus condiciones para apoyar la investidura del conservador Mariano Rajoy. Sin embargo, aún quedan muchos obstáculos por el camino para poner fin a la parálisis política.

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España aún está lejos de superar el récord de Bélgica que, en 2010, conoció 541 días sin gobierno. Pero la cuarta economía de la zona euro es, a día de hoy, incapaz, después de casi ocho meses, de formar un Ejecutivo. El conservador Mariano Rajoy, a la cabeza del último Gobierno, ganador, sin duda, de las elecciones legislativas del 26 de junio, debe reunirse este miércoles con Albert Rivera, líder de Ciudadanos, el nuevo partido de centro-derecha, en cuarta posición en las elecciones generales, para establecer las bases de un posible acuerdo entre las dos formaciones.

Durante esta reunión –la tercera desde finales de junio-, los dos líderes debatirán las grandes líneas de los presupuestos de España para 2017 (la Comisión de Bruselas espera un primer borrador de aquí a finales del verano), y el contenido de un pacto contra los independentistas que, a sus ojos, maltratan el modelo constitucional español. Sin embargo, el problema es que el Partido Popular (PP) y Ciudadanos no reúnen los escaños suficientes para conseguir una mayoría absoluta, de derechas, en el Congreso de los Diputados (137 + 32, es decir, 169 escaños, por debajo del umbral de 176 diputados necesarios, de un total de 350 escaños).

Esta reunión revela el objetivo estratégico extraoficial del PP de Rajoy. Hasta ahora, Ciudadanos ha hecho saber que se abstendría en la votación de investidura de Rajoy (cuya fecha aún se desconoce). Pero el PP espera convertir esta abstención en un voto positivo, con el objetivo de reforzar, de rebote, la presión política sobre los socialistas del PSOE. El martes 9 de agosto, Albert Rivera sorprendió a los observadores al anunciar que propondría al PP una serie de seis condiciones con las que aceptaría votar a favor de la investidura de Rajoy (entre ellas: la obligación de todo responsable político de dimitir en caso de acusación judicial, la puesta en marcha de una comisión de investigación sobre la financiación ilegal del PP, introducir una ley electoral proporcional, etc). Esta anuncio avecina un probable “trato” entre PP y Ciudadanos, situando al PSOE en una posición muy delicada, el partido socialista podría ser considerado como el responsable del bloqueo político.

Mariano Rajoy y Albert Rivera el 3 de agosto de 2016 en Madrid. © Susana Vera - Reuters Mariano Rajoy y Albert Rivera el 3 de agosto de 2016 en Madrid. © Susana Vera - Reuters

Como Mediapart ha explicado en diferentes ocasiones, el socialista Pedro Sánchez, en segunda posición a finales de junio (85 diputados), ha repetido una y otra vez que los diputados del PSOE votarán « no » a cualquier investidura de Rajoy. El líder del partido socialista quiere situarse a la cabeza de la oposición frente a Rajoy, y considera que votar contra un gobierno de derechas es la única forma de proteger su credibilidad. En el seno del PSOE, una simple abstención a la investidura de Rajoy es considerada como un regalo para Unidos Podemos (71 diputados), que reivindicaría su estatus como el principal partido de la oposición durante el próximo mandato.

El cálculo del PP es el siguiente ; obtener el « sí » de Ciudadanos, para que, en esta estela, el PSOE considere no votar contra, y simplemente se abstenga. Lo que abriría las puertas a un ejecutivo de derechas en minoría para este otoño, con una base de entre 137 y 169 diputados. Una realidad que vería la luz « a finales de agosto », ha osado anunciar el portavoz del PP. Por su parte, los cercanos a Sánchez se muestran inflexibles, incluso si saben que Sánchez también se juega su futuro a la cabeza del partido (el congreso del PSOE debería celebrarse este otoño). El martes por la noche, el PSOE avisó que un « sí » de Ciudadanos no cambiará nada en su posición.

En este contexto, la presión sobre el PSOE podría aumentar en las próximas semanas. Grandes figuras del partido, a la estela del ex primer ministro Felipe González, apuestan ya por una abstención « bajo ciertas condiciones » (o una abstención « técnica »). El diario El País (partidario, al inicio, de una gran colación PP-PSOE-Ciudadanos) machaca a Pedro Sánchez en múltiples editoriales, reprochando al ex economista que su única preocupación es conservar su puesto a la cabeza del partido, en lugar de ayudar al país a salir de la crisis política. El ex jefe de gobierno José Rodríguez Zapatero, más bien discreto en la prensa nacional, ha sido invitado al debate: él apostó, a principios de agosto, por relanzar un « debate interno » con la eventual abstención del PSOE… ¿Sánchez tomará nota?

El líder del PSOE puede, sin embargo, encontrar una razón para estar satisfecho: según la última encuesta de opinión del CIS (poco fiable si se tiene en cuenta su predicción sobre el resultado del 26 de junio): de los cuatro principales partidos, el PSOE sería el único que ganaría puntos en caso de una tercera convocatoria a las urnas. En el entorno de Sánchez, consideran que esta encuesta confirma que el PSOE es « la única alternativa creíble frente a Rajoy ».

De manera general, el estudio revela una dinámica puesta en marcha desde las legislativas del 20 de diciembre: una ligera pero continua « re-bipolarización » de la vida política española, en torno al bloque PP-PSOE, que se tambalearía desde 2011, bajo el efecto de la crisis. Como si una parte de los españoles quisieran sancionar a « los nuevos partidos » considerándolos responsables del impase político actual. Después del golpe recibido el 26 de junio, Pablo Iglesias y sus aliados parecen haber desaparecido del mapa, inmersos en debates internos sobre el futuro de la coalición. Simplemente se conforman con instar a Sánchez de tomar la iniciativa para formar una mayoría alternativa, de izquierdas, si Rajoy fracasa en su investidura. « No estamos en una situación de parálisis, sino de espera », se defendió Carolina Bescansa, secretaria de análisis político de Podemos.

La intransigencia de Pedro Sánchez frente a Rajoy no es la única causa del bloque en curso. La celebración de elecciones regionales, a finales de septiembre, en Galicia y en el País Vasco, podría complicar las discusiones entre los adversarios políticos en Madrid, a la hora de encontrar los indispensables compromisos necesarios para formar un gobierno. A pesar de todo, la constitución de un gobierno en minoría con Rajoy a la cabeza sigue siendo la opción más probable. La primera sesión en el Congreso de los Diputados, celebrada el 20 de julio, lo demostró: el partido conservador consiguió situar a uno de los suyos, Ana Pastor, en la presidencia de la cámara baja, con un margen más amplio de lo previsto. En la segunda vuelta de este escrutinio de votos secretos encontramos: 169 votos positivos (PP y Ciudadanos) y 25 votos en blanco. Todo apunta al seno de los independentistas catalanes (Convergència, ERC) o vascos (PNV), que, sin embargo, podrían haber votado contra la elección de Pastor, bloqueando así su investidura. Lo que deja pensar que la formación de un gobierno en minoría del PP, incluso sin el apoyo del PSOE, podría ver la luz en las próximas semanas.

Si Rajoy ganara su apuesta, seguiría los pasos, con algunos meses de diferencia, de otro superviviente: el conservador irlandés Enda Kenny, que ha obtenido, la pasada primavera, la luz verde para presidir un segundo mandato, tras 70 días de parálisis política y cuatro intentos de investidura… Kenny, aliado político de Rajoy en Bruselas, se encuentra hoy a la cabeza de un gobierno minoritario que, hasta ahora, se sostiene. « Es una manera, cada vez más frecuente, de formar gobiernos en Europa: una fragmentación más fuerte, y una volatilidad electoral más marcada, diseñan parlamentos sin una mayoría neta, con investiduras tortuosas y legislaturas complicadas », observa Pablo Simón, politólogo de la universidad Carlos III de Madrid.

En múltiples Estados de Europa, la llegada de nuevos partidos, especialmente tras el estallido de la crisis de la deuda soberana, ha hecho tambalear a los partidos en el poder: Podemos y Ciudadanos en España, pero también el Movimiento 5 estrellas (M5S) en Italia, o la Alternativa para Alemania (AfD) o incluso los Demócratas suecos… Defienden discursos diferentes frente al sistema instaurado, y todos han conseguido que la formación de los ejecutivos –nacionales o locales- sea imprevisible en sus respectivos países.

En un artículo publicado en marzo de 2016, Fabien Escalona, profesor en Sciences-Po en Grenoble, observa « las presiones para la desintegración de los sistemas de partidos europeos »: « Las fuerzas estructurales reaccionan a largo plazo, debilitadas desde el estallido de la crisis económica de 2008 y la crisis geopolítica de Oriente Medio », estima. En el caso español, la ironía es que estos nuevos partidos, pensados para simbolizar la « regeneración » del paisaje político, son los mismos que, con Podemos a la cabeza, corren el riesgo de ser los grandes perdedores en las negociaciones en marcha.

Versión española y edición : Irene Casado Sánchez.

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