La izquierda portuguesa, a punto de Gobierno

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La caída del Gobierno de Passos Coelho, coalición de centro-derecha, es el preludio de una nueva era en Portugal y un aliciente más para el cambio en Europa. La reincorporación del Partido Comunista al « arco de la gobernabilidad », por primera vez desde 1975,  anuncia un cambio de paradigma en la vida política portuguesa. Análisis.

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Cuarenta años después del contragolpe de Estado del 25 de noviembre de 1975, la caída del Gobierno de Passos Coelho pone punto y final a la alternancia ininterrumpida del « bloque central » de los partidos de derecha y del PS en la vida política portuguesa. Este cambio de paradigma político, del que se desconoce si será duradero, es fruto de la combinación de un momento social, de una coyuntura institucional y de una ambición personal. Por contra, en el aspecto programático, el eventual gobierno en minoría socialista, que cuenta con el apoyo parlamentario del Bloco de izquierdas y del Partido Comunista, anuncia una versión light de la « austeridad » respetando los compromisos europeos del país. 

El Gobierno de coalición saliente PSD-CDS ha caído, apenas 12 días después de tomar posesión, tras aprobarse la primera de las mociones de censura presentadas por la mayoría de izquierdas, en concreto la moción del PS. Tal y como señaló Pedro Passos Coelho, la « mayoría negativa » ha hablado. Para conocer en detalle el programa de la « mayoría positiva » que permita que Antonio Costa, secretario general del PS, se siente en el sillón del primer ministro, habrá que esperar. Este martes 10 de noviembre se firmaron in extremis los diferentes acuerdos que garantizan al PS el apoyo parlamentario de las formaciones de extrema izquierda, pero todavía no se han dado a conocer.

El primer ministro portugués, Pedro Passos Coelho, en campaña el 22 de septiembre, cerca de Lisboa.  © Reuters El primer ministro portugués, Pedro Passos Coelho, en campaña el 22 de septiembre, cerca de Lisboa. © Reuters

En el régimen semipresidencialista (y no parlamentario) en vigor en Portugal, la caída del Gobierno vuelve a dejar la iniciativa en manos del presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, que va a volver a abrir un periodo de consultas con las formaciones políticas con representación en la Asamblea de la República. Salvo sorpresas, acto seguido encargará al secretario general del PS, Antonio Costa, la formación del nuevo gobierno, al que reclamará garantías, especialmente en lo que respecta a los compromisos internacionales de Portugal, sobre todo en lo concerniente al Tratado presupuestario europeo y al Pacto de Estabilidad y de Crecimiento de la Unión Económica y Monetaria.

En este contexto, es importante tener presente que la operación politico-militar del 25 de noviembre de 1975 –relacionada con la importante movilización popular de Fonte Luminosa en julio y que se ratificó en las primeras elecciones legislativas democráticas celebradas el 25 de abril de 1976– puso fin a la tentativa de acceso al poder de los comunistas portugueses y del ala izquierda del MFA (Movimiento de las Fuerzas Armadas), lo que anunciaba el final del proceso revolucionario iniciado el 25 de abril de 1974, la futura integración de Portugal en la construcción europea y la relegación, durante cuatro décadas, del PCP del círculo de gobernación y en un papel limitado al de las protestas. 

Este domingo 8 de noviembre, después de más de un mes de conciliábulos rodeados de gran hermetismo, al dar luz verde al apoyo de los parlamentarios comunistas a un Gobierno del Partido Socialista –considerado próximo a la derecha durante toda la campaña electoral–, el comité central del PCP rompía con la práctica política llevada a cabo desde 1976. El movimiento no era menos espectacular que la ruptura orquestada por Antonio Costa. Sin el apoyo parlamentario de los comunistas, el PS, muy castigado en las urnas el 4 de octubre, no preveía la posibilidad de recuperar el gobierno, ni tan siquiera con el apoyo –más factible– del Bloco, una formación (que surgió en 1999) que aúna a diferentes fuerzas de extrema izquierdas. En el debate de investidura, antes de someter a votación la moción de censura, Antonio Costa llegó a decir que « se había acabado con el tabú, que había caído un muro ». 

El momento social que ha permitido este cambio en el panorama político habitual viene motivado por el cansancio de una buena parte de los electores portugueses después de los importantes ajustes impuestos por la troika (UE-FMI-BCE), a raíz de la debacle financiera sobrevenida en 2011, con el gobierno minoritario del PS, el de José Sócrates, quien ha reaparecido recientemente tras 11 meses en prisión y en arresto domiciliario, acusado de corrupción, fraude fiscal y blanqueo de capitales (leer aquí).

El 4 de octubre, el 43% de los electores registrados, una cifra récord, se quedó en casa. El PS de Antonio Costa, que antes del verano soñaba con la mayoría absoluta, se desplomó. Sólo obtuvo un 32% de los sufragios y 21 diputados menos que la coalición de gobierno saliente formada por PSD-CDS. Dicha coalición alcanzó el 38% de los sufragios, pero perdió 700.000 votos con respecto a los comicios de abril de 2011, en un momento muy particular, tras el desembarco en Lisboa de la troika. Muy lejos quedaban los 116 escaños precisos para controlar la Asamblea de la República. La sorpresa llegó con el éxito del Bloco, de la mano de Catarina Martins y el resto de meninas del partido de extrema izquierda, que han duplicado el número de diputados electos, llegando a superar en un parlamentario a la CDU (coalición de izquierdas en la que se integran los comunistas y los ecologistas). Las tres formaciones de izquierda suman una mayoría de 122 escaños.

El marco institucional impide, en los seis primeros meses de la legislatura, que el presidente de la República disuelva la Asamblea y vuelva a convocar elecciones. Además, faltan menos de seis meses para que concluya su segundo mandato, en marzo de 2016, por lo que la Constitución priva a Aníbal Cavaco Silva de esta prerrogativa esencial del sistema semi-presidencialista portugués. En el pasado, el país ya ha contado con gobiernos en minoría, de centroderecha o de centroizquierda, dado que la aplicación de la ley d'Hondt no facilita la obtención de una mayoría absoluta. La tradición democrática portuguesa impide que el perdedor de las elecciones dificulte gobernar al vencedor. Cavaco Silva respetó esta práctica e invitó a Pedro Passos Coelho a sucederse a sí mismo al frente del Gobierno (leer aquí).

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