Rusia-Ucrania: En la cabeza de Vladimir Putin

Por

¿ Cómo se explica la desproporción de la reacción rusa con respecto a Ucrania ? No se puede achacar solo a la personalidad de Putin porque Rusia siempre ha considerado que Kiev se encontraba bajo su tutela. 

Artículo en acceso libre. Descubre y lee todo en Mediapart Abonarse

La URSS ya no existe, pero la idea de imperio, o al menos de potencia, permanece. Hete aquí la primera conclusión que se puede concluir de la conferencia de prensa que dio Vladimir Putin el pasado día 4 de marzo. Para comprender la violencia de la crisis entre Rusia y Ucrania –« la crisis más grave desde la caída del muro », en palabras de Barack Obama–, hay que intentar analizar lo que han obviado europeos y americanos : hasta qué punto para la identidad rusa es clave la relación con Ucrania.

Desde luego, se podrá recordar esta frase de Vladimir Putin : « La disolución de la URSS fue la mayor catástrofe del siglo XX. » Recordar también su formación como oficial del KGB, su obsesión por obtener el control de « un extranjero cercano », incluso el deseo constante de revancha. Sin embargo, todo esto no basta para explicar la brutalidad de la respuesta rusa (la ocupación de facto de Crimea, la amenaza de partición del este de Ucrania) y los riesgos políticos en los que incurrió Valdimir Putin al decidir de manera fulminante violar la soberanía de un Estado y los tratados internacionales.

Vladimir Poutine, mardi 4 mars: "L'envoi de troupes, ce n'est pas nécessaire pour le moment. Mais cette possibilité existe." © (dr) Vladimir Poutine, mardi 4 mars: "L'envoi de troupes, ce n'est pas nécessaire pour le moment. Mais cette possibilité existe." © (dr)

¿ Qué tiene Putin en la cabeza ? Lo mismo que la práctica totalidad de la clase política rusa y, sin lugar a dudas, lo que una parte importante de la opinión pública rusa. La revolución ucraniana y la perspectiva del fin de la tutela de Moscú atañen a aspectos fundamentales, algunos mitos fundacionales que son actualmente los cimientos rusos. Estos cimientos son, desde 1991, y especialmente desde la llegada al poder de Putin en 1999, unos nacionalismos exacerbados, sistemáticamente subestimados por los occidentales : la « madre patria » (Rodina Mat) ha reemplazado al desaparecido imperio soviético.

Con ello, Putin ha forjado su proyecto político y su nuevo relato nacional. Este nacionalismo le permite tender un puente entre la gloriosa epopeya – nunca cuestionada, ya que supone un importante tabú – de la gran guerra patriótica (nombre que recibe la Segunda Guerra Mundial para exaltar al ejército rojo y los 20 millones de soviéticos muertos) y la voluntad de recuperarse de la humillación de los años 90, de renacer de los escombros postsoviéticos.

Este nexo de unión es tan fuerte que permite dejar de lado asuntos siempre dolorosos como el estalinismo, la opresión soviética, la omnipresencia (todavía hoy) de los servicios de seguridad rusos en la vida diaria. Uno de los primeros gestos de Putin – desde 1998, responsable del FSB (sucesor del KGB) – fue el de poner una placa en memoria de Yuri Andrópov, carnicero de Budapest y de la insurrección húngara en 1956 y después jefe del KGB hasta los primeros años de 1980.

Iouri Loujkov à Sébastopol, lors d'une parade maritime. Iouri Loujkov à Sébastopol, lors d'une parade maritime.
Además, esta « madre patria », esa exacerbación patriótica, ha permitido a Vladimir Putin alcanzar un importante consenso político. Todos los partidos políticos legales y que cuentan a día de hoy con representación en el Parlamento (Partido Comunista, LDPR del extremista Jirinovski, Rusia Unida, Rodina), algunas personalidades todavía influyentes (Yuri Luzhkov, alcalde de Moscú destituido en 2010), como los responsables de región, rivalizan en demagogia nacionalista.

A falta de divisiones reales del tipo derecha-izquierda, liberal-estatalista, capitalismo-socialismo, la diferenciación de las fuerzas políticas se hacen esencialmente en Rusia, en un informe más o menos crítico con el pasado – la gran Rusia zarista, la guerra, Stalin y la URSS – y con una intensidad nacionalista más o menos importante, sin pasar por alto el peso que tiene la iglesia ortodoxa, garante de una identidad eslava aún más amplia.

Es aquí donde entra en juego Ucrania, que se encuentra en el centro de esta historia. Podemos remontarnos a la Rusia de Kiev, a la conversión en Ucrania de Vladimir Putin a la iglesia ortodoxa, a este « primera Rusia » cuyo centro de gravedad fue durante varios siglos Ucrania. Podemos recordar a la Ucrania zarista. Podemos evocar a importantes escritores como Nicolás Gogol, Mihail Boulgakov, Anna Akhmatova o Vassili Grossman, considerados rusos, pero nacidos y formados en Ucrania. Sin embargo, la historia política del siglo XX y sus horrores, por sí misma, basta para amarrar a Ucrania al destino nacional ruso.

De este modo se entiende mejor esta sorprendente declaración de un Vladimir Putin exasperado, durante una cumbre de la Unión Europea y Rusia, celebrada en junio de 2008, así es tal y como la recogió el diario ruso Kommersant « ¿ Pero, qué es Ucrania ? ¡ Ni siquiera es un Estado ! Una parte de su territorio es Europa central, la otra parte, la más importante, se la hemos dado nosotros ! »

Continùa leyendo en Mediapart Acceso ilimitado al periódico participación libre en el club Abonarse