Joseph Stiglitz: «Europa está al borde del abismo»

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En una entrevista concedida a Mediapart, el célebre Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz evoca su preocupación por las políticas de austeridad vigentes en la eurozona. Alerta también de los riesgos de las políticas de Donald Trump y de la explosión de las desigualdades, diez años después de la crisis financiera de 2008. Más que nunca, el economista apuesta por « aumentar los salarios », regular el mercado financiero y luchar contra los « monopolios ».

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De nuestro corresponsal en New York (Estados Unidos).- Diez años después de la crisis de 2008, ¿cuál es la situación de la regulación financiera? Miembros de la ICRICT, una comisión independiente creada hace tres años que propone fundamentalmente reformar la tributación de las multinacionales, destacados economistas y defensores de la regulación financiera se daban cita el pasado 4 de septiembre en Nueva York. Entre ellos, el experto en paraísos fiscales Gabriel Zucman, profesor de la Universidad de Berkeley en California, la ecologista Eva Joly o el economista indio Jayati Ghosh, expresaban su temor por que la burbuja de la deuda de los países emergentes « estalle pronto, quizás este año ».

El también integrante del ICRICT, el célebre Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, profesor de la Universidad de Columbia y ex economista jefe del Banco Mundial, respondía en estos términos a Mediapart.

Joseph Stiglitz, en junio de 2017, en México. © Reuters Joseph Stiglitz, en junio de 2017, en México. © Reuters

Los papeles de Panamá, los Paradise PapersSwiss LeaksLuxLeaksMalta Files, etc. Desde la crisis de 2008, amplias investigaciones internacionales han puesto de manifiesto el alcance de la evasión fiscal en todo el mundo. Pero, ¿ha cambiado realmente la situación?

Joseph Stiglitz. La crisis financiera de 2008 no fue provocada por los paraísos fiscales, pero es remarcable constatar que el foco se ha puesto sobre ellos. ¡Y eso es bueno! Gracias al trabajo de investigación de periodistas de todo el mundo, somos conscientes de la magnitud de la evasión fiscal, pero también de la optimización fiscal, que priva a los Estados de recursos fundamentales. Las restricciones presupuestarias posteriores a la crisis han contribuido a esta toma conciencia y han hecho posible que la opinión pública sea muy sensible a estas cuestiones.

Más recientemente, considero que la elección de Donald Trump también ha contribuido a esa toma de conciencia. El presidente de Estados Unidos es un experto indiscutible del blanqueo de capitales. Con él, la opinión pública ha descubierto ese oscuro mercado en el que todo tipo de gente despreciable blanquea dinero sucio comprando y vendiendo apartamentos de lujo. ¡Ése es exactamente el modelo de Trump! (Mira por la ventana, en el piso 34 de una torre de Manhattan con vistas a los rascacielos de la Tercera Avenida).

Todo esto ha terminado por reforzar la sensación de que en una ciudad como ésta hay algo que no va bien. La gente común ya no puede comprar una casa. Los más pobres viven fuera y tienen que efectuar todos los días trayectos muy largos. Pero en el centro de las ciudades, hay miles y miles de metros cuadrados vacíos, propiedad de especuladores ricos, que a menudo los utilizan para el blanqueo. Este tipo de cosas refuerza la cólera de los ciudadanos.

¿Ha habido algún avance en los últimos diez años para reducir los paraísos fiscales y regular los mercados financieros?

En cuanto a la transparencia del sistema financiero internacional y la evasión fiscal, se han registrado algunos avances, pero las medidas están lejos de ser suficientes. El vaso está vacío en sus tres cuartas partes. En cuanto al sistema financiero, ¿es más estable que hace diez años? Yo diría que sí. Se han aumentado los umbrales mínimos de capital exigidos [a los bancos], ahora hay más supervisión. Pero está claro que no es suficiente. En los últimos tres o cuatro años, se han producido incluso importantes recaídas con el cuestionamiento de reglamentos financieros adoptados después de la crisis. La presión de los principales bancos estadounidenses ha tenido éxito. Al igual que Citigroup, no ocultan la presión que ejercen mediante enmiendas legislativas redactadas por sus lobbyistas.

La diferencia con el mundo de 2008, ¿no estriba en que la urgencia es aún mayor? Tenemos por delante el desafío climático, la aparición de gigantescos monopolios como Apple y Amazon (cuyas capitalizaciones bursátiles superan ahora el billón de dólares), la explosión de las desigualdades. El senador socialista estadounidense Bernie Sanders cita a menudo este hecho sorprendente: en Estados Unidos, la riqueza de tres multimillonarios, Warren Buffett, Bill Gates y Jeff Bezos, es superior a lo que acumula la mitad de los hogares estadounidenses más modestos... 

Efectivamente, la urgencia de la cuestión de las desigualdades es la gran diferencia. En marzo de 2011, cuando publiqué un artículo en el que mencionaba que el 1% de los estadounidenses acumulaba del 25% de los ingresos, todavía no había una toma de conciencia global. Ahora sabemos que en las últimas tres o cuatro décadas, casi todos los beneficios del crecimiento han ido a parar a los más ricos. El capitalismo está en jaque. A pesar del fantástico progreso en investigación médica, la esperanza de vida en Estados Unidos está cayendo, algo increíble. Cada vez más gente piensa que el sueño americano es un mito. Las elecciones de 2016 demuestran que la explosión de las desigualdades tiene ahora importantes consecuencias políticas y sociales.

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